Dominio D’Echauz reúne 16.000 biotipos y refuerza la biodiversidad del viñedo español
Dominio D’Echauz custodia una colección de más de 16.000 biotipos de vid procedentes de toda España, resultado de décadas de prospección y recuperación, con el objetivo de preservar la diversidad genética como herramienta clave para el futuro de la viticultura
La conservación de la diversidad genética se ha convertido en uno de los grandes retos de la viticultura contemporánea. En este contexto, Dominio D’Echauz ha consolidado una de las mayores colecciones de material vegetal del país, con más de 16.000 biotipos de vid recopilados a lo largo de más de dos décadas.
Esta iniciativa se articula a través de Basajaun Project, impulsado por el vivero familiar Vitis Navarra. El proyecto responde a un objetivo concreto: frenar la erosión genética del viñedo español mediante la recuperación, conservación y estudio de su diversidad. De este modo, la biodiversidad se plantea no solo como un valor cultural, sino como una herramienta técnica para afrontar los desafíos actuales del sector.
Dos niveles de diversidad genética
En este contexto, el concepto de biotipo adquiere una dimensión clave. La colección se estructura en dos niveles de diversidad complementarios. Por un lado, la diversidad varietal, que engloba variedades históricas locales, muchas de ellas minoritarias, que forman parte del legado vitícola español. Por otro, la diversidad intravarietal, que hace referencia a las variaciones dentro de una misma variedad, originadas por mutaciones acumuladas durante generaciones.
Esta doble escala permite comprender la vid no como un material uniforme, sino como un sistema dinámico. Así, se preserva no solo la existencia de las variedades, sino también su riqueza interna, determinante en su comportamiento agronómico y enológico.
El origen: recuperación en viñedos históricos
Para entender el alcance de esta colección es necesario situar su origen en el trabajo de campo. Dominio D’Echauz ha desarrollado un proceso continuado de prospección en viñedos viejos de distintas regiones españolas, a través del proyecto Basajaun.
Estas actuaciones se han llevado a cabo en territorios históricos como Aragón, Cataluña, Asturias, Navarra, La Rioja, Ribera del Duero, Bierzo, Murcia, Extremadura, Sierra de Gredos o Islas Baleares. En todos los casos, el objetivo ha sido doble: recuperar material vegetal en zonas donde el viñedo ha sido abandonado y rescatar diversidad genética en regiones donde la modernización redujo drásticamente el número de materiales en cultivo.
De la recuperación al uso vitícola
La recuperación de material vegetal constituye solo el primer paso. Para que esta diversidad sea útil, el proyecto integra una metodología completa que garantiza su viabilidad.
En primer lugar, se realiza la prospección y recopilación del material histórico en campo. A continuación, se lleva a cabo su multiplicación vegetativa junto con un control sanitario riguroso que permite descartar virosis. Finalmente, el material se somete a procesos de caracterización agronómica y enológica, incluyendo estudios y microvinificaciones.
Gracias a esta secuencia, la colección trasciende su valor simbólico y se convierte en una herramienta práctica para el sector vitícola.
Una reserva estratégica para el futuro
Este planteamiento adquiere especial relevancia en el contexto actual. Cada biotipo representa una adaptación específica a condiciones concretas de suelo, clima y manejo, acumulada a lo largo del tiempo.
En un escenario marcado por el cambio climático y la creciente presión sanitaria, disponer de una amplia base genética permite ampliar las opciones de adaptación del viñedo. En este sentido, la colección de Dominio D’Echauz puede entenderse como una reserva estratégica que contribuye a la resiliencia de la viticultura española.
Viticultura de preservación
Este enfoque se sintetiza en el concepto de viticultura de preservación, que define la filosofía de trabajo de Dominio D’Echauz. No se trata únicamente de conservar material vegetal, sino de estudiarlo, reproducirlo y ponerlo en valor dentro del sistema vitícola.
En este marco, los vinos actúan como una vía de transferencia de conocimiento. A través de ellos, este patrimonio vegetal se traduce en una expresión tangible que conecta la diversidad genética con el consumidor final.










