Aplicación de productos fitosanitarios con drones como herramienta para disminuir la exposición
El proyecto DRONSafe representa un paso significativo hacia una viticultura más segura, eficiente y sostenible. Gracias al despliegue de ensayos prácticos y la implicación de bodegas y cooperativas, se abren nuevas posibilidades para que los drones pasen de ser una tecnología emergente a un elemento integrado en la cadena agrícola.
En un entorno donde la digitalización, la agricultura de precisión y la sostenibilidad son factores clave para la competitividad del viñedo, el proyecto DRONSafe ofrece una propuesta concreta: integrar los drones como herramienta en el manejo fitosanitario, con ventajas que van desde la mejora de la seguridad laboral hasta la reducción del impacto ambiental y la optimización de insumos.
DRONSafe —cofinanciado por la Unión Europea— tiene como objetivo demostrar la seguridad y la sostenibilidad que aporta la utilización de drones en la aplicación de productos fitosanitarios. Para ello, el programa contempla el desarrollo de escenarios reales, protocolos de buenas prácticas y herramientas que evalúan el riesgo y la trazabilidad de las operaciones aéreas.
El proyecto está formado por un consorcio liderado por el Centro Tecnológico Nacional Agroalimentario (CTAEX) y cuenta con la colaboración de entidades como la Asociación Empresarial para la Protección de las Plantas (AEPLA), el Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria (INIA CSIC), Neiker BRTA, Instituto Valenciano de Investigaciones Agrarias (IVIA), la Universidad de Sevilla y entidades usuarias del sector agrario tales como AVA ASAJA, UAGA, FTS AgroConsulting y, por supuesto, Bodega Cuatro Rayas.
En este contexto, Bodega Cuatro Rayas celebró recientemente una jornada práctica en la que presentó los avances del proyecto DRONSafe, fruto de los ensayos y protocolos desarrollados en parcelas de sus viticultores asociados. La cooperativa ha probado distintas técnicas de aplicación con drones, orientadas a reducir la carga de trabajo manual y la exposición de los operarios y optimizar el uso de productos fitosanitarios en el viñedo, mejorando el cálculo de las dosis y reduciendo la deriva de productos.
Asimismo, se destacó que los ensayos permiten comparar resultados entre tratamientos con drones y técnicas convencionales terrestres, tanto en cultivos mediterráneos como viñedo, cítricos o patata. En este sentido, se busca aportar evidencias clave para que los reguladores reconsideren el marco normativo vigente, que actualmente clasifica estos sistemas como “aplicación aérea”, con las consiguientes restricciones.
Retos y próximos pasos
Pese a los avances, el proyecto también pone de manifiesto varios retos:
- Adaptar la configuración de los drones al tipo de cultivo, técnica de aplicación y plaga u hongo a tratar.
- Validar la seguridad para aplicadores y transeúntes, así como el impacto de residuos al ambiente y al consumidor.
- Lograr que la normativa europea y estatal reconozca este tipo de aplicación como distinta del “aérea tradicional”, lo cual permitiría una incorporación más amplia del sistema.
El consorcio está trabajando ahora en la elaboración de un “libro blanco” y en la definición de criterios técnicos que faciliten la incorporación de esta tecnología dentro del marco normativo vigente.








