Entrevista a Alejo Migones, VP Food Safety & Quality de bioMérieux
El vicepresidente de Food Safety & Quality de bioMérieux, Alejo Migones, comparte su visión sobre cómo la seguridad alimentaria está evolucionando desde una función de control hacia un motor de competitividad, eficiencia y creación de valor para las empresas del sector.
Durante años la seguridad alimentaria se ha considerado una obligación regulatoria. ¿Está cambiando esa visión?
Sin duda. La seguridad alimentaria ha dejado de ser únicamente una cuestión de cumplimiento normativo para convertirse en un elemento estratégico para las compañías. Hoy, en un entorno marcado por la presión sobre costes, la volatilidad de las cadenas de suministro, la escasez de recursos y unas exigencias crecientes por parte de consumidores y reguladores, la gestión del riesgo impacta directamente en la competitividad, la rentabilidad y la sostenibilidad de las organizaciones.
La pregunta que los líderes de la industria deben hacerse ya no es si sus programas de calidad cumplen los requisitos establecidos, sino si esos programas están ayudando realmente a mejorar el rendimiento del negocio.
¿Cuáles son actualmente los principales retos para los responsables de las industrias alimentarias?
Existe una necesidad común en prácticamente toda la industria alimentaria: producir más, mejor y con recursos limitados.
Sin embargo, muchas compañías siguen soportando costes ocultos asociados a la no calidad: retiradas de producto, desperdicio alimentario, reprocesados, tiempos de parada, limpiezas extraordinarias, reclamaciones de clientes o pérdida de vida útil. Aunque no siempre son visibles, estos factores tienen un impacto en la cuenta de resultados que, dependiendo de los casos, puede oscilar entre 100.000 y 1 millón de euros.
Por eso creemos que la seguridad alimentaria debe medirse no solo por el número de análisis realizados o el cumplimiento de auditorías, sino por su capacidad para proteger la rentabilidad del negocio, optimizar recursos y mejorar la eficiencia operativa.
¿Por qué considera que el modelo tradicional de gestión del riesgo ya no es suficiente?
Porque durante décadas estuvimos trabajando con enfoques diseñados para detectar y solucionar desviaciones una vez que ya habían ocurrido. Ese modelo fue eficaz en el pasado, pero la industria actual es mucho más compleja.
Hoy las empresas operan en cadenas de suministro globales, gestionan múltiples proveedores, incorporan nuevas materias primas y desarrollan productos alineados con tendencias como las etiquetas limpias, la reducción de aditivos o una mayor transparencia hacia el consumidor.
En este contexto, reaccionar ya no es suficiente. Las organizaciones líderes están evolucionando hacia modelos que permitan anticipar riesgos antes de que impacten en la producción o en el mercado. Entender por qué ocurre un problema, dónde se origina y cómo evitar que vuelva a producirse será una de las grandes ventajas competitivas de la próxima década.
Existe una creciente presión por mejorar la sostenibilidad. ¿Qué papel desempeña la calidad en este ámbito?
Un papel fundamental. Cada año una parte significativa de los alimentos producidos se pierde como consecuencia del deterioro microbiológico y de problemas relacionados con la calidad. Estas pérdidas generan un importante impacto económico, pero también una huella ambiental considerable.
Cuando una compañía consigue reducir mermas, prolongar la vida útil de sus productos o evitar retiradas de mercado, está logrando simultáneamente tres objetivos: mejorar su rentabilidad, reducir su impacto ambiental y fortalecer la confianza de clientes y consumidores.
Por eso sostenibilidad y eficiencia operativa ya no son conceptos independientes. Son dos caras de una misma moneda.
bioMérieux habla de ‘Augmented Diagnostics’. ¿Qué significa exactamente?
Significa proveer a la industria de soluciones que de forma ágil le permitan obtener información de valor, y transformar la información en decisiones.
Las empresas alimentarias generan enormes cantidades de datos a través de sus programas de control ambiental, análisis de producto, etc. Sin embargo, con frecuencia estos datos permanecen aislados y no se aprovechan plenamente.
Nuestra visión consiste en ayudar a las organizaciones a convertir esa información en conocimiento accionable que permita tomar decisiones más rápidas, más precisas y con mayor impacto sobre el negocio.
Al final, el verdadero valor no está en generar más datos, sino en utilizarlos para mejorar procesos, reducir riesgos y optimizar recursos.
¿Podría compartir algún ejemplo concreto?
Claro. Soluciones como GENE-UP TYPER ayudan a acelerar la comprensión del origen de determinados eventos microbiológicos con patógenos muy relevantes como Salmonella o Listeria monocytogenes, facilitando investigaciones más rápidas y una capacidad de respuesta mucho más eficaz ante incidencias que podrían traducirse en pérdidas económicas o interrupciones productivas.
Por otro lado, SMARTBIOME permite abordar uno de los grandes desafíos de la industria: comprender mejor el deterioro microbiológico y su impacto sobre la vida útil de los productos. Gracias a una mayor comprensión de las causas del deterioro, las empresas pueden actuar sobre la raíz del problema, reduciendo desperdicios y mejorando la eficiencia de sus operaciones.
La verdadera oportunidad reside en ir más allá de la detección y entender por qué aparecen determinados microorganismos, cómo evolucionan y qué consecuencias tienen sobre la rentabilidad del negocio. Ese conocimiento permite avanzar hacia operaciones más eficientes, sostenibles y orientadas a la prevención.
También habla de colaboración como una tendencia clave. ¿Por qué?
Porque los desafíos actuales son demasiado complejos para ser gestionados de forma individual.
La seguridad alimentaria del futuro se basará cada vez más en la combinación de conocimiento experto, datos y colaboración entre todos los actores de la cadena de valor.
Por eso impulsamos iniciativas como Trusted Third Party (TTP) junto a Mérieux NutriSciences. Su objetivo es generar inteligencia colectiva a partir de datos agregados y anonimizados para ayudar a la industria a identificar patrones de riesgo, fortalecer la gestión de proveedores y tomar decisiones más informadas.
Más allá de la tecnología, representa una nueva forma de colaboración basada en la confianza y en la creación de valor compartido.
¿Cómo imagina la gestión del riesgo alimentario dentro de cinco años?
Va a ser muy diferente.
Los líderes ya no querrán saber únicamente si existe un problema. Querrán comprender cuál es la probabilidad de que ocurra, cuál puede ser su impacto económico y qué acciones preventivas ofrecen el mayor retorno de inversión.
Veremos una integración mucho más estrecha entre calidad, operaciones, compras y cadena de suministro. El riesgo dejará de gestionarse de forma aislada para convertirse en un indicador estratégico compartido por toda la organización.
Además, las compañías más avanzadas utilizarán datos procedentes de múltiples fuentes para identificar tendencias, detectar señales tempranas y fortalecer la gestión de proveedores y riesgos emergentes.
En mi opinión, las organizaciones líderes no serán aquellas que reaccionen más rápido ante una crisis, sino aquellas capaces de evitar que esa crisis llegue a producirse.
Para finalizar, ¿cuál es el papel que quiere desempeñar bioMérieux en esta transformación?
Queremos ser un socio estratégico a largo plazo para nuestros clientes.
Con más de tres décadas de experiencia en Aplicaciones Industriales, seguimos invirtiendo en ciencia, innovación y tecnologías disruptivas para ayudar a la industria alimentaria a adaptarse a un entorno en constante transformación.
Nuestro objetivo es ir más allá de los resultados analíticos aislados. Gracias al desarrollo de soluciones basadas en microbiología avanzada, secuenciación y análisis inteligente de datos, estamos ayudando a los fabricantes a optimizar procesos, fortalecer sus programas de gestión del riesgo microbiológico y mejorar continuamente sus estándares de calidad.
En última instancia, todas estas innovaciones persiguen un mismo objetivo: ayudar a la industria alimentaria a producir alimentos más seguros, operar de forma más eficiente y construir organizaciones más resilientes. Porque la seguridad alimentaria ya no es solo una cuestión de protección, sino una palanca de competitividad y crecimiento sostenible.









