Casa Sicilia 1707, cuando la historia de una finca se convierte en un proyecto de futuro
En Novelda (Alicante), frente al cerro de La Mola, una finca con antecedentes vitícolas documentados desde 1574 mantiene su vínculo con la tierra mientras explora nuevas vías para afrontar los retos de la viticultura mediterránea. Casa Sicilia 1707 reúne patrimonio agrícola, una gama de vinos que combina variedades autóctonas e internacionales, investigación y enoturismo en un proyecto que busca conciliar la memoria del lugar con las necesidades de una bodega contemporánea.
Una historia que empieza mucho antes de la botella
Antes de que un vino llegue a la copa, hay un lugar, una historia y una sucesión de decisiones que explican su identidad. En Casa Sicilia 1707, esa historia no empieza con la bodega actual, sino varios siglos atrás, en una finca agrícola situada a las afueras de Novelda, en el valle del Vinalopó, frente al cerro de La Mola.
La propiedad se extiende por los parajes de Alcaydías, Ledua, La Mola y Sicilia. Es un paisaje mediterráneo en el que la vid y el olivo han formado parte de la actividad agrícola durante generaciones. Aquí, el vino no es un elemento aislado, sino una expresión más de una relación histórica entre el territorio y quienes lo han trabajado.
Las primeras referencias documentadas al cultivo de la vid en la finca se remontan a 1574, según la investigación histórica recogida por la bodega y atribuida al historiador José Luis Pellín Payá. Más de un siglo después, en 1707, la propiedad aparece descrita en un contrato de arrendamiento como una explotación que reunía tierras de regadío y secano, árboles frutales, viñas, olivos y moreras.
Ese documento ayuda a entender qué significaba entonces una heretat: una unidad agrícola en la que convivían la vivienda, los cultivos y los recursos necesarios para sostener la explotación. La Heretat de Cesilia, creada aquel mismo año por el marqués de la Romana, constituye el antecedente histórico del actual proyecto.
La diferencia entre aquella explotación y una bodega contemporánea es evidente. Sin embargo, existe un hilo conductor: la necesidad de conocer el terreno, organizar los cultivos y adaptar la actividad agrícola a las condiciones del entorno. Tres siglos después, las herramientas y los mercados han cambiado, pero la relación entre la viña y su medio continúa siendo determinante.
La finca pasó por distintas etapas hasta que la familia Arias la adquirió en 1984. A partir de entonces comenzó a desarrollar el proyecto enológico que ha dado lugar a Casa Sicilia 1707 y a sus vinos Cesilia. La propiedad conserva así una doble dimensión: la de un espacio con memoria agrícola y la de una empresa que debe tomar decisiones sobre producción, posicionamiento y futuro.
La historia de la finca es parte de su identidad, pero mantener vivo ese legado también exige adaptarse a los nuevos tiempos y seguir tomando decisiones para que el proyecto vitivinícola continúe creciendo.
El territorio como primera decisión enológica
En una bodega, la identidad del vino comienza mucho antes de la elaboración. La elección de las parcelas, la variedad, el momento de vendimia y la respuesta de la planta a cada campaña condicionan el resultado final. En Casa Sicilia, esas decisiones parten de un entorno mediterráneo marcado por la insolación, la escasez de precipitaciones y la necesidad de gestionar con atención los recursos hídricos.
La finca se encuentra a unos 250 metros sobre el nivel del mar y aproximadamente a treinta kilómetros de la costa. Estas condiciones configuran un marco climático que influye en el desarrollo de la vid y en los ritmos de maduración. En un territorio como el Vinalopó, el conocimiento de la respuesta de las plantas al calor y a la disponibilidad de agua resulta especialmente relevante.
A esa dimensión climática se suma la diversidad de los suelos. La documentación de la bodega describe terrenos franco-limosos, con presencia de caliza y óxidos de hierro, además de zonas con arcillas y yesos en el sector septentrional y áreas con gravas aluviales y limos en el meridional.
Estas diferencias introducen matices en la gestión de la finca. No todas las parcelas ofrecen las mismas condiciones ni responden de igual manera a las exigencias de cada variedad. Conocer esa variabilidad permite plantear el viñedo como un conjunto de espacios con características propias, en lugar de tratarlo como una superficie homogénea.
Casa Sicilia atribuye a las zonas septentrionales una mayor aptitud para determinados tintos estructurados y señala el interés de los terrenos meridionales para algunas variedades blancas. Para valorar con precisión el alcance de esta diferenciación sería necesario conocer la distribución de las plantaciones, los criterios de selección parcelaria y los resultados obtenidos en las distintas campañas.
En cualquier caso, el punto de partida es significativo: en una viticultura sometida a una presión climática creciente, la lectura del suelo y el conocimiento de cada parcela son herramientas esenciales para orientar las decisiones agronómicas. El territorio aporta unas condiciones de partida; el trabajo de la bodega consiste en comprenderlas y decidir cómo aprovecharlas.
La Monastrell y una gama que amplía registros
Hablar de viticultura en Alicante implica detenerse en la Monastrell, una variedad profundamente vinculada al sureste peninsular y adaptada a condiciones de calor y disponibilidad limitada de agua. En Casa Sicilia forma parte de la identidad varietal de la finca y convive con un repertorio de variedades internacionales que amplía las posibilidades de elaboración.
La bodega trabaja con Monastrell y Garnacha, junto a variedades como Cabernet Sauvignon, Petit Verdot, Merlot y Syrah para sus vinos tintos. En las elaboraciones blancas incorpora Moscatel de grano menudo, Macabeo, Malvasía, Albariño y Sauvignon Blanc, según la información varietal facilitada.
Esta combinación permite construir una gama con diferentes perfiles y planteamientos. La presencia de variedades vinculadas al entorno mediterráneo aporta continuidad con la tradición vitícola de la zona, mientras que las internacionales abren otras posibilidades de ensamblaje y estilo. La cuestión interesante no es únicamente qué variedades se cultivan, sino cómo se integran en una propuesta coherente con el lugar y con el mercado al que se dirige.
La familia Cesilia constituye el núcleo de la gama. Cesilia Blanc combina Moscatel de grano menudo, Macabeo y Malvasía; Cesilia Rosé reúne Monastrell, Cabernet Sauvignon, Petit Verdot y Garnacha, y Cesilia Jove se elabora con Petit Verdot y Cabernet Sauvignon. A estas referencias se suman Heretat, un monovarietal de Monastrell, y dos propuestas que amplían el repertorio de la casa: Ad Gaude, elaborado con Albariño, y La Réserve, un rosado compuesto por Petit Verdot, Cabernet Sauvignon y Garnacha.
La gama muestra distintas formas de trabajar con las variedades dentro de una misma explotación. Sin embargo, para comprender la estrategia enológica en toda su dimensión convendría conocer también qué criterios determinan la selección de cada uva, qué papel desempeñan las parcelas en los ensamblajes y cómo influyen las decisiones de vendimia y elaboración en el perfil de los vinos.
Son precisamente esas decisiones las que permitirían pasar de una descripción de referencias comerciales a una lectura técnica del proyecto: cómo se busca la expresión de la fruta, qué equilibrio se persigue entre frescura y madurez y de qué manera se adapta cada elaboración a las condiciones de la añada. La documentación disponible permite identificar la diversidad varietal, pero no basta para atribuir a cada vino características sensoriales o métodos de crianza concretos.
Adaptarse al clima sin perder de vista la viña
La historia de la viticultura mediterránea siempre ha estado ligada a la adaptación. Sin embargo, el aumento de las temperaturas, la irregularidad de las precipitaciones y la presión sobre los recursos hídricos están obligando a las bodegas a revisar sus prácticas y a explorar nuevas soluciones.
En este contexto se sitúa el proyecto piloto de agrovoltaica desarrollado en Casa Sicilia. La iniciativa estudia la integración de paneles solares sobre el viñedo para compatibilizar la generación de energía con el cultivo de la vid. La propuesta aborda una de las cuestiones que más preocupan al sector: cómo gestionar la radiación solar y el estrés térmico sin comprometer el desarrollo de la planta ni la calidad de la uva.
El interés de esta tecnología reside en la posibilidad de regular parcialmente la exposición solar y modificar las condiciones microclimáticas de las cepas. La sombra generada por los paneles podría contribuir a moderar determinadas condiciones de estrés y a conservar la humedad del suelo, aunque el resultado depende del diseño de la instalación, de la variedad, de la disponibilidad de agua y de las condiciones de cada campaña.
Por eso, la agrovoltaica no debe entenderse como una solución universal, sino como una línea de experimentación cuyo interés se mide a través de datos agronómicos y energéticos. La evolución de la temperatura, la humedad, el comportamiento vegetativo, la maduración de la uva y la producción de energía son algunas de las variables que permiten evaluar sus resultados.
Casa Sicilia ha vinculado esta iniciativa a su apuesta por la innovación y la colaboración con entidades especializadas. En octubre de 2025, la bodega acogió una jornada sobre sostenibilidad e innovación en el viñedo en el marco de las actividades vinculadas a la Cátedra de Enoturismo y Cultura del Vino de la Universidad Miguel Hernández y Vectalia.
La experiencia abre una línea de interés para otras explotaciones de clima cálido, aunque su posible aplicación dependerá de los resultados que se obtengan y de la viabilidad económica de las instalaciones. Para conocer su alcance real en Casa Sicilia sería necesario disponer de datos sobre la superficie experimental, la configuración de los paneles, el ahorro de agua, la respuesta de las cepas y la producción energética alcanzada.
El valor de este tipo de proyectos no reside únicamente en incorporar tecnología, sino en comprobar si esa tecnología resuelve un problema concreto de la explotación. En viticultura, innovar significa también medir, comparar campañas y adaptar las decisiones a los resultados.
El conocimiento también forma parte del patrimonio
La adaptación del viñedo exige experiencia acumulada, pero también investigación y capacidad para incorporar nuevos conocimientos. Casa Sicilia ha desarrollado esta dimensión mediante su vinculación con la Universidad Miguel Hernández a través de la Cátedra de Enoturismo y Cultura del Vino.
Esta colaboración promueve actividades relacionadas con la sostenibilidad, el cambio climático y la cultura vitivinícola, además de encuentros que conectan el vino con otras disciplinas. Entre las iniciativas recogidas en la documentación de la bodega figuran jornadas dedicadas al viñedo alicantino y a la innovación sostenible, así como actividades gastronómicas y literarias con especialistas del sector.
La relación entre empresa y universidad puede contribuir a acercar la investigación a los problemas cotidianos de la explotación. En un escenario de transformación climática, las bodegas necesitan información para evaluar alternativas, anticipar riesgos y valorar el impacto de las decisiones agronómicas. La colaboración científica puede proporcionar herramientas para formular preguntas y contrastar respuestas, siempre que exista una conexión efectiva entre el conocimiento generado y las necesidades del viñedo.
En este sentido, el patrimonio de una bodega no se limita a sus edificios, sus archivos o sus viñas. También incluye el conocimiento que ha acumulado sobre el terreno y su capacidad para transmitirlo y actualizarlo. La continuidad de una actividad agrícola exige conservar la experiencia útil, pero también revisar aquellas prácticas que dejan de responder a las nuevas condiciones.
La Cátedra constituye una vía para reforzar esa dimensión cultural y divulgativa. Su contribución al desarrollo técnico de la finca, no obstante, debería valorarse a partir de proyectos concretos, resultados transferibles y colaboraciones que permitan identificar qué conocimiento se incorpora a la gestión del viñedo.
Del viñedo a la mesa: el enoturismo como parte del proyecto
La relación de Casa Sicilia con el territorio no termina en la vendimia ni en la botella. La bodega ha desarrollado una oferta de enoturismo que permite recorrer las instalaciones, conocer la historia de la finca y acercarse a sus vinos a través de visitas y catas. A ello se suma el restaurante, cuya propuesta gastronómica se apoya en el producto local y de temporada.
El enoturismo ofrece a las bodegas una oportunidad para mostrar aquello que la etiqueta no puede explicar por sí sola: el paisaje, las instalaciones, las decisiones de cultivo y las personas que intervienen en el proceso. En una finca con antecedentes históricos como Casa Sicilia, esa experiencia incorpora además una dimensión patrimonial que conecta el vino actual con la evolución agrícola del lugar.
La gastronomía completa el recorrido al relacionar los vinos con una cocina vinculada al producto y al calendario de la huerta. La oferta incluye distintas modalidades de visita y experiencias que combinan degustaciones y propuestas gastronómicas, algunas sujetas a disponibilidad previa.
Para una bodega, esta diversificación implica también una forma diferente de relacionarse con el consumidor. La visita permite explicar las particularidades de los vinos, contextualizar las variedades y dar visibilidad al trabajo que se desarrolla fuera de la sala de elaboración. Además, abre una vía de actividad vinculada al territorio que puede complementar la comercialización, aunque su aportación económica depende de factores como la demanda, la capacidad de recepción, la estacionalidad y los recursos necesarios para atender al visitante.
El reto consiste en evitar que la experiencia quede reducida a una actividad accesoria. Cuando se articula alrededor del viñedo y de la historia de la finca, el enoturismo puede convertirse en una herramienta de divulgación y en una forma de construir relaciones más directas con el público. En Casa Sicilia, la combinación de patrimonio, vino y gastronomía proporciona los elementos para desarrollar esa conexión.
Una tradición que debe seguir produciendo futuro
Casa Sicilia 1707 reúne algunas de las cuestiones que definen el presente de muchas bodegas: cómo conservar una identidad propia, cómo interpretar el territorio a través de los vinos, cómo responder a la presión climática y cómo ampliar la relación con el consumidor sin perder el vínculo con la actividad agrícola.
Su trayectoria permite recorrer una historia que va de la explotación agraria documentada en el siglo XVI a un proyecto enológico contemporáneo. Entre ambos momentos se encuentran la transformación de la propiedad, la incorporación de nuevas variedades, la construcción de una gama comercial y la búsqueda de fórmulas para relacionar el vino con la cultura, la gastronomía y la innovación.
La agrovoltaica introduce una dimensión especialmente relevante para el futuro de la finca: la necesidad de evaluar soluciones que ayuden a compatibilizar la producción vitícola con unas condiciones climáticas cada vez más exigentes. Su interés dependerá de los resultados que pueda demostrar sobre el terreno. Del mismo modo, la colaboración universitaria y el enoturismo tendrán mayor alcance cuanto más contribuyan a generar conocimiento útil y a reforzar la conexión entre la bodega y su entorno.
La historia, por sí sola, no garantiza la continuidad de una explotación. Para que un patrimonio vitivinícola siga vivo necesita producir, adaptarse y encontrar su lugar en un mercado cambiante. Esa es la tensión que atraviesa el proyecto de Casa Sicilia: mantener el vínculo con una tierra trabajada durante siglos y, al mismo tiempo, tomar las decisiones necesarias para que la actividad continúe siendo viable.
En el Vinalopó, donde la disponibilidad de agua y el calor forman parte de la ecuación vitícola, el futuro de una finca se construye campaña a campaña. La memoria aporta identidad; el conocimiento permite interpretar el presente, y la capacidad de adaptación determina buena parte de las posibilidades de continuidad.











