En Grecia la mayoría de los olivares se cultivan en plantaciones tradicionales situadas en terrenos con pendiente
Datos y reflexiones sobre el sector del olivar en Grecia
Grecia mantiene una de las tradiciones olivareras más antiguas del mundo y continúa siendo uno de los tres principales productores mundiales de aceite de oliva. Con 150 millones de olivos, una amplia diversidad varietal y un predominio de explotaciones tradicionales, el país combina una elevada calidad del producto con retos estructurales como la fragmentación de la propiedad, el aumento de los costes y el impacto del cambio climático. En este artículo, el Dr. Georgios Koubouris analiza las principales características del sector y sus perspectivas de futuro.
En la actualidad, el cultivo del olivo es probablemente la principal actividad agrícola de Grecia, tanto por la población implicada como por su importancia económica. Representa el 78% de las explotaciones de cultivos arbóreos y el 26% de la superficie agrícola utilizada, con 150 millones de olivos. Tradicionalmente, Grecia figura entre los tres mayores productores mundiales, con una producción media anual de entre 250.000 y 350.000 toneladas de aceite de oliva y entre 200.000 y 250.000 toneladas de aceituna de mesa.
En el registro nacional oficial figuran 32 variedades de olivo, aunque existen datos científicos que indican la presencia de entre 50 y 100 variedades, ya sea cultivadas localmente o conservadas en bancos de germoplasma. Las variedades más utilizadas para la producción de aceite de oliva son Koroneiki, Mastoidis, Megareitiki y Lianolia Kerkyras, con Koroneiki como protagonista en las plantaciones actuales y de nueva implantación. Las principales variedades de aceituna de mesa son Chalkidikis, utilizada para aceitunas verdes; Kalamon, destinada a aceitunas negras; y Amfissis, apta tanto para aceitunas verdes como negras. Además, la parte de la cosecha con frutos de pequeño tamaño puede destinarse a la producción de aceite de oliva.
La mayoría de los olivares se cultivan en plantaciones tradicionales situadas en terrenos con pendiente. Una explotación típica puede estar formada por entre cinco y diez parcelas dispersas en distintas zonas, lo que dificulta y encarece su manejo. Además de esta dispersión, las explotaciones suelen ser muy pequeñas, con una superficie habitual de entre una y cinco hectáreas y una densidad de 100 árboles por hectárea. Durante las últimas cinco décadas se ha observado una tendencia a la intensificación, principalmente mediante el aumento de la densidad hasta 200-250 árboles por hectárea y el uso del riego. Los olivares superintensivos en seto no se han implantado de forma generalizada, principalmente por la escasez de terrenos llanos y por la mentalidad de muchos agricultores griegos, reacios a cambios drásticos.
La poda suele realizarse cada tres años en las explotaciones destinadas a la producción de aceite de oliva, mientras que en los olivares de aceituna de mesa se aplican cuidados anuales. La frecuencia, la intensidad y el tipo de poda también dependen del sistema de cultivo (tradicional, intensivo, etc.), de si el olivar es de secano o de regadío y del hábito de crecimiento de la variedad.
En los últimos años ha surgido una tendencia dinámica hacia sistemas de cultivo respetuosos con el medio ambiente. La agricultura ecológica ocupa un lugar central en este movimiento. La producción integrada, basada en la aplicación de los principios de las buenas prácticas agrícolas, también goza de gran popularidad. Otros sistemas más especializados incluyen la agricultura biodinámica, la gestión centrada en la biodiversidad (Olivares Vivos), el ‘carbon farming’, entre otros.
Durante las décadas anteriores, la mayoría de las almazaras utilizaban tecnología de tres fases, mientras que en los últimos años el sistema de dos fases ha ganado una cuota importante. Más del 80% del aceite de oliva producido se considera virgen extra. Además, las variedades griegas y la complejidad del ‘terroir’ contribuyen a un elevado nivel de calidad organoléptica. Una gran parte de la producción nacional se consume en Grecia, mientras que otro porcentaje importante se exporta a granel y se envasa en otros países, lo que supone una pérdida de valor añadido para los productores griegos. Afortunadamente, las iniciativas de envasado en Grecia han aumentado en los últimos años. En cualquier caso, la presencia del aceite de oliva griego en los mercados internacionales presenta un amplio margen de mejora.
Grecia cuenta con 18 productos reconocidos por la Unión Europea con Denominación de Origen Protegida (DOP) y 12 con Indicación Geográfica Protegida (IGP), lo que pone de manifiesto la riqueza y diversidad de los productos del olivar del país. Uno de los logros más recientes ha sido el reconocimiento de la IGP Creta, que abarca todas las zonas productoras de la isla y cuenta con un potencial de producción de 100.000 toneladas de aceite de oliva.






























