El calentamiento del mar y las medusas plantean nuevos retos para la salud del salmón de acuicultura
Un estudio en el que participa el IATS-CSIC analiza cómo el aumento de la temperatura del agua, la menor disponibilidad de oxígeno y la exposición a medusas pueden combinarse para alterar la salud del salmón atlántico y comprometer su capacidad de recuperación ante situaciones de estrés.
La acuicultura de salmón afronta un escenario ambiental cada vez más complejo. Un estudio realizado por el Instituto de Acuicultura Torre de la Sal (IATS-CSIC) y el centro de investigación noruego NOFIMA ha analizado cómo distintos factores asociados al cambio climático interactúan y afectan a la salud del salmón atlántico.
El trabajo, publicado en Frontiers in Marine Science, señala que el aumento de la temperatura del agua es el principal factor de riesgo entre los analizados. El calentamiento modifica las comunidades bacterianas de las branquias y altera la actividad de genes relacionados con la inmunidad, la producción de mucus protector y la integridad de los tejidos.
Un escenario de estrés combinado
La investigación reproduce experimentalmente un escenario en el que los peces están sometidos a temperaturas elevadas, menor disponibilidad de oxígeno y exposición a Aurelia aurita, una de las especies de medusa más extendidas en el Atlántico Norte.
Las medusas, por sí solas, no provocaron alteraciones importantes en los peces estudiados. Sin embargo, cuando actuaron conjuntamente con otros factores de estrés, modificaron la respuesta biológica del salmón y agravaron algunos de los efectos asociados a estas condiciones ambientales.
En concreto, la exposición a medusas en combinación con temperaturas elevadas y menor disponibilidad de oxígeno desencadenó cambios relacionados con procesos como la cicatrización, la coagulación, la movilidad celular y la reparación de los tejidos.
Un reto para las granjas marinas
La proliferación de medusas puede tener una incidencia directa en las instalaciones acuícolas. Según el CSIC, estos organismos pueden atravesar o chocar contra las redes de las jaulas y producir daños en las branquias de los peces. Su mayor presencia en determinadas zonas costeras, favorecida por el calentamiento de mares y océanos, incrementa las posibilidades de contacto con las instalaciones.
El impacto adquiere especial relevancia para la industria del salmón. La producción mundial de esta especie superó los 2,8 millones de toneladas en 2023, con Noruega y Chile como principales países productores, que concentraron el 82% del total mundial, según los datos recogidos por el CSIC.
Más allá de los daños físicos que puedan ocasionar las medusas, el estudio apunta a la importancia de considerar la interacción entre diferentes factores ambientales. En un contexto de océanos más cálidos y con episodios de calentamiento marino más frecuentes, la combinación de estresores puede dificultar la recuperación de los peces y convertirse en un factor adicional para la gestión sanitaria de las granjas.
Indicadores para anticiparse al estrés
Una de las aportaciones del trabajo es la identificación de determinados microorganismos y genes del salmón que podrían utilizarse en el futuro como indicadores tempranos de estrés ambiental. Entre los microorganismos identificados figuran Streptococcus y Staphylococcus.
Estos resultados pueden contribuir al desarrollo de sistemas de monitorización y estrategias de adaptación destinadas a proteger la salud de los peces y reforzar la capacidad de respuesta de la acuicultura frente a las nuevas condiciones ambientales. El estudio se realizó en el marco del proyecto europeo MSCA-ITN European Aquaculture Training for Improving Seafood Husbandry (EatFish).









