Varios grupos de investigación nacionales e internacionales están trabajando en medidas de control y contención alternativas
Un hongo podría ayudar a contener la enfermedad causada por Xylella fastidiosa
Un equipo de la Universidad de Córdoba está investigando nuevas formas de contener las plagas de Xylella fastidiosa en el olivo con unos hongos entomopatógenos que infectan de manera natural a los vectores (insectos) que transmiten esta enfermedad.
En la Unión Europea, las medidas de cuarentena, contención y erradicación de Xylella fastidiosa son de obligado cumplimiento desde 2013. Sin estas medidas, se estima que la plaga podría generar pérdidas por un valor anual de 5.500 millones de euros, y poner en riesgo 300.000 trabajos relacionados con el cultivo de olivo, almendro, cítricos y vid.
En España el impacto ha sido mucho menor. “Realmente impacto económico aquí no ha tenido”, explica el investigador. “En España el cultivo en el que más está apareciendo es en almendros”, puntualiza. “La subespecie pauca, que es la causante el decaimiento rápido de olivo en el sur de Italia, sólo se ha encontrado en Mallorca, en una zona de acebuches”, aclara el investigador.
Por eso, como parte del proyecto Bexyl, varios grupos de investigación nacionales e internacionales están trabajando en medidas de control y contención alternativas, como variantes de plantas resistentes al patógeno o formas de controlar los vectores que ayudan a transmitir el patógeno mediante bioplaguicidas a base de microorganismos entomopatógenos, que es lo que busca el equipo de la UCO.
Por ejemplo, en el caso del olivar estas políticas promueven el uso de cubiertas vegetales durante una parte del año para reducir la huella de carbono y proteger el suelo de la erosión, por lo que en el caso no deseado de que el problema finalmente alcanzara a los olivares españoles, sería necesario seleccionar cubiertas vegetales que no favorezcan los insectos que ayudan a transmitir Xylella fastidiosa.
“Es un equilibrio complicado”, señala Quesada. “Estos insectos están en las cubiertas, para poner los huevos, para vivir”, aclara. “Hay que implementar medidas de distintas índoles, ver qué cubiertas vegetales pueden perjudicar más a los vectores”, explica.
“Buscamos microorganismos entomopatógenos dentro del propio olivar, en el suelo, en las hojas del cultivo y de la flora arvense”, explica Quesada, “Queremos aprovechar los servicios ecosistémicos del olivar para intentar manejar los vectores. O sea, hacer un control biológico”.
El proyecto acaba de rebasar su ecuador y, de momento, esta nueva estrategia ofrece resultados prometedores. Hasta la fecha, sólo se han estudiado en el laboratorio con técnicas moleculares y de bioensayo. Pero, a partir del próximo año se probarán sobre el terreno en las fincas afectadas de Puglia, en Italia.
“Hay que concentrar mucho la investigación en primavera, verano”, explica Quesada, “Estos insectos no se pueden criar en condiciones de laboratorio”.

















