Granjas como motor de desarrollo rural: el papel del sector porcino en Castilla y León
El porcino de capa blanca es un cimiento económico y social esencial de Castilla y León. Su impacto va mucho más allá de las cifras, ya que su actividad mantiene vivas muchas zonas rurales gracias a sus granjas e industrias que combinan innovación, sostenibilidad y compromiso con el territorio, según un análisis elaborado por la Organización Interprofesional Agroalimentaria del Porcino de Capa Blanca (Interporc).
El porcino de capa blanca es uno de los pilares que sostienen Castilla y León. La moderna ganadería porcina es un eje de cohesión territorial: activa economías locales, genera empleo directo, indirecto e inducido y contribuye a que los pueblos mantengan servicios básicos y vida comunitaria. Su papel no se limita a las granjas; también impulsa industrias, transportes, fábricas de piensos, mataderos y salas de despiece. Una auténtica cadena de valor que arraiga actividad en el territorio y contribuye enormemente a evitar la pérdida de población.
La tradición y la relevancia del porcino de capa blanca se percibe en las nueve provincias de la comunidad y en muchos de sus pequeños pueblos. Allí donde hay granjas, hay movimiento económico y social. Cooperativas, veterinarios, empresas de bioseguridad, transportistas… y siempre, en torno a esta actividad, pequeños comercios y servicios que encuentran una demanda estable.
Cada granja que se mantiene activa se traduce en actividades directas e indirectas a su alrededor. Familias que continúan en el pueblo donde tienen sus raíces, escuelas que no se cierran porque cuentan con escolares que acuden a las aulas y suministros esenciales que permanecen abiertos y dan servicio a todos los habitantes de ese lugar. Por eso, más que allá de la simple estadística, el porcino de capa blanca es un proyecto de territorio.
El censo de mayo de 2025 refleja la fortaleza del porcino de capa blanca, con más de 3,3 millones de cabezas registradas en Castilla y León. Esta cifra sitúa a la Comunidad entre las principales regiones ganaderas del país y supone casi el 10% del total nacional. Si bien son datos en los que se aprecia un descenso del 0,7% respecto a 2024, se trata de un ajuste leve que no altera el papel estructural de esta actividad en el medio rural.
La vocación exterior de las empresas porcinas de la Comunidad es otra de las palancas con las que el sector contribuye a la bonanza del territorio. Entre enero y agosto de 2025, Castilla y León exportó 61.890 toneladas, frente a 77.020 del mismo periodo del año anterior (-19,7%). Un ajuste que responde a una demanda internacional más moderada y que no impide que la Comunidad tenga presencia destacada en los mercados más importantes del mundo, donde se valora la calidad y la seguridad alimentaria que garantizan los productos porcinos de Castilla y León.



