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“Un vino, al igual que la cocina, debe ser honesto, por eso intentamos conocer a los productores, sus proyectos, sus ideas, porque es realmente ahí donde se encuentra la esencia del vino”

Entrevista a Andrés Rodríguez, sumiller de Cenador de Amós

Nina Jareño13/06/2022

El Cenador de Amós ha mantenido sus 3 Estrellas Michelin para 2022. Ubicado en un privilegiado entorno arquitectónico y natural en Villaverde de Pontones (Cantabria), este laureado restaurante cuenta con una bodega de más de 200 años de historia. Un lugar de silencios y cientos de rincones en los cuales se esconden más de 3.200 botellas que abarcan cerca de 800 referencias de diversos países. De ello hablamos con su máximo responsable, Andrés Rodríguez.

Empecemos hablando de su historia. ¿Qué le llevó a dedicarse a la sumillería?

Siempre he tenido vocación por la hostelería y más concretamente por la sala, comencé teniendo un bar a los 17 años y un restaurante a los 22 que trabajé 4 y 2 años correspondientemente. Después trabajé varias temporadas a bordo de cruceros en Royal Caribbean, donde mi interés por el vino creció cuando me nombraron responsable de Chefs Table, la cena del barco de menú degustación con maridaje. A raíz de ello comencé a formarme en este mundo. Hace 5 años empezó mi andadura en el Cenador de Amós, donde mi pasión por la sumillería, y el vino en general sigue creciendo día a día gracias a que es un mundo infinito y lleno de grandes profesionales que alimentan esas ganas de crecer y mejorar.

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Andrés Rodríguez, sumiller de Cenador de Amós.

Y ahora que la vive desde dentro, ¿cómo necesita ser un sumiller para ser considerado un buen profesional?

Sin duda diría que es el hambre de aprender, de estudiar y de, aun siendo consciente de que nunca lo harás, querer cubrir todo ese conocimiento. Catando cuanto vino, destilado, cerveza, puro, sake o cualquier otro producto tengamos oportunidad, siempre intentando entenderlo y analizarlo, nunca juzgándolo. Otro aspecto importantísimo es la psicología de entender al comensal y ayudarlo en medida de lo posible a la elección correcta de la bebida que acompañará lo que aspiramos a que sea, la mejor experiencia gastronómica de su vida.

En Cenador de Amós trabaja con más de 3.200 botellas, 800 referencias, de muchos países… ¿Cómo se gestiona todo este patrimonio?

Inconscientemente, al trabajar todos los días en y con ella se tiene presente todo el tiempo ese dilema. Evidentemente hay vinos de cupos limitados o problemas con producciones que dan dolores de cabeza o tientan a un gestor de bodega a quitar esa referencia de la carta, pero ganan las ganas de ofrecer cosas exclusivas y difíciles de encontrar. Lo importante es llevar un equilibrio de lo que queremos vender con lo que podemos vender y, evidentemente, cuidando mucho la organización de la misma, teniendo presente las capacidades de guarda de cada referencia o los tiempos en que podemos disponer de nuevos pedidos de ellos o no.

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Cenador de Amós es la culminación del periplo profesional del chef Jesús Sánchez, que ha sido reconocido con los máximos galardones nacionales e internacionales.

¿Siente la responsabilidad en sus hombros de las 3 estrellas o simplemente le dan energía?

Sin lugar a dudas me dan energía, me motivan a buscar esa excelencia y no solo cumplir sino superar las expectativas de cada comensal que entra por la puerta. Y, realmente, es algo sencillo de hacer, ya que tengo la suerte de que mi trabajo no solo me guste muchísimo, es mi pasión.

A la hora de incorporar nuevas referencias en su carta, ¿qué busca?

Hay muchísimas bodegas y muchas más referencias. Respeto mucho el trabajo de los productores, hay mucho mérito y trabajo detrás de una botella de vino, por lo que elegir cuáles sí y cuáles no incorporar es muchas veces difícil y probablemente injusto con las que no entran. Al final es un mundo muy personal y subjetivo e inevitablemente, al ser mi responsabilidad, influyen mi gusto y preferencias Un vino tiene que tener personalidad, pero a la hora de elegir diría que debe sorprender: un vino puede tener una tipicidad increíble y, aun así, ser sorprendente. Eso me encanta.

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Andrés Rodríguez escoge con mimo los vinos, ya sea eligiendo una botella o acompañando su elección gastronómica con un maridaje acorde.

‘Una simplicidad sofisticada’ es la definición de la cocina de Jesús Sánchez. ¿Cómo elabora los maridajes para que encajen con este estilo?

El maridaje es lo que más me gusta de mi profesión, donde puede uno recrearse y disfrutar mano a mano con el comensal a lo largo de su experiencia. Además, es algo tan subjetivo como el vino, por lo que conlleva mucha improvisación y adaptación a los gustos personales. La clave está en, por una parte, conocer los ingredientes, los sabores, los platos… Y, por otra, igual de importante captar las preferencias individuales rápidamente. En cuanto al estilo de Jesús, es complejo maridar los platos por la cantidad de ingredientes y elaboraciones y por respetar los sabores pero, a la vez, es sencillo porque Jesús representa al cantábrico, tiene un estilo bien definido.

Jesús Sánchez también dice que “busca la esencia” en sus platos. ¿Lo busca usted también en los vinos? ¿Cómo la encuentra?

También la busco. No soy un sumiller al que le gusten normalmente las modas en el vino, en ese sentido me considero más clásico. Un vino, al igual que la cocina, debe ser honesto, por eso intentamos conocer a los productores, sus proyectos, sus ideas, porque es realmente ahí donde se encuentra lo que me preguntas: la esencia del vino. Cuando se encuentran vinos y productores que aúnan a calidad con esa esencia, das con los vinos que te gusta ofrecer en mesa.

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Dentro de un privilegiado entorno arquitectónico y natural, enclavado en una casona palaciega del siglo XVIII, se encuentra el restaurante Cenador de Amós.

Le he escuchado decir que le gustan mucho los vinos elaborados por pequeños productores, ¿por qué motivo?

Creo que me he adelantado contestando a esta pregunta en la respuesta anterior, ya que es esa esencia lo que me gusta de ellos, y creo que esto lo comparto con casi todos los sumilleres. La pequeña producción tiene muchas dificultades y es algo que debemos cuidar, son vinos elaborados con un cariño especial, donde uno se siente como en casa cuando los visita aunque sea por primera vez.

Si hablamos de zonas vitivinícolas del mundo, ¿cuáles le parecen más interesantes?

Es una pregunta compleja, ya que hoy se elabora muy buen vino en casi todas las regiones del mundo. Es un sector que ha evolucionado mucho hacia una especialización espectacular, donde las bodegas invierten mucho para elaborar y mejorar. Así que, respondiendo de forma muy personal a tu pregunta, creo que me decanto por Oporto, sobre todo cuando tienen ya una edad. Hay maravillas a precios que los mortales nos podemos permitir a modo de capricho, son vinos que me encajan en multitud de circunstancias, tienen una versatilidad increíble, así como mucha historia detrás. Algo digno de conocer, probar y beber.

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Las últimas piezas de diseño por las que ha apostado el restaurante han sido fabricadas mediante procesos de producción que minimizan el impacto y la huella ambiental, reduciendo y optimizando su producción para evitar también los residuos que se generen a nivel medioambiental.

Y si cerramos el círculo a España, ¿con qué áreas se queda?

Me atrevo a apostar por Galicia. Creo que son vinos de una grandísima calidad, creo que esa influencia atlántica hace de ellos vinos muy curiosos, con una frescura extraordinaria, y una acidez que con un buen trabajo les da capacidades de guarda interesantes.

Para terminar, ¿podría recomendarnos un vino blanco, uno tinto, uno rosado y uno espumoso?

En vino blanco escojo Castillo de Igay 1986, sin duda alguna el mejor blanco (y uno de los mejores vinos) que he probado en mi vida. Emoción pura.

En tinto Algueira Serradelo 2016, dentro de Galicia como mencionaba. Ribeira Sacra es mi debilidad, vinos muy interesantes, complejos y, a la vez, ligeros.

Valduero Rosado Reserva 2014, uno de los mejores vinos que conozco. Versatilidad pura, complejidad máxima, sorprendente, altísima calidad, un vino que lo tiene todo.

Por último, Jacques Selosse Initial. Como loco del champagne que soy, hago referencia a uno de mis favoritos. Al olerlo crees que no puede ir a más, bebes y te das cuenta de que sí podía.

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Andrés Rodríguez recomienda el tinto Castillo de Igay 1986, el blanco Algueira Serradelo 2016, Valduero Rosado Reserva 2014 y el champagne Jacques Selosse Initial.

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