De campesinos arrendatarios a vignerons: Colet reivindica la viña como origen del vino
Desde sus orígenes como campesinos en el siglo XVIII hasta su consolidación como bodega familiar en el Penedès, Colet Winery ha construido un proyecto centrado en la viña propia, el cuidado del suelo y una forma de entender el vino que nace, inevitablemente, en el campo.
Colet es más que una bodega: es una historia de tierra, continuidad y decisiones valientes. Sus raíces se remontan a 1783, cuando la familia trabajaba como campesinos arrendatarios en la histórica Hisenda Romaní, en Sant Martí Sarroca. Durante casi dos siglos, ese vínculo con la tierra —y con sus ritmos— fue moldeando una manera de entender el vino basada en el esfuerzo, la observación y el respeto por el entorno.
Ese aprendizaje acumulado encontró su punto de inflexión en 1984, con la compra de la Masoveria. Por primera vez, la familia dejaba de trabajar para otros y pasaba a construir su propio proyecto. “La compra de la Masoveria fue primordial para invertir en hacer la bodega, ya que no existían viveros de bodegas en aquella época”, explica Sergi Colet, payés, enólogo y copropietario. Aquel paso no solo supuso un cambio de propiedad, sino también de mentalidad: abrió la puerta a elaborar sus propios vinos y a asumir todas las decisiones del proceso.
Identidad de campesinos
Sin embargo, más allá de los cambios estructurales, hay una idea que permanece intacta y que da sentido a todo el proyecto: “Si algo somos, somos campesinos”. No es una declaración retórica, sino una forma de entender el oficio.
En un contexto en el que parte del sector ha ido desvinculándose del viñedo, Colet reivindica el trabajo directo en la tierra como base irrenunciable del vino. “No entendemos hacer vino sin haber trabajado la viña. Quizá somos egoístas y no queremos dejar de hacer lo mejor de este negocio: ser campesinos”. En esa afirmación se condensa una filosofía clara: la calidad del vino empieza en el campo, mucho antes de cualquier decisión en bodega.
Vignerons: una forma de vida
Esa conexión total con la viña es la que define su condición de vignerons. No como un distintivo, sino como una manera de vivir y entender el vino. “Vigneron no es solo un sello, es un estilo de vida que condiciona los procesos de la bodega”.
Asumir todo el proceso —desde la viña hasta la botella— implica también asumir cada decisión y sus consecuencias. En Colet, este enfoque se traduce en una intervención mínima en bodega, con el objetivo de que el vino sea fiel reflejo de cada parcela. “Buscamos que los vinos transmitan la viña y la parcela, por lo que casi somos más pescadores que cocineros”.
Este modelo, sin embargo, sigue siendo minoritario. “Solo un 5% de bodegas somos vignerons y menos del 1% de las botellas del mercado lo son”. Aun así, la percepción es optimista: “Sinceramente, creo que hay más de un 1% de consumidores que valoran y reconocen este sello”.
El reto, por tanto, no es solo crecer, sino hacerse entender. “El futuro ya es un presente en este ámbito, pero podemos mejorarlo y nos faltan dos cosas: primero, que más viticultores impulsen proyect
Colet cuenta con el sello 'Vinyeró' que certifica que su uva es 100% propia.
La viña como origen
Esta forma de entender el vino se concreta en un modelo productivo coherente: viña propia, ecológica y sin compra de uva. Una decisión exigente en un entorno cada vez más orientado al volumen, pero alineada con una lógica agrícola que prioriza los ritmos naturales.
“Somos como los campesinos que van al mercado cada día a vender lo que producen en ese momento. No venderán tomates en invierno, como nosotros no venderemos barato un año de sequía con un 30% menos de producción”.
La comparación ilustra bien el posicionamiento de Colet frente a la estandarización del mercado. Frente a la uniformidad, defienden la singularidad de cada añada, de cada parcela y de cada cosecha. Eso implica asumir variaciones, pero también preservar la autenticidad.
“El problema es que el consumidor debe conocer las diferencias con los tomates que hay todo el año en los supermercados... En el mundo del vino hay un público, aunque sea un pequeño porcentaje, que sí lo sabe diferenciar y lo valora”.
Desde el punto de vista técnico, esta filosofía se traduce en decisiones orientadas a intervenir lo mínimo posible. Más que representar un territorio amplio, el objetivo es interpretar lo que ocurre en cada viña concreta. “Buscamos expresar lo que ocurre en nuestras viñas y no en el Penedès. Las decisiones que tomamos hacen que los vinos sean poco ‘cocinados’, con poca intervención, y sin ‘salsas’ hechas por el ‘cocinero’ (enólogo), donde el viticultor y la viña adquieren el protagonismo”.
Futuro: arraigo y apertura
De cara al futuro, Colet mantiene la misma lógica que ha guiado su trayectoria: crecer sin perder el origen. Un crecimiento que no se mide únicamente en volumen, sino en coherencia, identidad y capacidad de transmitir su propuesta.
“Queremos aumentar nuestro valor de marca y crear un proyecto potente de enoturismo y pernoctaciones donde la venta en bodega sea un alto porcentaje de las ventas de Colet”. La apuesta pasa por reforzar el vínculo directo con el consumidor, abriendo la bodega —y la viña— para compartir de forma transparente el trabajo que hay detrás de cada vino.
Así, el proyecto cierra el círculo: del campo al vino y del vino de nuevo al territorio, invitando a comprender, experimentar y valorar todo lo que nace en la viña.











