Producción ecológica, cambio climático y digitalización son las líneas de futuro en la viticultura de Castilla y León
El cultivo del viñedo y la producción y comercialización del vino son uno de los motores principales de la economía rural en Castilla y León, con un peso clave no solo en el sector primario regional, sino en el conjunto de la actividad económica de la comunidad, según el informe presentado a finales de 2022 por la Organización Interprofesional del Vino de España (OIVE) con el título ‘La Importancia Económica del Sector Vitivinícola en Castilla y León’, en un acto en el que participaron el presidente de la propia Interprofesional y de Cooperativas Agroalimentarias, Ángel Villafranca, la directora de esa organización, Susana García, el consejero de Agricultura de la región, Gerardo Dueñas, y los responsables de AFI y KPMG, las entidades que realizaron del trabajo.
Los datos clave que reflejan esa importancia del sector vitivinícola en la comunidad se resumen en dos aspectos fundamentales: el volumen del negocio que genera, que supera los 1.817 de euros, incluyendo los efectos directos, indirectos e inducidos (el 3,1% de todo el PIB regional), y su contribución al empleo, con más de 33.130 puestos de trabajo (3,8% de la población ocupada en Castilla y León), de los que 14.550 son puestos directos, otros 12.390 son trabajos indirectos y los 6.190 restantes serían empleos inducidos.
En el centro de la imagen: Ángel Villafranca, presidente de la OIVE, Gerardo Dueñas, consejero de Agricultura de Castilla y León, y Susana García, directora de la OIVE, en el acto de presentación del informe.
El viñedo es la base
El patrimonio fundamental que sirve como base para este importante volumen de actividad son las 80.237 hectáreas de viñedos que se reparten por todas las provincias de la región, que la convierten en la segunda comunidad autónoma con mayor superficie de vid en España, según los datos del Registro Vitícola, y que suponen el 8,5% de la superficie nacional (949.499 hectáreas) y el 1,1% de la mundial (7 millones de hectáreas, según la Organización Internacional de la Viña y el Vino-OIV).
Un 90% de esa superficie se cultiva en secano, aunque el porcentaje de cultivo en regadío no deja de crecer año tras año y es el sistema habitual que se instala en las nuevas parcelas plantadas o en otras que se modernizan, dadas las ventajas que ofrecen para la gestión de distintos aspectos de la producción.
También cabe destacar la creciente implantación de los sistemas de producción en ecológico, que abarcan ya prácticamente un 12% de toda la superficie y que seguirán aumentando sin duda de forma importante en los proximos años, dado el ritmo de introducción de estas nuevas formas de producción (+24,6% en 2020), que viene favorecido en gran medida por las condiciones climáticas o por el tipo de suelo existente en Castilla y León, y también por la importante demanda que está surgiendo de vino amparado con estos sellos de garantía.
Una de las claves que explica el éxito de este sector es su excelente organización productiva, que se vertebra alrededor de 9 Denominaciones de Origen (DO), 4 denominaciones de Vinos de Calidad con Indicación Geográfica (VC) y 1 Indicación Geográfica Protegida (IGP). La más importante, tanto por número de viticultores (cerca de 7.500) como por la superficie de viñedo (26.188 hectáreas), es la DO Ribera del Duero, que se extiende por las provincias de Burgos, Segovia, Soria y Valladolid, y que concentra el 29% de la superficie total de viñedo en Castilla y León. En los últimos años destaca el crecimiento del volumen en la DO Rueda, que alcanza ya las 20.720 hectáreas y alrededor de 1.700 productores, repartidos por las provincias de Valladolid, Segovia y Zamora. El resto de las denominaciones abarcan superficies importantes, pero menores: Toro, 5.450 hectáreas, en Zamora y Valladolid; El Bierzo, 2.250 has, todas en León; Cigales, 1.810 has repartidas por Valladolid y Palencia; León, 1.325 has repartidas por León, Valladolid y Zamora; Tierra del Vino de Zamora, 613 has, todas en Zamora; Arlanza, 400 has en las provincias de Burgos y Palencia; Arribes del Duero, 350 has distribuidas por Zamora y Salamanca. Las denominaciones de Vinos de Calidad son cuatro: Cebreros, 460 has en Ávila; Valles de Benavente, con 155 has en Zamora; Sierra de Salamanca, con 120 hectáreas en Salamanca; y Valtiendas, con casi un centenar de hectáreas en Segovia. A ello se suma la IGP de los Vinos de la Tierra de Castilla y León, que aglutina casi 25.000 hectáreas repartidas por todas las provinicias. Existen además dos singularidades de poco peso en Miranda de Ebro, que cuenta con dos enclaves en territorio riojano que suman 250 hectáreas de viñedos acogidos a la DO de La Rioja, y con una IGP que regula la producción de Chacolí en este municipio.
El reparto territorial de este amplio catálogo de figuras de calidad, coloca a Valladolid en cabeza, como la provincia con mayor superficie de viñedo (26.500 has), seguida por Burgos (21.000 has), Zamora (13.000 has), y León (11.500 has). El resto se reparten otras 8.000 hectáreas.
Otro dato que puede dar un reflejo de la importancia que el viñedo y el vino tienen para el desarrollo rural y para la dinamización de la economía de los pueblos de la comunidad, es su amplia difusión por el territorio. Son 2.248 los municipios con superficie de viñedo, destacando en especial los casos de Valladolid y Zamora, donde más del 50% de los municipios tienen producción de uva, o también de Burgos, donde alcanza el 30%. El número total de viticultores ocupados en el cultivo del viñedo ascendía a 80.303, según los datos del Ministerio de Agricultura en 2020.
Esta dispersión, en todo caso, además de ser un valor importante, por su contribución a la dinamización económica de muchas zonas rurales, puede convertirse en un handicap para las empresas si no hay un apoyo de las administraciones para mejorar las comunicaciones y los servicios. El reto para la contratación de profesionales en las áreas de producción vitivinícola está en ofrecer condiciones atractivas, sobre todo en puestos de cualificación media, en los que resulta más complicado reclutar a profesionales que residen en otras localidades y que pueden tener otras alternativas de empleo. En este sentido, los expertos consultados en el marco del estudio de la OIVE, destacan la importancia de contar con una adecuada dotación de servicios e infraestructuras (incluyendo las de transporte y conectividad) en los municipios pequeños en los que existe actividad vitivinícola. Asimismo, el desarrollo de proyectos innovadores en el sector puede facilitar una mayor atracción de talento, y la retención de población joven y cualificada fuera de las principales urbes.
2 millones de hectólitro de vino
Según los datos del informe de la OIVE, la producción de uva para vinificación en esta Comunidad supera las 311.000 toneladas anuales, de media para el periodo 2017–2021, representando el 5,3% del total producido en España (5,9 millones de toneladas). Por provincias, Valladolid es la mayor productora, al concentrar el 49,2% de las toneladas de la comunidad autónoma, seguida por Burgos (24,6%) y por Zamora (13,4%). Por DO, destacan las producciones de Ribera del Duero (123.000 toneladas), Rueda (118.000 toneladas), Toro (21.000 tm), Bierzo (11.000 tm), Cigales (8.200 tm) y León (2.800 tm). A ello se suma la IGP de Vinos de la Tierra de Castilla y León, que procesa unas 25.000 toneladas de media por campaña.
En cuanto a la producción de vino, en Castilla y León se producen más de 2 millones de hectolitros de vino al año (media 2017-2021), lo que supone el 5,5% del total de vino producido en España (casi 38 millones de hectolitros). De ellos, algo más de la mitad (54,2%) corresponde a Valladolid; seguida, igualmente, de Burgos (24,2%) y Zamora (9,1%).
Por otro lado, los vinos envasados suponen el 90% del volumen de exportación (2017-2021). En todas las provincias se verifica este patrón, a excepción de Palencia (aunque en este caso las exportaciones son muy limitadas).
Resulta significativo en todo caso que, pese al pequeño tamaño que predomina entre las bodegas de Castilla y León, la actividad exportadora sea muy amplia.
El número de empresas exportadoras de vino (con CNAE-09 1102, elaboración de vinos) de Castilla y León se sitúa por encima de las 800 empresas anuales (promedio 2017-2021), de las cuales la mitad son exportadoras regulares, es decir, que han exportado vino de forma consecutiva en el último cuatrienio, según los datos de ICEX y Aduanas. Asimismo, un tercio de las exportaciones corresponde a bodegas cuyas ventas internacionales se sitúan por encima de los 50.000 euros anuales.
En los últimos años, el número de empresas elaboradoras de vino con ventas al exterior ha crecido progresivamente. En 2021 el tejido exportador alcanzó las 906 empresas exportadoras de vino. También se ha expandido el censo de exportadores regulares, registrándose un promedio de 392 empresas entre 2017 y 2021, y situándose en máximos en 2021 (412 exportadores regulares).
Al considerar el conjunto de productos vitivinícolas (incluyendo mostos y vinagre; es decir, los productos con Taric 2204, 2205, 2209, 200961 y 200969), la tendencia también ha sido creciente. En 2021 se contabilizaron 922 empresas exportadoras (máximo de la serie. Respecto a la distribución por provincias, Valladolid cuenta con el mayor número de exportadores regulares de productos vitivinícolas, en concreto, 183 empresas en 2021. Le sigue Burgos, con 105 empresas y, a más distancia, León (51 exportadores) y Zamora (47).
Minifundismo de bodegas, pero espíritu exportador
Toda la actividad que rodea al sector vitivinícola de la región está centrada en casi un millar de bodegas, que en su mayoría son pequeños establecimiento de implantación netamente rural. En concreto, con el objetivo de analizar el perfil de las bodegas en relación con el tamaño y el desempeño comercial, se ha seleccionado una muestra de 439 empresas (código 1102 del CNAE-09) con sede social en la región, cuya cifra de negocios conjunta alcanzó los 709 millones de euros en 2018.
Respecto al tamaño de las empresas, se observa que un 83% de las bodegas son microempresas (empresas con una facturación inferior a los 2 millones de euros anuales), un 14% son bodegas de tamaño pequeño (facturación entre 2 y 9 millones de euros) y el restante 3% son de tamaño mediano (facturación entre 11 y 49 millones de euros).
En términos de cifra de negocios, el protagonismo descansa en las bodegas de tamaño mediano, cuya facturación supone el 42% de la cifra de negocios conjunta. Asimismo, las empresas pequeñas facturan 1 de cada 3 euros del total y las microempresas el 25% restante.
Toda esta actividad arroja un saldo positivo muy importante para la economía de la región. En concreto, el saldo de la balanza comercial del sector vitivinícola de Castilla y León alcanzó un superávit de 199 millones de euros anuales en
2021 (175 millones, en promedio del periodo 2017-2021). Además, en el último lustro, el valor de las exportaciones se situó, en media, en el entorno de los 184 millones de euros anuales, lo que sitúa a Castilla y León como la sexta comunidad autónoma española más exportadora de productos vitivinícolas. En 2021, las ventas al exterior de dichos productos crecieron un 28% interanual, hasta alcanzar los 217 millones de euros.
En relación con los mercados de destino de dichas exportaciones, los principales clientes internacionales de este sector son: Suiza (18,9% del total exportado), Alemania (12,2%) y Estados Unidos (12,1%). Estos mercados, junto con México, suponen más de la mitad (51,6%) de las exportaciones.
Despertar ecológico
Según el informe de la OIVE, Castilla y León es la quinta comunidad autónoma española con un mayor número de hectáreas dedicadas al cultivo ecológico de la vid (8.659 hectáreas), y la octava en términos de peso de dicho cultivo sobre el total de superficie de viñedo (11,9%).
Respecto al tejido productivo, Castilla y León es la cuarta región con mayor número de bodegas y embotelladoras de vinos ecológicos, solo por detrás de Cataluña, Castilla-La Mancha y la Comunidad Valenciana. Así, el censo de dichas bodegas era de 133 empresas en 2020 (último dato disponible, MAPA), lo que representa el 11% del total nacional (que asciende a 1.214 empresas). Se trata además de un colectivo en expansión, que en el último año registró un incremento del 14% (variación interanual en 2020, último año disponible).
No obstante, el ritmo de crecimiento de la producción ecológica en la región es considerado lento por algunos expertos del sector y estudios sobre el mismo (Rychen, 2019), teniendo en cuenta las condiciones climáticas y edáficas con que cuenta Castilla y León. Entre los factores que ralentizan la transición hacia un mayor protagonismo del cultivo ecológico de la vid se encuentran aspectos burocráticos, así como la todavía limitada apreciación del valor del vino ecológico por el lado de la demanda (mercado en desarrollo).
Bodegas emblemáticas como la de Abadía de Retuerta en la Ribera del Duero son uno de los principales atractivos del enoturismo en Castilla y León.
Potencia enoturística
Más allá de la producción de uva y de vino o sus derivados, el sector vitivinícola de Castilla y León tiene también un nicho de negocio importante en el desarrollo del enoturismo, que sufrió un parón importante por la pandemía del Covid19, pero que ha empezado a recuperarse con fuerza. La afluencia de turistas atraídos por los activos enoturísticos de la región se tradujo en 280.000 visitantes en 2021, lo que sitúa a Castilla y León como la segunda comunidad autónoma con mayor recepción de enoturistas en las Rutas del Vino de España, según datos de ACEVIN. Si bien es cierto que el número de estos visitantes creció un 90% con respecto a 2020, todavía se encuentran lejos de los niveles alcanzados en 2019 (549.348 enoturistas).
Los recursos disponibles para atraer a los visitantes, además de las propias bodegas, son fundamentalmente las ciudades más emblemáticas que encabezan cada una de las DO y otra serie de recursos paisajísticos o históricos. Castilla y León acoge un total ocho ciudades (Aranda de Duero, Cigales, Lerma, Medina del Campo, Peñafiel, Rueda, Toro y Villanueva del Conde) y nueve Rutas del Vino de España (Arlanza, Arribes, El Bierzo, Cigales, Ribera del Duero, Rueda, Sierra de Francia, Toro y Zamora), además de una ruta internacional del vino (entre Arribes del Duero y las zonas vitivinícolas contiguas de Portugal, denominada Vinduero). También son un potencial importante, las visitas a antiguos vestigios del cultivo de la viña vinculados con el mundo prerromano (culturas célticas de la cuenca del Duero), once museos del vino distribuidos por toda la geografía, numerosas fiestas del vino (como las de la Vendimia de Rueda (Valladolid) o las de Toro (Zamora)), así como la experiencia que ofrecen las bodegas asociadas a las diferentes rutas del vino.
Con todo ell, el enoturismo tiene potencial para seguir expandiéndose, y para constituirse en complemento de la actividad de un mayor número de bodegas. Para la configuración y desarrollo de las actividades enoturísticas cabría tomar como referencia casos de éxito en otros países, y procurar el adecuado acompañamiento por parte del sector de restauración y ocio, según señalan algunos expertos del sector consultados en la elaboración del estudio de la OIVE.
Formación e innovación
El camino recorrido por el sector vitivinícola de Castilla y Léo, sin embargo, aunque es importante, no es más que el principio de un proceso que para seguir avanzando debe nutrirse día a día de conocimiento y especialización, lo que requiere del apoyo de muchos programas de investigación aplicada. El estudio de la Interprofesional destaca en ese sentido la actividad de diversos agentes públicos y privados que contribuyen a la generación de talento especializado y al impulso de líneas de investigación que respondan a los principales retos sectoriales.
Señala, por ejemplo, que la Universidad de Valladolid (UVa) posee una amplia trayectoria en la oferta de educación superior especializada, para los profesionales del sector vitivinícola. En la E.T.S. de Ingenierías Agrarias de Palencia se imparte el Grado de Enología, contando desde 1997 con este tipo de formación. Asimismo, la UVa ofrece un Doctorado en Enología, Viticultura y Sostenibilidad, programa de estudios Interuniversitario que comparte con la Universidad de Salamanca, la Universidad de La Rioja, la Universidad de Murcia y la Universidad de Castilla-La Mancha. Actualmente, en este doctorado existen seis líneas de investigación y es fuente de publicaciones sobre todo en materia de mejoras genético-química, agrícola y enológica.
Asimismo, el estudio vitivinícola es abordado como asignatura o rama de especialización en otros programas de formación ofertados en centros universitarios de Burgos, de León o de Salamanca, como el de Ingeniería Agroalimentaria, Nutrición Humana y Dietética, el máster en Calidad, Desarrollo e Innovación de alimentos, y el Doctorado en Ciencia e Ingeniería Agroalimentaria y de Biosistemas. Y una mención destacada merece igualmente el trabajo del Centro Tecnológico Agrario y Agroalimentario Itagra.CT, asociación privada constituida como Agrupación Agraria Innovadora, que promueve cursos de vinificación y viticultura ecológica.
En el ámbito de la investigación, la UVa tiene un Grupo de Investigación dedicado a la Viticultura y Enología (GIRVITEN), con diez líneas de investigación en torno a la aplicación de nuevas técnicas para la nutrición y el control de viñedos, la utilización de herramientas biotecnológicas en la elaboración y el envejecimiento del vino y, en general, la aplicación de las TIC en toda la cadena de valor del vino. Dicho grupo tiene su origen en el GI UVaMOX, equipo pionero, con más de veinte años de trayectoria, e integrado por expertos en áreas como Química Analítica, la Ingeniería Enológica y el Diseño de Equipo Industrial. También se desarrollan importantes proyectos en el Instituto de Investigación de la Viña y el Vino de la Universidad de León.
El Instituto Tecnológico Agrario (ITACYL), dependiente de la Junta de Castilla y León, también promueve estudios, en colaboración con bodegas, universidad y centros de investigación de otras regiones. Actualmente, está centrado en el progreso tecnológico del viñedo para su adaptación al cambio climático y en la monitorización de las parcelas de cultivo para la mejora de la regulación y la gestión hídrica. El ITACYL también cuenta con la Estación Enológica de Castilla y León, único laboratorio de la comunidad autónoma reconocido oficialmente para realizar controles de calidad.
Y desde el Ministerio de Ciencia e Innovación, a través del CDTI ha venido apoyando distintos proyectos de I+D+i de las empresas del sector vitivinícola de Castilla y León. En el periodo 2017 - 2021, el CDTI ha dado apoyo financiero por casi 8,8 millones de euros para estudios relacionados con la digitalización o monitorización del viñedo, con la aplicación de nuevas estrategias de fertilización o economía circular, con la optimización del uso del riego, la robotización de algunas tareas como la poda, la reducción del uso de fitosanitarios, la mejora de variedades, o el impulso de nuevos procesos enológicos o técnicas de vinificación.
El sector vitivinícola de Castilla y León promueve diversas líneas de I+D+i para mejorar la producción de uva e implantar nuevas técnicas de vinificación.












