En España, las previsiones apuntan a una cosecha media o incluso algo inferior
Campaña oleícola 25/26: unas precipitaciones beneficiosas que rompen la marcha y alimentan la incertidumbre
Juan Vilar Hernández
Doctor en Economía, analista agronómico internacional, consultor estratégico, profesor de la UJA y agricultor
08/01/2026Este análisis aborda el desarrollo de la campaña oleícola 2025/26 desde una perspectiva global y, especialmente, desde su impacto en España. Las precipitaciones recientes han introducido matices relevantes en un escenario que, a priori, apuntaba a una campaña de comportamiento medio. Aportan alivio agronómico, pero también rompen la inercia productiva y dificultan la lectura temprana del mercado. En un contexto de consumo recuperado y equilibrio frágil entre oferta y demanda, la climatología vuelve a marcar el paso. Lo que sigue es una lectura razonada de los factores estructurales y coyunturales que están definiendo esta campaña.
En la actualidad existen plantadas de olivos del orden de 11,7 millones de hectáreas, en 67 países de los 5 continentes, en función de la forma cultivo se distribuyen de la siguiente forma, por un lado, el 11% de la superficie es de alta densidad y cultivo en seto, un 25% se destinaría a cultivo intensivo, y por último, de cultivo tradicional tendríamos el restante 62%, en cuanto a regadío y secano, se tienen un 40% y un 60% cultivados de forma aproximada, dichos recursos producen de forma media unos 3,2 millones de toneladas de aceites de oliva, o lo que es lo mismo, aproximadamente el 1,5 del total de grasas animales y vegetales. El consumo per cápita por ciudadano de aceites de oliva es de 420 gramos por año.
Sin nos atenemos al consumo, como hemos introducido de forma previa, en el planeta se consumen del mismo orden que se producen aceites de oliva, es decir unos 3,2 millones de toneladas, en 198 países, estos países se agrupan en función de una serie de categorías, por un lado, los grandes productores, y consumidores, como es el caso de España, Italia, Grecia, Túnez, etc. que son responsables del consumo del 50%, en otro orden de cosas aparecen los grandes consumidores y pequeños productores, como son el caso, entre otros de Brasil, y de Estados Unidos, entre otros, responsables del consumo del 30%, y por último, con un 20% del total de la demanda, los consumidores no productores, como es el caso de Canadá, Rusia, Alemania, y Reino Unido, entre otros.
Si analizamos las últimas 25 campañas, 15 campañas fueron de precios en origen por debajo de la media, y los restantes 10 fueron años, cuyos precios estuvieron por encima de la media, y los ciclos de precios por debajo de la media, son más largos y más habituales que los por encima de la media, con un matiz, y es que se llevan 4 campañas, el periodo hasta ahora más largo de precios por encima de la media.
En cuanto a la campaña actual, 25/26 en el ámbito internacional se está desenvolviendo con producciones similares a la media en todos los países, salvo en Túnez, que la oferta podría ser superior a la habitual, en términos de consumo, se ha a niveles similares a la campaña 21/22, con lo cual la recuperación de la demanda ha sido plena.
Si nos referimos a la situación comentada, de forma exclusiva para España, las previsiones apuntan a que la cosecha será una cosecha media, o incluso algo inferior a la misma, con una serie de connotaciones, que, como todas, la hacen excepcional.
En primer lugar, poner de manifiesto que el vector predominante que en mayor medida afecta sobre la producción, oferta, demanda y cotizaciones, es la climatología, esta se manifestó de forma más que adecuada en forma de lluvias durante la pasada primavera, pero hizo todo lo contrario durante el verano, y el principio del otoño, con lo cual las previsiones de campaña alta se debilitaron y dieron pie a unas previsiones de campaña media, con el comienzo de la misma, con un enlace comedido, aparecieron las lluvias que no han hecho más que mejorar, en cierta medida alguna que otra previsión de la actual campaña, pues aunque las lluvias fueron tardías, ayudaron a mejorar el estado del olivo, y a recuperar frutos, que casi estaban desahuciados, con lo cual, en cierta medida mejoró la situación, no obstante también han generado tensiones de oferta y demanda, con defectos puntuales de producción que se tradujeron en tensiones de cotizaciones, y que siguen existiendo, pues la intermitencia de las lluvias no deja que evolucione la campaña de forma adecuada, sobre todo en la olivicultura tradicional, aunque por otro lado se ha conseguido que el otoño se cerrase de forma adecuada en cuanto a precipitaciones, siendo un otoño normal, cuanto menos, sentando las primeras bases para la futura y venidera campaña.
Por lo tanto nos encontramos ante una campaña, de manual, en la cual se está produciendo retraso en la molturación por las precipitaciones, sobre todo en áreas de olivar tradicional, con una previsión media de cosecha, y una estabilidad en cotizaciones, no obstante, la falta de información, pues en ciertas áreas la campaña está retrasada, podría generar tensiones por desconocimiento, lo que provocará, que al menos hasta mediados de febrero, no se sepa realmente que correlación existiría entre las previsiones de producción, y la producción real, momento también en que se tendrá algo más de información sobre la tendencia de la campaña siguiente. Las lluvias acaecidas, igualmente lastrarán las características cualitativas de los aceites de oliva.
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