Entre el plástico y el cambio climático: los retos emergentes para las sardinas
El grupo de investigación SEAaq (salud de ecosistemas y animales acuáticos) de la Universitat Autònoma de Barcelona, en colaboración con investigadores del IFREMER y el CNRS de Francia, ha analizado cómo las fibras de plástico que contaminan los océanos y los mares como el Mediterráneo son ingeridas por la sardina europea (Sardina pilchardus). La investigación ha sido financiada por el proyecto nacional PLASMAR (Proyecto I+D+i Retos de Investigación, del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades) y la beca de movilidad UAB ESTPIF 2022-29.
El estudio se ha realizado mediante un sistema experimental en condiciones controladas. Esto ha permitido analizar cómo los factores, como la alimentación y la temperatura, afectan a la ingesta y la expulsión posterior de fibras plásticas por parte de las sardinas, e inferir algunos de sus posibles efectos negativos. Los resultados ofrecen una visión más clara de las amenazas que afronta esta especie y añaden factores a tener en cuenta para futuros esfuerzos de conservación.
En este trabajo, el equipo de investigación demuestra que las sardinas ingieren fibras de plástico presentes en el agua y que su comportamiento alimentario es crucial en este proceso. Las sardinas que se alimentan por filtración ingieren más fibras (de media, 4,95 fibras por individuo) que aquellas que capturan directamente partículas de alimento (0,6 por individuo). Además, se ha visto que las sardinas que se alimentan por filtración presentan una peor condición corporal, debido principalmente a la menor cantidad de alimento ingerido y no al hecho de ingerir fibras de plástico. La temperatura del agua parece no afectar directamente a la cantidad de fibras ingeridas, pero sí al tiempo que tardan en ser expulsadas. A temperaturas más altas, las sardinas expulsan las fibras más rápido, generalmente en un periodo de 48 horas.
Aun así, sería engañoso pensar que un aumento de la temperatura del agua es beneficioso porque acelera la expulsión de las fibras plásticas. El cambio climático ha provocado transformaciones importantes en los ecosistemas marinos, incluida la reducción del tamaño del plancton en el Mediterráneo. Las sardinas, que prefieren alimentarse de presas más grandes por ser más nutritivas, se ven cada vez más obligadas a recurrir a la filtración por la menor disponibilidad de plancton de mayor medida. Este cambio en su comportamiento alimentario no solo les proporciona menos energía, sino que también aumenta la probabilidad de ingerir más fibras de plástico presentes en el agua».
Aunque los autores del estudio no han identificado efectos negativos directos relacionados con la ingesta de fibras plásticas en las sardinas estudiadas, destacan que los cambios en el entorno, impulsados por factores como el cambio climático, podrían desarrollar un papel importante en modular los impactos de estos contaminantes.




