El enólogo y viticultor Antonio Serrano rescata el alma vinícola de Villarrobledo entre barro, memoria y arqueología emocional a través de tinajas centenarias
Antonio Serrano, el guardián de las tinajas centenarias
Antonio Serrano Viticultor lleva meses entre antiguas bodegas, algunas casi derruidas, buscando rescatar del olvido –y de una ruina segura–, tinajas centenarias con un valor incalculable para la enología. Como un arqueólogo del vino, busca grandes tinajas de barro fabricadas en su Villarrobledo natal (Albacete) hace más de 100 años con objeto de recuperarlas del abandono para, en un futuro próximo, darles una nueva vida elaborando vinos como hicieran sus abuelos, ambos enólogos.
Inquieto y soñador, Antonio Serrano es el 'alma mater' de la bodega.
Antonio Serrano Viticultor es una bodega con raíces profundas en la tradición familiar y una mirada innovadora hacia el futuro. Fundada en 2015, está especializada en la elaboración de vinos de altura con variedades autóctonas y su filosofía se basa en la honestidad, la autenticidad y la pasión por el vino.
Ahora, su visión está puesta en recuperar el pasado para avanzar hacia el futuro. La crianza y conservación del vino en tinajas se remonta a miles de años. En Bodegas Antonio Serrano, han retomado esta antiquísima forma de elaboración para crear vinos modernos, ecológicos y de gran calidad. Con esta visión y la peculiaridad de sus viñedos propios, ubicados entre 750 y 1.000 metros de altitud en medio de la llanura manchega, configuran una explotación vitivinícola familiar donde prima el respeto por el terruño, las viñas y la uva.
La crianza y conservación del vino en tinajas se remonta a miles de años.
"Lo que hacemos es arqueología emocional“, afirma Serrano. "No busco solo rescatar tinajas, recupero historia, la forma de hacer vino de mis abuelos, que ya elaboraban Airén en tinajas fabricadas por los mismos alfareros, con la misma tierra en la que se cultivan nuestros viñedos. Cada una de esas tinajas es un testimonio de cómo se entendía el vino antes de que llegara el hormigón y el acero inoxidable”, señala.
El proyecto, bautizado como ‘El Guardián de las Tinajas’, es un ejercicio de rescate patrimonial que aúna arqueología rural, tradición familiar y viticultura consciente. Antonio no solo quiere recuperar las tinajas: su intención es levantar una bodega al estilo antiguo, donde el barro, la gravedad y el tiempo vuelvan a ser los grandes protagonistas del vino junto a la variedad Airén y cencibel.
Hoy, ese vínculo con el barro no es solo memoria: es presente. Antonio Serrano elabora ya varios de sus vinos en tinajas, como Airén Las Marianas, Cerro Pasaconsol y Etiqueta Negra, recuperando así una forma de vinificación ancestral que aporta pureza, textura y autenticidad. Su trabajo demuestra que tradición y técnicas actuales de elaboración no son opuestas, sino aliadas en la búsqueda de identidad.
Esta iniciativa no solo preserva técnicas casi desaparecidas, sino que también pone en valor la riqueza cultural y material de Villarrobledo, territorio de alfareros y viticultores. El barro, lejos de ser pasado, se convierte aquí en futuro.






