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La plaga de la mosca del olivo es un desafío

Optimización de trampas para el seguimiento poblacional sostenible de la mosca del olivo (Bactrocera oleae) (Diptera: Tephritidae)

Flora Moreno-Alcaide, Enrique Quesada-Moraga, Pablo Valverde-García, Meelad Yousef-Yousef

Departamento de Agronomía, Unidad de Excelencia María de Maeztu DAUCO, ETSIAM, Universidad de Córdoba, Campus de Rabanales, Edificio C4 Celestino Mutis, 14071 Córdoba, España.

05/09/2025
La mosca del olivo Bactrocera oleae (Rossi) es el principal fitófago que afecta la producción y calidad del aceite en las regiones olivareras. Su control eficaz dentro de la Gestión Integrada de Plagas (GIP) requiere un sistema de seguimiento poblacional preciso y sostenible. Este estudio, desarrollado durante dos años, optimizó el sistema actual mediante la evaluación del tipo, tamaño, color y densidad de trampas. Así como reveló por primera vez la relación entre densidad poblacional de la mosca y daño causado en función de la variedad del olivo. Los resultados permiten mejorar la toma de decisiones, reducir costes y minimizar el impacto ambiental.

Introducción

El olivo Olea europea L. es un cultivo estratégico en la cuenca mediterránea con especial relevancia en España no solo desde el punto de vista económico, sino también cultural y ecológico. No obstante, uno de los principales desafíos que enfrenta el olivar es la incidencia de plagas de insectos, destacando entre ellas la mosca del olivo. La infestación con esta plaga clave del cultivo conlleva a cuantiosas pérdidas económicas asociadas no sólo a los daños directos al perforar el fruto para depositar sus huevos sino también a los daños indirectos al favorecer el desarrollo de hongos oportunistas que proliferan y aceleran la fermentación del aceite y reflejándose seriamente en la pérdida de rendimiento y la calidad final del aceite, y el deterioro de las propiedades organolépticas.

En las últimas décadas el control de este díptero ha dependido mayoritariamente de productos fitosanitarios de síntesis, lo que ha generado problemas de resistencia y efectos no deseados sobre la biodiversidad.
El seguimiento de la población es fundamental para conocer a tiempo la densidad de la población adulta en campo lo que permite tomar decisiones de una forma más informada, con actuaciones solo cuando sea realmente necesario, ajustándose a los principios de la GIP y al marco de la transición ecológica promovido por la Unión Europea. Actualmente, la estrategia nacional de GIP regulada por la Directiva 2009/128/CE e incorporada a la normativa española a través del Real Decreto 1311/2012, establece un sistema de seguimiento basado en la instalación de 3 trampas adhesivas amarillas y 3 trampas McPhail por cada 300 ha, implementándose desde el endurecimiento del hueso del fruto hasta cosecha.
Figura 1. Paisaje de olivar. Fuente propia
Figura 1. Paisaje de olivar. Fuente propia.
Sin embargo, esta metodología presenta una serie de limitaciones en cuanto a cobertura y representatividad.
Por otra parte, un aspecto fundamental en la GIP a tener en cuenta es la conservación de los enemigos naturales, es decir, los organismos beneficiosos que de forma natural ayudan a regular las poblaciones de los fitófagos. Entre los más destacados se encuentran los parasitoides como Psyttalia concolor (Hymenoptera: Braconidae), los depredadores como Chrysoperla carnea (Neuroptera: Chrysopidae), sírfidos, arañas y coleópteros depredadores, ya que contribuyen de forma significativa a su control biológico natural. El problema radica en que muchas de las trampas que se emplean para el seguimiento de la población también capturan de forma accidental a estos aliados naturales.
Por ello surge la necesidad de evaluar nuevas alternativas que permitan mejorar la eficacia del seguimiento, reducir capturas de enemigos naturales, optimizar costes y adaptarse a la sostenibilidad que demanda la nueva Política Agraria Común. En este sentido, desde la universidad de Córdoba se han realizado una serie de estudios para cumplir con estos desafíos.

Ensayos de optimización de las trampas

Los ensayos se llevaron a cabo durante dos campañas agrícolas en Córdoba (Andalucía), que cuenta con un clima mediterráneo característico y una alta incidencia de mosca del olivo. La finca experimental presenta un marco de plantación intensivo de 8 × 5 m con 6 variedades de olivo (“Picual”, “Nevado Azul”, “Koroneiki”, “Frantoio”, “Arbequina” y “Empeltre”). En un primer paso se seleccionaron 6 tipos de trampas (trampa adhesiva amarilla, adhesiva verde, mosquero tipo Mcphail, Delta amarilla con base amarilla, Delta amarilla con base blanca y Delta blanca con base amarilla, para evaluar su efecto tanto en el seguimiento de adultos del tefrítido como en la no deseada captura de enemigos naturales. La selección de este primer ensayo fue la base para el segundo estudio que consistió en la evaluación del efecto del color de la trampa cromotrópica adhesiva, amarilla, blanca, azul o verde, sobre la captura del fitófago y los enemigos naturales. Este ensayo también supuso la base del siguiente ensayo, empleándose para la evaluación del efecto de la superficie de captura (tamaño de la trampa adhesiva), con trampas de 20x25 y 10x25 cm, en ambos casos a una o a dos caras, sobre la captura del tefrítido y los enemigos naturales.
Todas las trampas fueron cebadas con fosfato biamónico al 4%, siguiendo la misma base atrayente que la recomendada por la guía de GIP para asegurar la comparación entre ellas. También, se optimizó el número de trampas a emplear por hectárea y la distancia que deben guardar entre ellas para un seguimiento óptimo de la población. Para este último ensayo de campo se emplearon 50 trampas adhesivas amarillas de las cuales solo 8 fueron cebadas con fosfato biamónico al 4% y el resto sin cebo. La distribución de estas se realizó a razón de 2 trampas por ha.
Finalmente, se realizó un estudio sobre la relación entre la densidad poblacional de la mosca del olivo y el daño que causa en función de la variedad del olivo. Para ello, a partir de las seis variedades, se empleó el actual método de seguimiento llevado a cabo por la Guía de Gestión Integrada del Olivar. Por cada variedad se instalaron tres trampas adhesivas amarillas y tres trampas Mcphail cebadas con fosfato biamónico al 4%. En todos los ensayos se realizó un seguimiento semanal (Figura 2).
Figura 2. Secuenciación de los ensayos llevados a cabo...
Figura 2. Secuenciación de los ensayos llevados a cabo. 1: optimización del tipo de trampa, 2: optimización del color, 3: optimización del tamaño de trampa y superficie de adherencia, 4: optimización del número de trampas por ha y distancia entre ellas y 5: evaluación de la curva de daño por variedad.

Resultados

De acuerdo con los estudios realizados en campo, se observó que las trampas Mcphail tradicionales y las trampas adhesivas amarillas resultaron ser más efectivas en la captura de mosca del olivo, superando al resto de trampas evaluadas (adhesiva verde, mosquero tipo Mcphail, Delta amarilla con base amarilla, Delta amarilla con base blanca y Delta blanca con base amarilla). No obstante, surgió una diferencia crucial en la que las trampas Mcphail capturaron más enemigos naturales que las trampas amarillas. En cambio, la trampa adhesiva amarilla logró capturas de población similares a las Mcphail reduciendo la captura de enemigos naturales. Por ello se emplearon como opción preferente para el resto de los ensayos (Figura 3A).
Respecto a los colores evaluados de las trampas adhesivas (amarillo, verde, azul y blanco), la de color amarillo resulto claramente superior en atracción de adultos de este díptero capturando la mayor cantidad de mosca. En segundo lugar se posiciono el color verde con aproximadamente la mitad de las capturas que la amarilla. Además, el color amarillo demostró ser el color más favorable con los enemigos naturales, ya que fue el que menos parasitoides y crisopas capturo comparado con los demás (Figura 3B).
Otra innovación probada fue la evaluación del tamaño de la superficie adhesiva de la trampa amarilla (20x25 y 10x25 cm) y su orientación a una o dos caras. A menudo se asume que una mayor superficie de trampa equivaldrá a una mayor eficacia. Sin embargo, los datos obtenidos demuestran que esto no siempre es así. En este sentido, se observó de forma general que las trampas de doble cara capturaron significativamente más moscas que las de una sola cara. Al comparar tamaños, surgió un resultado muy prometedor: una placa pequeña de 10x25 cm (doble cara) capturó prácticamente lo mismo que una placa grande de 20x25 cm (doble cara) en términos de moscas capturadas. Es decir, ampliar el tamaño de la trampa no aumenta proporcionalmente las capturas de la población. En cambio, la placa grande sí incrementó de forma significativa el número de enemigos naturales capturados en comparación con la pequeña. Por tanto, la trampa pequeña a dos caras mantiene alta eficacia en la captura de la mosca y minimiza el impacto sobre enemigos naturales, resultando además más económica y generando menos residuos (Figura 3C).
Respecto a los resultados obtenidos en la densidad poblacional, se observó una mayor captura de población en las variedades “Nevado azul” y “Picual”. Las variedades “Frantoio” y “Empeltre” presentaron una captura similar por trampa y día y “Arbequina” y “Koroneiki” las que menor captura presentaron. Aunque la presencia de B.oleae fue mayor en unas variedades respecto a otras, no se reflejó de igual forma en el daño mostrando diferencias. La variedad “Picual” presentó un mayor porcentaje de daño seguida de las variedades “Empeltre” “Nevado azul” y en menor medida las variedades “Arbequina” “Koroneiki” “Frantoio”. Hay que destacar que variedades como “Frantoio” y “Empeltre”, con semejantes niveles de captura media, 4.65 y 4.03 moscas por trampa y día, presentaron niveles muy diferentes de picada, con 0.62% y 3.11% respectivamente.
Figura 3. Optimización del tipo de trampa para captura de B. oleae (barras gris oscuro) y enemigos naturales (barras gris claro). A: Captura de B...

Figura 3. Optimización del tipo de trampa para captura de B. oleae (barras gris oscuro) y enemigos naturales (barras gris claro).  A: Captura de B.oleae y enemigos naturales por tipo de trampa (Trampa adhesiva verde, Delta blanca con base amarilla, Trampa adhesiva amarilla, Trampa Mcphail, Delta amarilla con base amarilla, Delta amarilla con base blanca); B: Captura de B.oleae y enemigos naturales por color de trampa (blanca, verde, amarilla y azul); C: Captura de B.oleae y enemigos naturales por tamaño de trampa (20 x25 y 10 x25 cm) y su impregnación a una o dos caras. Barras con la misma letra indican que no existieron diferencias significativas en un test Tukey (P≤ 0.05).

Una vez identificada la mejor trampa para el seguimiento de la población de la mosca del olivo, se determinó la densidad óptima de trampas por hectárea y la distancia entre ellas para lograr un seguimiento óptimo. Tradicionalmente, se emplea un número muy limitado de trampas por superficie (6 para una parcela de referencia de 300 ha). En este sentido, abordando este aspecto mediante ensayos de campo y análisis geoestadístico, se arrojaron datos muy prometedores. A medida que se aumenta el número de trampas por hectárea, mejora la precisión con la que se puede estimar la densidad media de la población en el terreno, pero solo hasta cierto punto. En concreto, la curva de precisión se estabiliza a partir de aproximadamente 15 trampas por hectárea, identificándose este valor como el número óptimo para un seguimiento preciso de B. oleae en campo (Figura 4). Por encima de esa densidad, añadir más trampas aporta muy poca ganancia informativa. Asimismo, el análisis indicó que las trampas deben separarse una de otra a una distancia máxima de 48,5 m según el modelo esférico.
Por ello se concluye que hacen falta al menos 4 trampas/ha para comenzar a tener una cobertura aceptable del área (ya que con distancias mayores las observaciones dejan de guardar correlación, como se observó en el ensayo.
Figura 4...
Figura 4. Representación del semivariograma que representa el comportamiento espacial de los adultos (número de captura por trampa) en función de la vecindad de otra trampa.

Conclusiones

El seguimiento de poblaciones de artrópodos fitófagos, así como el conocimiento de los niveles de intervención, nivel económico de daños y umbral de tolerancia, son la base de cualquier programa de Gestión Integrada de Plagas. Sin embargo, en lo que respecta a la mosca del olivo, aún se utilizan estrategias de seguimiento y toma de decisiones basadas en observaciones y en la experiencia acumulada, que requieren una optimización. En este trabajo se han desarrollado varias investigaciones para optimizar el sistema de seguimiento actual de la mosca del olivo, tanto en lo que se refiere al tipo de trampas, como a su densidad y distribución espacial, para optimizar los aspectos económicos y ambientales asociados a la toma de decisiones y a la reducción de capturas de enemigos naturales.
Las investigaciones llevadas a cabo permitieron identificar que las trampas adhesivas amarillas son las más eficaces para el seguimiento de la mosca del olivo, al mismo tiempo que minimiza la captura de enemigos naturales en comparación con las trampas Mcphail. Respecto al color, el amarillo resultó ser el que más población atraía seguida del verde, mientras que el blanco y el azul mostraron una menor eficacia. Las trampas pequeñas a doble cara (10x25 cm) también capturaron un número similar de individuos que las trampas grandes (20x25 cm), con menor impacto sobre la captura de enemigos naturales. Además, se determinó que una densidad de 15 trampas por hectárea y una distancia máxima entre trampas de 48.5 metros permiten un seguimiento preciso y representativo de la población en campo. Aunque la presencia de B. oleae sea mayor en unas variedades respecto a otras, no se refleja de igual forma en el daño mostrando diferencias entre ellas. Las variedades que más población capturaron fueron “Nevado azul y “Picual”. Las variedades que resultaron ser más susceptibles al ataque de B. oleae fueron “Picual”, “Empeltre” y “Nevado azul”.
Todas estas mejoras sientan las bases de un sistema de vigilancia más eficiente, selectivo y en consecuencia más sostenible, esencial para optimizar las decisiones de control de una forma más informada. Por todo ello se pone de manifiesto que todos los factores evaluados en estos trabajos podrían suponer un gran avance en la optimización del seguimiento de B. oleae abriendo la puerta a nuevas líneas de trabajo y aplicación práctica. Por un lado, la implementación a gran escala del sistema optimizado de trampas podría facilitar la creación de mapas de riesgo zonales, permitiendo anticipar focos de infestación y aplicar medidas de control más precisas y localizadas. Esto reduciría aún más la necesidad de tratamientos generalizados, contribuyendo a una agricultura más inteligente y sostenible. Por otra parte, no solo conseguiríamos realizar un seguimiento más eficaz de la población, sino que también disminuiríamos la captura de enemigos naturales reduciéndose las intervenciones de umbral de tratamiento cumpliendo con los objetivos de la agenda 2030 con la estrategia europea “Farm to Fork” reducir para 2050 un 25 % el uso de fitosanitarios en la producción de alimentos, así como con la nueva PAC favoreciendo la gestión integrada.
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