Paula Fandiño, la mujer que interpreta el Atlántico en vino
En el corazón de Rías Baixas, donde la viticultura está marcada por la humedad, la bruma y la cercanía del océano, Paula Fandiño ha consolidado durante casi dos décadas un estilo que define el carácter atlántico de Mar de Frades, interpretando el paisaje gallego a través de vinos de Albariño precisos, frescos y elegantes.
La trayectoria de Paula Fandiño está profundamente vinculada al paisaje gallego y, en concreto, al carácter atlántico que define a la DO Rías Baixas. Nacida en Pontevedra y criada entre campo y viñas, su relación con el vino comenzó mucho antes de convertirse en profesión. La familia de su madre tenía una finca donde pasó parte de su infancia y su bisabuelo fue propietario de una bodega en el Condado. El vino no era un elemento excepcional, sino parte natural de su entorno cotidiano, de las celebraciones y de la cultura familiar.
Ese vínculo temprano con la tierra explica, en parte, su primera gran decisión académica: estudiar Ingeniería Agrónoma. Más adelante completó su formación con un máster en viticultura y enología. En esa etapa encontró el nexo entre el trabajo en el viñedo y la interpretación final en bodega: “La enología me permitió unir el viñedo con el vino”, explica.
Esa idea —la de conectar origen y resultado— sigue siendo el eje de su manera de entender el oficio. Para Fandiño, elaborar vino no es solo aplicar técnica, sino traducir un lugar, una variedad y un clima en una experiencia sensorial concreta.
Dos décadas consolidando un estilo
Desde hace casi veinte años forma parte de Mar de Frades, bodega integrada en la D.O. Rías Baixas y reconocida por su icónica botella azul. Su evolución profesional ha ido en paralelo al crecimiento y posicionamiento de la casa, contribuyendo a consolidar un estilo que conjuga clasicismo e innovación.
“Hemos ido rompiendo moldes sin dejar de respetar el origen”, señala. La frase resume una trayectoria marcada por la búsqueda de nuevas expresiones del Albariño sin perder la identidad atlántica. Frescura, salinidad y elegancia se han convertido en los ejes que definen el perfil de sus vinos, construidos desde la precisión y la coherencia de añada en añada.
Esa coherencia no es sencilla en un territorio exigente como Rías Baixas, donde no existen certezas permanentes. La pluviometría, la humedad y la influencia oceánica condicionan cada campaña y obligan a una presencia constante en el viñedo, a una observación continua y a decisiones técnicas ajustadas al detalle. “La presión es alta”, declara. Gestionar una marca con un estilo tan definido implica garantizar que el consumidor encuentre siempre en su copa la esencia del territorio, incluso cuando la climatología cambia las reglas del juego.
En ese contexto, si hay un momento que simboliza su responsabilidad es el paseo previo a la vendimia. Probar la uva a pie de cepa y decidir que “es el momento” exacto para cortar marca el inicio real del vino. Esa decisión concentra meses de trabajo en campo y condiciona todo lo que vendrá después: la fermentación, la crianza cuando procede y la cata final, en la que se comprueba si se ha logrado capturar la identidad de la añada.
Innovación y respeto al origen
El estilo de Mar de Frades se ha caracterizado por conjugar tradición e innovación, y esa dualidad define también la dirección enológica de Fandiño. La bodega ha explorado distintas elaboraciones dentro del universo del Albariño, desde perfiles más clásicos y lineales hasta propuestas que buscan mayor complejidad y capacidad de evolución en botella.
Mar de Frades cultiva viñedos propios en el Salnés y desde 2016 también en la Ribeira do Ulla, la subzona más al norte e interior de toda la DO Rías Baixas..
Sin embargo, la experimentación no se entiende como un fin en sí mismo. Su enfoque parte siempre del respeto al origen. La intervención en bodega se concibe como una herramienta para preservar la identidad del fruto y del entorno, no para enmascararlo. En este sentido, la búsqueda de precisión técnica convive con una filosofía clara: que el trabajo hable por sí mismo.
Entre sus referentes internacionales figura Anne-Claude Leflaive, conocida por su visión del viñedo y su apuesta por vinos blancos de gran longevidad. Ese equilibrio entre carácter, elegancia y capacidad de guarda es también uno de los horizontes que inspiran su labor en Galicia, donde el Albariño ha demostrado en los últimos años un potencial de evolución cada vez más reconocido.
Una voz técnica en un sector en transformación
La trayectoria de Paula Fandiño se enmarca, además, en un sector vitivinícola que ha vivido una transformación profunda. Si bien históricamente la visibilidad técnica en bodega estuvo asociada a perfiles masculinos, hoy son cada vez más las mujeres que lideran proyectos enológicos y de gestión, aportando una mirada analítica y detallista.
En Galicia, la mujer siempre ha desempeñado un papel esencial en el viñedo. La evolución natural del sector ha trasladado esa presencia también a la dirección técnica y estratégica. En el caso de Fandiño, su liderazgo se expresa desde el rigor y la constancia, evitando protagonismos innecesarios y centrando el discurso en el resultado final: la calidad del vino.
Con casi veinte vendimias a sus espaldas, su reto sigue siendo el mismo que al principio: “Interpretar cada añada con honestidad y precisión, y demostrar que el Albariño de Rías Baixas puede combinar identidad atlántica, sofisticación y capacidad de evolución”, afirma.
En definitiva, convertir el paisaje en vino y el Atlántico en una experiencia que se reconoce en cada copa.










