En la D.O. se producen los segundos vinos más vendidos del país, bajo 900 marcas diferentes

Ribera del Duero, cuando la tradición vinícola se vuelve milenaria

Anna León02/02/2011

2 de febrero de 2011

Como ya sucedía con Jumilla, Ribera del Duero hace gala de un pasado vinícola milenario. En el territorio delimitado por esta denominación de origen queda constancia del consumo de vino por parte del pueblo vacceo, especialmente entre sus estratos sociales más altos, el primero con presencia estable y documentada en la  Meseta Norte, al menos desde el siglo III a.c. Si entonces el vino era un elemento integrador, de cohesión social, el paso del tiempo ha dado lugar a unos caldos amparados por una denominación de origen que ostenta el 8,6% de cuota de mercado nacional, según el último informe Nielsen. Su relevancia, dentro y fuera del país, no ha sido un impedimento para que los 8.000 viticultores y más de 270 bodegas inscritas a esta D.O. sigan elaborando vinos característicos, con cuerpo, básicamente a base de Tempranillo.
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Foto: Fernando Fernández.

En la Ribera del Duero vallisoletana, entre los términos de Padilla de Duero y Pesquera, se vislumbran huellas aún perceptibles de una tradición vinícola que se remonta al siglo IV a.c. Tras analizar restos microscópicos hallados en algunas de las vasijas del yacimiento Vacceo-Romano de Pintia, los investigadores han hallado evidencias acerca del ‘saber hacer’ y también del consumo de vino entre el pueblo vacceo, perteneciente al grupo de celtas peninsulares y de origen centroeuropeo. Recipientes cuyo uso se limitaba al servicio y consumo de esta bebida. Desde hace 30 años, los trabajos arqueológicos en la ciudad de Pintia han sacado a la luz el papel integrador del vino, presente en banquetes domésticos, rituales funerarios y otros acontecimientos sociales, aunque eso sí, como símbolo de estatus social. Hoy en día, en la misma zona donde se desarrolló este pasado vinícola, se alza una de las denominaciones de origen más conocidas, incluso fuera de nuestras fronteras, cuyos vinos se exportan a más de un centenar de países de los cinco continentes. El mercado interior tampoco se queda atrás: los Ribera del Duero poseen el 8,6% de la cuota nacional, según el último informe Nielsen. La clave de esta fama merecida reside en la variedad autóctona por excelencia, la Tempranillo, base del 90% de los caldos de la zona; las condiciones climatológicas extremas junto a la altura a la que se plantan las cepas, lo que favorece el cultivo de Tempranillo, así como el esfuerzo y trabajo de los 8.000 viticultores y más de 270 bodegas adscritas a esta D.O.

La clave de los Ribera del Duero está en el cultivo de Tempranillo, la climatología adversa y el trabajo de los 8.000 viticultores y más de 270 bodegas de la  D.O.
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La altura a la que se plantan las cepas favorece el cultivo de la variedad Tempranillo. Foto: Fernando Fernández.

Una tierra de gran potencial vinícola, con más de 900 marcas bajo el amparo de la D.O.

Ribera del Duero delimita una comarca donde se producen más de 900 marcas autóctonas que gozan del amparo y la garantía de esta denominación de origen, lo que da una idea de su potencial. Unas tierras que se sitúan en la cuenca del río Duero, en la franja que confluye entre las provincias de Burgos, Segovia, Soria y Valladolid. El Duero baña y une a más de 100 pueblos distribuidos a lo largo de una franja vinícola de unos 115 kilómetros de longitud y 35 de anchura. Actualmente, forman parte de esta D.O. un total de 60 municipios de la provincia de Burgos, 4 de Segovia, 19 (incluyendo anejos y pedanías) de la provincia de Soria y 19 de Valladolid.

Ribera del Duero, como ya se ha visto, ha sabido sacar provecho de las condiciones climatológicas extremas y también de las geológicas, cuya influencia se percibe a lo largo del ciclo vegetativo de las viñas, incidiendo sobre todo en el desarrollo de la planta y la maduración de la uva. Se habla pues, de una pluviometría moderada-baja, de veranos secos e inviernos austeros y largos así como variaciones térmicas acusadas. Para hacerse una idea, en el mes de julio la temperatura media se aproxima a los 21,4 ºC, aunque al mediodía se puede llegar a los 40 ºC. Por el contrario, la región puede registrar una media de 16 ºC, al caer la noche. Se trata pues de algunos de los rasgos básicos que definen un clima mediterráneo de tipo continental y que favorecen, eso sí, el cultivo de variedades como la Tempranillo, omnipresente en más del 90% de los caldos que se producen en la zona. De hecho, un clima fresco dota de elegancia y acidez a esta variedad, aunque características como grosor de la piel, nivel elevado de azúcar y color intenso precisan de uno más caluroso. Ribera del Duero, tierra de contrastes, aúna ambos opuestos, lo que redunda en una uva de calidad superior. 

Ribera del Duero saca provecho de las condiciones climatológicas extremas y geológicas que inciden en el desarrollo de la planta y la maduración de la uva
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La Tempranillo es una de las pocas variedades que resiste altitud y climatología continental, como la que se da en la Ribera del Duero. Foto: Fernando Fernández.
Una denominación de origen que nace, a instancias de la mayoría de los viticultores de la zona

El 17 de noviembre de 1979, el Instituto Nacional de Denominaciones de Origen (INDO) reconocía, con el apoyo del 98% de los vitivinicultores autóctonos, la D.O. Ribera del Duero, con carácter provisional, en el ayuntamiento de Aranda de Duero. Unos meses después, el 23 de julio de 1980 se constituyó el Consejo Regulador Provisional de Denominación de Origen ‘La Ribera del Duero’. En aquella época, la variedad Tempranillo se cultivaba en el 60% de los viñedos de la zona. Ya en la década de los años 80, concretamente en 1981, se aprobó la primera contraetiqueta de Ribera del Duero. Un año después se produciría el nacimiento de la Denominación de Origen. El 21 de junio de 1982 se firmaba el acta fundacional de la Denominación de Origen Ribera del Duero y se aprobaba su reglamento.

Desde el año 1985, los vinos de la D.O. aparecen en la mayoría de los artículos de la crítica especializada. Su demanda también sigue al alza. Según datos facilitados por el Consejo Regulador, durante el año 2010, se entregaron 72,54 millones de contraetiquetas, un 15,57% más que en el año 2009. Los incrementos más espectaculares se registraron en los reserva y gran reserva. Así, se entregaron un total de 3,86 millones de contraetiquetas para reserva (54,70% más) y 341.668 para gran reserva (54,69%).

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Los segundos vinos más vendidos del país, se elaboran a base de Tempranillo

La Tempranillo, también conocida como Tinta del país o Cencibel, es una variedad de uva tinta que se cultiva, sobre todo en dos regiones del país: La Rioja y Ribera del Duero. Por lo que respecta a la segunda, esta variedad autóctona, presente en casi el 100% de los vinos locales, aporta cuerpo a los tintos, siendo una de las pocas que se adapta a climas mediterráneos continentales. El resto de variedades autorizadas por la D.O. Ribera del Duero son Cabernet-Sauvignon, Merlot, Malbec y Garnacha Tinta. La única variedad de uva blanca autorizada es la Albillo o Blanca del País. Volviendo a la Tempranillo, y como ya se ha mencionado, ésta variedad es el denominador común de la mayoría de los rosados, tintos jóvenes y jóvenes roble, crianzas, reservas y grandes reservas que se producen, elaboran y embotellan en estas tierras vallisoletanas. Aun así, cada uno de los vinos garantizados por la D.O., los segundos más vendidos del país, reúne un compendio de matices propios. Por ejemplo, los rosados, fermentados en ausencia de hollejo de la uva, se pueden degustar una vez finalizada la vendimia. De aspecto rosa fresa, se caracterizan por sus aromas frutales, con toques de bayas silvestres y fruta madura. En boca, resultan vinos afrutados y frescos, de una acidez característica. Por su parte, los tintos jóvenes son vinos sin permanencia en madera o con un paso por barrica inferior a 12 meses. Se comercializan y distribuyen al consumidor final pocos meses después de la vendimia. A simple vista, el aficionado aprecia unos vinos de color rojo guinda intenso, con singulares ribetes azulados, añiles, violetas e incluso púrpuras. En nariz, se aprecian aromas primarios densos, que recuerdan a fruta madura y bayas silvestres. Al paladar, se vislumbran amplios y llenos de sabores. Además, ofrecen un aporte tánico importante, junto a una acidez equilibrada que les otorga una mayor viveza.

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Los vinos Ribera del Duero, segundos más vendidos a nivel nacional, se exportan a los cinco continentes. En la D.O. se producen rosados, tintos jóvenes y jóvenes roble, crianzas, reservas y grandes reservas. Foto: Fernando Fernández.

En cuanto a los tintos crianza, estos son caldos cuya estancia en barricas de roble supera los 12 meses y se comercializan después del 1 de octubre del segundo año, finalizada la vendimia. Visualmente, presentan colores que evolucionan de un picota intenso al rojo guinda. En nariz, sobre una persistente base frutal, se detecta un compendio de maderas nobles, desde los especiados de vainilla, regaliz o clavo, hasta los tostados y torrefactos. En boca resultan carnosos, estructurados y redondos. Dentro de los tintos reserva tienen cabida todos aquellos vinos envejecidos durante 36 meses en barrica y botella, con un mínimo de un año en barrica. Se lanzan al mercado con posterioridad al 1 de diciembre del tercer año tras la vendimia. Sus tonalidades varían del rojo picota granate al rojo rubí. En nariz son intensos y elegantes, destacando aromas profundos de fruta sobre madura y confitada, combinados con cuero, almizcle, minerales y balsámicos. Al degustar, se delatan carnosos, potentes, equilibrados, amplios y robustos. Por último, bajo la tipología tinto gran reserva, se incluyen aquellos vinos de calidad excepcional, tras una crianza de como mínimo 60 meses (al menos 24 en barrica y 36 meses en botella a posteriori). No se comercializan antes del 1 de diciembre del quinto año, tras la vendimia. Se distinguen por su apariencia sobre una base rojo cereza, apreciándose una amplia gama de tonalidades: desde el rojo granate hasta el rubí. Resultan potentes en nariz, donde dejan ir aromas complejos diversos, sobre un fondo de frutas compotadas. De estructura firme y gusto equilibrado, en boca se caracterizan como elegantes y persistentes, fruto de su longevidad y madurez acreditadas.

‘Drink Ribera, Drink Spain’

Hoy en día, los vinos de Ribera del Duero se pueden hallar en más de un centenar de países de los cinco continentes. Actualmente, se exporta a toda Europa, desde Francia a Austria, Finlandia a Chipre, Albania, Polonia o las Islas del Canal. Los vinos ribereños también tienen presencia en América, especialmente en Estados Unidos, Canadá, México, Belice, Nicaragua, Costa Rica, en las Islas del Caribe, Colombia, Perú, Brasil, Ecuador, Uruguay o Argentina. Los caldos acogidos a esta D.O. vallisoletana también se han introducido en Asia, África y Oceanía, en países como Senegal, Cabo Verde, Kenia, Guinea, Nueva Zelanda, Australia, Corea, Vietnam, Camboya, Singapur, Jordania, Qatar, India, Japón o Mongolia. Una expansión internacional que se lleva a cabo desde el Consejo Regulador de la Ribera del Duero, constituido formalmente el 23 de julio de 1980. Desde este organismo ya se puso en marcha, en agosto del año 2009, la campaña ‘Drink Ribera, Drink Spain’, destinada al mercado estadounidense. Este plan de difusión, presupuestado en 1,10 millones de euros, refuerza y posiciona los vinos de la D.O. en el principal mercado en importancia del mundo. La primera fase de dicha campaña, para el periodo 2009-2010, se ultimó el pasado mes de julio. Durante esos meses, se organizaron actividades de diversa índole: desde catas, pasando a la participación en ferias, presentaciones, acciones destinadas a importadores, distribuidores y medios. En estos momentos, ya se ha iniciado la segunda fase de ‘Drink Ribera, Drink Spain’. A modo de balance, se ha logrado incrementar en un 23% el conocimiento de la marca Ribera del Duero, tras el primera año de campaña, entre el consumidor americano.

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