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En Grecia la mayoría de los olivares se cultivan en plantaciones tradicionales situadas en terrenos con pendiente

Datos y reflexiones sobre el sector del olivar en Grecia

Dr. Georgios Koubouris, director de Investigación en Organización Agrícola Helénica DIMITRA, Instituto del Olivo, Cultivos Subtropicales y Viticultura, Chania, Grecia15/09/2026

Grecia mantiene una de las tradiciones olivareras más antiguas del mundo y continúa siendo uno de los tres principales productores mundiales de aceite de oliva. Con 150 millones de olivos, una amplia diversidad varietal y un predominio de explotaciones tradicionales, el país combina una elevada calidad del producto con retos estructurales como la fragmentación de la propiedad, el aumento de los costes y el impacto del cambio climático. En este artículo, el Dr. Georgios Koubouris analiza las principales características del sector y sus perspectivas de futuro.

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Los olivos están presentes en Grecia desde hace miles de años, como atestiguan numerosos informes históricos. Algunos estudios han revelado la existencia de polen de olivo con más de 9.000 años de antigüedad. El olivo era considerado un árbol sagrado en la antigua Grecia, y una corona elaborada con una rama de olivo constituía el máximo galardón para los atletas vencedores en los Juegos Olímpicos. En muchas zonas del país todavía sobreviven árboles con miles de años de antigüedad que continúan produciendo aceitunas y aceite de oliva y despiertan la admiración de los visitantes.

En la actualidad, el cultivo del olivo es probablemente la principal actividad agrícola de Grecia, tanto por la población implicada como por su importancia económica. Representa el 78% de las explotaciones de cultivos arbóreos y el 26% de la superficie agrícola utilizada, con 150 millones de olivos. Tradicionalmente, Grecia figura entre los tres mayores productores mundiales, con una producción media anual de entre 250.000 y 350.000 toneladas de aceite de oliva y entre 200.000 y 250.000 toneladas de aceituna de mesa.

Los olivos están presentes prácticamente en todo el territorio griego. No obstante, más del 70% del aceite de oliva se produce en Creta y el Peloponeso. Grecia Central también realiza una aportación importante, mientras que miles de islas completan el mapa productivo del aceite de oliva. En el caso de la aceituna de mesa, la actividad se concentra principalmente en Grecia Central, Grecia Occidental y el norte del país (Calcídica, Kavala, etc.).

En el registro nacional oficial figuran 32 variedades de olivo, aunque existen datos científicos que indican la presencia de entre 50 y 100 variedades, ya sea cultivadas localmente o conservadas en bancos de germoplasma. Las variedades más utilizadas para la producción de aceite de oliva son Koroneiki, Mastoidis, Megareitiki y Lianolia Kerkyras, con Koroneiki como protagonista en las plantaciones actuales y de nueva implantación. Las principales variedades de aceituna de mesa son Chalkidikis, utilizada para aceitunas verdes; Kalamon, destinada a aceitunas negras; y Amfissis, apta tanto para aceitunas verdes como negras. Además, la parte de la cosecha con frutos de pequeño tamaño puede destinarse a la producción de aceite de oliva.

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En la actualidad, los agricultores disponen de material vegetal certificado procedente de viveros para garantizar la autenticidad genética y la sanidad de las plantas y evitar la propagación de patógenos perjudiciales como Verticillium y Xylella. Por cierto, hasta la fecha no se han registrado casos de Xylella en Grecia, lo que convierte al país en una fuente idónea de material de vivero para el mercado internacional.

La mayoría de los olivares se cultivan en plantaciones tradicionales situadas en terrenos con pendiente. Una explotación típica puede estar formada por entre cinco y diez parcelas dispersas en distintas zonas, lo que dificulta y encarece su manejo. Además de esta dispersión, las explotaciones suelen ser muy pequeñas, con una superficie habitual de entre una y cinco hectáreas y una densidad de 100 árboles por hectárea. Durante las últimas cinco décadas se ha observado una tendencia a la intensificación, principalmente mediante el aumento de la densidad hasta 200-250 árboles por hectárea y el uso del riego. Los olivares superintensivos en seto no se han implantado de forma generalizada, principalmente por la escasez de terrenos llanos y por la mentalidad de muchos agricultores griegos, reacios a cambios drásticos.

El manejo del suelo es moderado y mantiene una abundante cubierta vegetal natural durante el invierno. Posteriormente se realizan una o dos intervenciones de control de malas hierbas mediante siega mecánica y, en menor medida, mediante aplicaciones de herbicidas o laboreo. Este sistema permite conservar la rica biodiversidad y proteger el suelo frente a la erosión.

La poda suele realizarse cada tres años en las explotaciones destinadas a la producción de aceite de oliva, mientras que en los olivares de aceituna de mesa se aplican cuidados anuales. La frecuencia, la intensidad y el tipo de poda también dependen del sistema de cultivo (tradicional, intensivo, etc.), de si el olivar es de secano o de regadío y del hábito de crecimiento de la variedad.

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El principal problema fitosanitario en Grecia es la mosca del olivo, que ataca al fruto y puede provocar pérdidas de producción y una disminución de la calidad. Para coordinar su control se aplica un programa nacional supervisado por el Ministerio de Agricultura, basado en la vigilancia de la dinámica del insecto y en tratamientos dirigidos con insecticidas seleccionados. En las zonas del oeste de Grecia y más al norte, las enfermedades fúngicas pueden causar problemas importantes, como la caída de hojas y la podredumbre del fruto, debido a la elevada humedad ambiental. Aunque no representa un problema masivo a escala nacional, la verticilosis provoca pérdidas significativas de árboles en determinadas zonas del centro y norte del país, asociadas al uso previo del suelo para cultivos infectados, al establecimiento de variedades sensibles, a la elevada humedad del suelo y a prácticas de manejo inadecuadas.

En los últimos años ha surgido una tendencia dinámica hacia sistemas de cultivo respetuosos con el medio ambiente. La agricultura ecológica ocupa un lugar central en este movimiento. La producción integrada, basada en la aplicación de los principios de las buenas prácticas agrícolas, también goza de gran popularidad. Otros sistemas más especializados incluyen la agricultura biodinámica, la gestión centrada en la biodiversidad (Olivares Vivos), el ‘carbon farming’, entre otros.

La recolección de las aceitunas destinadas a la producción de aceite se realiza principalmente con equipos portátiles que requieren una gran cantidad de mano de obra. Solo recientemente se han incorporado algunas cosechadoras montadas sobre tractor, con mayor velocidad y eficiencia. En el caso de la aceituna de mesa, la recolección manual sigue siendo la práctica habitual para preservar la calidad del fruto y minimizar los daños por golpes.

Durante las décadas anteriores, la mayoría de las almazaras utilizaban tecnología de tres fases, mientras que en los últimos años el sistema de dos fases ha ganado una cuota importante. Más del 80% del aceite de oliva producido se considera virgen extra. Además, las variedades griegas y la complejidad del ‘terroir’ contribuyen a un elevado nivel de calidad organoléptica. Una gran parte de la producción nacional se consume en Grecia, mientras que otro porcentaje importante se exporta a granel y se envasa en otros países, lo que supone una pérdida de valor añadido para los productores griegos. Afortunadamente, las iniciativas de envasado en Grecia han aumentado en los últimos años. En cualquier caso, la presencia del aceite de oliva griego en los mercados internacionales presenta un amplio margen de mejora.

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En el caso de la aceituna de mesa, la industria ha logrado un reconocimiento excepcional en los mercados internacionales y mantiene una fuerte orientación exportadora. Las aceitunas Kalamata, Chalkidiki y Konservolia son marcas muy conocidas. Por supuesto, existe una fuerte competencia por parte de otros países que producen aceituna de mesa con menores costes de producción gracias a una mano de obra más barata.

Grecia cuenta con 18 productos reconocidos por la Unión Europea con Denominación de Origen Protegida (DOP) y 12 con Indicación Geográfica Protegida (IGP), lo que pone de manifiesto la riqueza y diversidad de los productos del olivar del país. Uno de los logros más recientes ha sido el reconocimiento de la IGP Creta, que abarca todas las zonas productoras de la isla y cuenta con un potencial de producción de 100.000 toneladas de aceite de oliva.

La principal amenaza para la producción olivarera en Grecia es el cambio climático, que se manifiesta en episodios de calor y sequías prolongadas. Otro problema crítico es el elevado coste de producción, debido al alto precio de la mano de obra, la fragmentación de la propiedad y la presencia de terrenos en pendiente, factores que limitan el potencial de mecanización. Entre los principales activos destaca la coexistencia del olivar con el turismo, lo que ofrece una excelente oportunidad para vincular la producción con un mercado de alto valor añadido. Otro aspecto importante es la rica cultura e historia de Grecia, que respaldan una potente estrategia de marketing basada en el relato. Uno de los grandes retos de futuro será mejorar el posicionamiento y la comunicación de los productos griegos del olivar en los mercados internacionales.
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