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"Un adelanto de la recolección reduce la vecería y evita situaciones como las que vivimos en estos momentos"

Una campaña para no olvidar

Juan Antonio Tello, director de Laboratorios Tello25/03/2026
Esta campaña para muchos será difícil de olvidar, sobre todo por el gran retraso en la recolección, las dificultades de recoger aceituna del suelo, embarrada o dañada, y las posibles pérdidas de aceituna que habrá que dejar en el campo, aunque este porcentaje será menor del esperado. Sin olvidar las grandes pérdidas en muchos cultivos e infraestructuras que tanta lluvia y viento han ocasionado.
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Sin duda, estos factores harán que la campaña sea difícil de olvidar. Pero también deja varias lecciones importantes:

1º.- Faltan infraestructuras hídricas que permitan una mejor gestión de este caprichoso clima y que estas abundantes lluvias, tan concentradas en un determinado período, se puedan almacenar para cuando escaseen.

2º.- La recogida de la aceituna en invierno, con algunas ventajas con relación a otras épocas del año, sí presenta el grave riesgo de una climatología adversa con heladas, lluvias, viento, etc., que, como hemos padecido, influyen mucho en su desarrollo, sobre todo en dos aspectos: la calidad y la dificultad de la recogida.

3º.- La falta de mano de obra, cuando se retrasa nuestra recogida y nos acercamos a otras campañas agrícolas, unida a una falta de relevo generacional, agrava todo el proceso.

¿Qué podemos hacer al respecto?

1º.- La falta de infraestructuras hídricas poco depende de nosotros, salvo en lo que respecta a una fuerte y constante presión a nuestros políticos para que abandonen su cortoplacista punto de vista y aborden estas cuestiones con una visión de muy largo plazo. Los responsables políticos deberían abandonar esa visión cortoplacista.

La supervivencia de nuestro olivar, y de nuestro estilo de vida, depende del agua, por lo que no debemos ser complacientes con los ineficaces.

2º.- Aquí sí podemos actuar de forma individual: adelantar la recogida no es solo por la calidad, que ya lo justificaría, sino también para evitar meternos en meses de climatología adversa como pueden ser diciembre y posteriores. Lo vengo diciendo desde hace tiempo: me encantaría ver a Jaén con dos terceras partes de su cosecha ya recogida para Navidad. Sin olvidar el hecho de que un adelanto de la recolección reduce la vecería y evita situaciones como las que vivimos en estos momentos: toda la aceituna en el suelo, con la gran variabilidad que esto ocasiona en los rendimientos; hay muestras que llegan con más impurezas que aceitunas.

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Repito: la calidad ya justificaría el adelanto de la recogida, pero a veces justificamos no abordarla basándonos en ideas no del todo ciertas; por ejemplo, obtener más rendimiento, casi siempre a costa de perder peso. Sin embargo, fijándonos en esta campaña, observamos lo siguiente:
Valores medios % GR total % humedad % GrsMs
noviembre 18.74 54.32 41.02
diciembre 20.35 51.09 41.60
enero 22.00 47.37 41.80
febrero 21.53 48.53 41.83

 

¿Merece la pena retrasar la recogida mirando solo el rendimiento? Aunque pudiera interpretarse que pasa del 18,74% al 21,53%, de noviembre a febrero, el porcentaje de grasa sobre materia seca es casi el mismo. Es decir, no es que haya hecho más aceite, es que simplemente ha perdido humedad, o sea, peso. El aceite estaba ya todo hecho en noviembre.

Una bodega con una mayor proporción de extra siempre tendrá un valor medio superior a otra en la que predomine el lampante, lo que redundará en un mayor beneficio para sus agricultores. La aceituna helada, la del suelo e incluso la que permanece en el árbol hasta finales de temporada presentan defectos organolépticos muy evidentes que impiden, en los dos primeros casos, y dificultan, en el caso de una maduración excesiva, la obtención de extras.

Pero, es más: el comportamiento de las aceitunas en el proceso de molturación es muy diferente cuando se trata de aceitunas de árbol en su punto temprano u óptimo de maduración y humedad que cuando nos llegan embarradas, con impurezas, heladas, picadas o rotas. En estos casos, el maestro de almazara se las ve y se las desea para encontrar los parámetros adecuados para procesarlas y, peor aún, cuando llegan mezcladas con todas estas circunstancias adversas, lo que suele ser lo más habitual, el proceso de molturación puede volverse ingobernable, por mucha experiencia y ayuda de automatismos que el maestro tenga o disponga.

3º.- En relación con la falta de mano de obra, los políticos también tienen mucha responsabilidad. Parece mentira que falten trabajadores en un país con casi 3.000.000 de desempleados. La falta de relevo generacional podría resolverse en gran medida haciendo atractivo el trabajo agrícola para los jóvenes, algo que no se consigue con políticas tan desincentivadoras hacia el sector primario como las que predominan en la actualidad. Este sector primario, agrícola entre otros, es el motor de una sociedad cada vez más ligada al origen, por lo que preservar su rentabilidad debe ser un objetivo tan prioritario como una adecuada gestión hidráulica.

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Preocupa observar el tremendo desarrollo que en los últimos años están teniendo los llamados olivares modernos —intensivos, superintensivos y en espaldera—, que encuentran su mayor justificación en sus menores costes laborales, por su menor necesidad de mano de obra, sobre todo en la recolección; en su calidad, aspecto que invitaría a reflexiones fuera del alcance de este breve artículo; y, por tanto, en su rentabilidad. Esto está favoreciendo la entrada en nuestro campo de fondos de inversión que hacen perder el sentido de propiedad y apego a la tierra, con la consiguiente disminución del valor patrimonial, social, paisajístico y medioambiental.

Además, sus requisitos hídricos, menores por árbol pero mayores por hectárea, hacen que estas plantaciones modernas no sean viables tal y como las conocemos sin una importante dotación de agua, aspecto que deja “fuera de juego” al resto de olivares, la mayoría, que no tienen acceso a ella. Una adecuada gestión hidráulica que dé posibilidades de acceso al agua a la mayor parte del olivar generaría, sin duda, riqueza en muchas zonas donde casi la única alternativa que hoy se plantean es el abandono.

También son muy interesantes las alternativas que estudios recientes de rentabilidad y de concentración de la producción están desarrollando. Y, pidiendo disculpas de antemano a quien se considere digno de mención —muchos, seguro—, sí quiero resaltar la gran labor que en este sentido mi apreciado amigo Antonio Ruz lleva años desarrollando. Qué panorama tan diferente veríamos en muchas zonas de olivar tradicional y bajo amenaza si estas alternativas se desarrollaran y, además, contasen con agua.
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