Entrevista a Pablo Teipro, creador de Vinos con Pablo
El creador de Vinos con Pablo ha convertido la divulgación del vino en una forma de acercar el sector a nuevos públicos. Reconocido con el premio Best Wine Educator Innovation 2026, Pablo Teipro defiende una comunicación más sencilla, cercana y entretenida, especialmente en redes sociales. En esta entrevista analiza qué pueden hacer las bodegas para conectar con los consumidores y contar todo lo que hay detrás de una botella.
Ha conseguido acercar el vino a públicos que quizá antes lo percibían como algo complejo o demasiado técnico. ¿Qué necesita el sector para conectar mejor con estos nuevos consumidores?
Creo que el sector del vino lo tiene todo para conectar: cultura, historia, medio ambiente, gastronomía, disfrute, personas… Pero en algún momento nos hemos perdido por el camino.
Hemos convertido el vino en algo demasiado elitista, complicado y, me atrevería a decir, a veces hasta aburrido. Parece que para disfrutar de una botella tienes que conocer 1.000 uvas, 500 zonas y las 20 mejores añadas de la historia. Y no debería ser así.
Creo que podemos aprender mucho, por ejemplo, de lo que ha ocurrido con los vinos naturales. Es un movimiento a veces muy criticado por el propio sector y puedes estar más o menos de acuerdo con su filosofía, pero han conseguido algo que llevamos años diciendo que necesitamos: conectar con consumidores jóvenes.
Han creado una estética, un lenguaje y una forma de comunicar mucho más cercana. Han llevado el vino a bares, restaurantes y espacios donde quizá antes no tenía tanta presencia y, sobre todo, han conseguido que mucha gente se acerque a una botella sin sentir que antes tiene que aprobar un examen.
Para muchos jóvenes, su primer acercamiento serio al vino probablemente sea hoy un vino natural. Y creo que, en lugar de mirar ese fenómeno con recelo, deberíamos preguntarnos qué han hecho bien.
Necesitamos volver a hacer el vino cercano, divertido y fácil de disfrutar. Ya habrá tiempo después, para quien quiera, de profundizar y descubrir todo el mundo que hay detrás.
En sus contenidos utiliza un lenguaje muy sencillo y directo. ¿Hasta qué punto cree que la industria debería revisar la forma en la que comunica sus productos?
Creo que hay espacio para todo y para todos.
Hay gente que simplemente quiere abrir una botella, disfrutarla y saber dos o tres cosas sobre lo que está bebiendo. O incluso nada: simplemente saber que es un vino blanco, que le gusta y disfrutarlo. Y está perfecto. A ese consumidor tenemos que hablarle de una manera sencilla, directa y entretenida. No necesita una clase magistral para disfrutar del vino.
Y después habrá personas que quieran ir mucho más lejos, conocer suelos, parcelas, elaboraciones, añadas, productores… y también tenemos que darles ese contenido.
El problema aparece cuando creemos que para hablar de vino con rigor necesariamente tenemos que hacerlo complicado. Simplificar no significa saber menos ni perder rigor; significa conseguir que te entienda más gente.
Creo que cada uno tiene un papel dentro de la industria del vino y no debemos olvidarlo. No todos tenemos que comunicar igual ni dirigirnos al mismo público.
¿Qué papel pueden jugar las bodegas y los propios elaboradores en redes sociales? ¿Cree que todavía existe cierta distancia entre el sector y estas plataformas?
Las bodegas y los elaboradores son obviamente los grandes protagonistas de esta industria y creo que tienen muchísimo que contar. Pero sí, todavía existe cierta distancia con las redes sociales.
Y ojo, lo entiendo perfectamente. Hacer contenido en redes es un trabajo. Requiere muchísimo tiempo, constancia, entender las plataformas, investigar tendencias y, sobre todo, ser capaz de traducir el idioma del vino al idioma de las redes.
Probablemente muchas bodegas no puedan dedicar esos recursos, y no hablo ni siquiera de dinero, sino de tiempo. Un pequeño productor tiene que estar pendiente de la viña, elaborar, vender, viajar… y encima le pedimos que haga tres reels a la semana.
Por eso tampoco creo que podamos culparles por no estar todo el día en Instagram o TikTok. Yo personalmente prefiero que hagan vinos maravillosos y ya los comunicaremos nosotros en redes.
Después de haber catado más de 13.000 vinos, ¿qué características cree que hacen que un vino consiga despertar realmente el interés del consumidor?
Es una pregunta muy complicada, porque tanto yo como muchos consumidores hemos pasado por diferentes fases en nuestra vida.
Cuando empiezas quizá buscas vinos más fáciles, más frutales, más inmediatos. Después empiezas a probar más, a descubrir otras zonas, otras uvas, otros estilos… y tu gusto va cambiando. De repente empiezas a buscar cosas que probablemente unos años antes no habrías entendido o ni siquiera te habrían gustado.
Después de más de 13.000 vinos, a mí personalmente cada vez me interesa más que un vino tenga personalidad. Que me cuente algo del lugar del que viene, de la persona que lo ha hecho o de una forma particular de entender el vino.
Pero creo que hay algo mucho más importante: un vino no necesita impresionarte para ser un gran vino. Tiene que conseguir que quieras seguir bebiéndolo. Al final podemos hablar de complejidad, equilibrio, longitud, acidez… pero si después de la primera copa tienes ganas de servirte la segunda, algo se ha hecho bien.
Muchos de sus contenidos parten de preguntas, mitos o situaciones cotidianas. ¿Qué puede aprender una bodega de este tipo de comunicación para explicar mejor su vino sin perder rigor?
Tengo que admitir que las bodegas lo tienen más complicado que yo en redes. Yo puedo permitirme ser yo mismo, ser irreverente, comparar uvas, regiones, bodegas o países y hablar prácticamente de lo que quiera.
Una bodega tiene un producto y, lógicamente, ese producto tiene que ocupar una parte importante de su comunicación. Pero creo que el error es hablar solamente de la botella.
Una bodega puede contar muchísimo más: quiénes son, por qué hacen vino, quién trabaja allí, cómo es su pueblo, su viñedo, su historia, qué ocurre durante una vendimia o por qué toman determinadas decisiones.
Al final, el vino es el resultado de miles de decisiones y detrás de una botella hay muchísimas historias que contar.
Creo que ahí está una de las grandes oportunidades para las bodegas en redes: no limitarse a vender el vino, sino conseguir que tengamos ganas de conocer todo lo que hay detrás.
El consumidor recibe hoy una enorme cantidad de información. ¿Qué puede hacer una bodega para diferenciar su mensaje y captar su atención sin que la comunicación resulte excesivamente comercial?
Precisamente eso: no intentar vender todo el tiempo. Creo que una bodega tiene que comunicar su mensaje, sus valores, el lugar donde está, las personas que hay detrás, sus viñedos, su forma de trabajar…
El vino es el resultado de miles de decisiones. ¿Por qué plantaste esa variedad? ¿Por qué vendimias ese día? ¿Por qué utilizas esa barrica? ¿Por qué esa parcela da un vino diferente a la que está 200 metros más allá? Hay cientos de historias alrededor de una botella.
Y creo que eso es muchísimo más interesante que publicar una foto de una botella y decirnos que tiene aromas a frutos rojos y que es perfecta para acompañar una carne.
No me vendas constantemente el vino. Haz que me interese por él.
Desde su contacto con consumidores a través de las redes, ¿qué dudas, prejuicios o conceptos sobre el vino siguen estando más extendidos? ¿Hay alguno que le sorprenda especialmente?
¿Por dónde empezar? Tengo varias cruzadas personales. Una es que todavía haya gente que considere el vino rosado como un vino menor. Hay rosados absolutamente espectaculares y con una enorme complejidad.
Otra es esa idea de que con la carne hay que beber tinto. ¿Por qué? Dependerá de la carne, de cómo esté cocinada, de la salsa y, sobre todo, de lo que te apetezca beber. Hay blancos, espumosos, rosados o incluso generosos que pueden funcionar maravillosamente.
Y después está una de mis grandes obsesiones: el Marco de Jerez. Tenemos uno de los lugares y estilos de vino más mágicos del mundo y creo que todavía no somos plenamente conscientes de lo que tenemos. Deberíamos defenderlo, beberlo y potenciarlo muchísimo más.
En general, creo que todavía arrastramos demasiadas reglas alrededor del vino. Y muchas veces la mejor manera de aprender es precisamente romper alguna y comprobar qué pasa.
Ha recibido el premio Best Wine Educator Innovation. Mirando hacia los próximos años, ¿cómo cree que evolucionará la divulgación del vino y qué papel tendrán formatos como el vídeo, la inteligencia artificial o las nuevas plataformas digitales?
El futuro es incierto, pero me parece un momento maravilloso para vivirlo. Antes las grandes revoluciones ocurrían cada siglo o, como mucho, cada década. Ahora en un año puede cambiar absolutamente todo.
Creo que el vídeo va a seguir siendo el formato dominante. Tendrá idas y venidas entre el vídeo corto y el largo, aparecerán nuevas plataformas y cambiarán los algoritmos, pero el vídeo seguirá estando ahí.
Y la inteligencia artificial ya no es futuro, es presente. Probablemente ya está, de una forma u otra, en casi todos los vídeos que hacemos: recopilando información, ayudando con un guion, editando, generando textos, imágenes… y sinceramente no sé dónde está el límite.
De hecho, en 2027 quiero hacer un experimento que ya estoy preparando. Quiero abrir una cuenta de vino creada 100% con IA: guiones, voz, imagen y vídeo generados con inteligencia artificial. Yo únicamente aportaré las ideas, el conocimiento y mi punto de vista.
Y quiero compararla con mi cuenta tradicional, donde estoy yo delante de la cámara, para ver hasta dónde puede llegar cada una.
No sé cuál será el resultado, y precisamente por eso me parece tan interesante hacerlo.











