¿Trabajar en el sector del vino nos hace felices?
La Fundación para la Cultura del Vino presenta eI ‘Informe sobre la Felicidad en el Trabajo en el Sector del Vino’, un estudio pionero que analiza el bienestar, el compromiso y los retos laborales de una actividad clave para el territorio, la cultura y la proyección internacional de España. Entre los datos clave: el 50% de las personas que trabajan en el sector del vino consideran su empleo una fuente de felicidad y casi un 49% dice sentirse realmente feliz en su día a día, cifras por encima de la media mundial.
La Fundación para la Cultura del Vino presentó el pasado 2 de febrero el ‘I Informe sobre la Felicidad en el Trabajo en el Sector del Vino’, coincidiendo con la jornada inaugural de Barcelona Wine Week. El estudio se basó en más de 800 respuestas de profesionales de toda la cadena de valor y ofreció una radiografía del bienestar laboral en un sector profundamente ligado al entorno rural, pero cada vez más global e internacionalizado.
El informe reveló que el 50% de las personas que trabajan en el sector del vino consideran su empleo una fuente principal de felicidad y que el 48,7% afirma que esa percepción se cumple en la práctica, un dato casi dos puntos superior a la media mundial. Estas cifras sitúan al sector en una posición de partida sólida para avanzar en la mejora de las experiencias laborales.
Retención de talento y margen de mejora
El estudio muestra que el sector vitivinícola retiene talento, aunque no siempre logra transformar esa permanencia en orgullo y recomendación. El Employee Net Promoter Score (eNPS) se sitúa en –4, un valor cercano a la neutralidad y mejor que el promedio de las empresas españolas, que se situó en –7,27.
Según explicó Alex Ríos, consejero delegado de Happyforce, el sector no presenta un problema de rechazo, sino un reto de evolución. Ríos señaló que la transparencia demostrada al medir el bienestar refleja madurez y voluntad de mejora, y añadió que medir constituye el primer acto de responsabilidad para impulsar cambios reales.
Esta “zona gris”, en la que se concentra alrededor del 40% de los profesionales, resulta especialmente relevante en un ámbito donde el trabajo se entiende como una forma de vida vinculada al territorio, la tradición y la continuidad generacional. En ese contexto, Ríos afirmó que la oportunidad reside en convertir experiencias correctas en experiencias memorables.
Compromiso, arraigo y vocación
El informe también señala que, en España, la distancia entre las expectativas que genera el sector y la experiencia laboral real es menor que la registrada a escala mundial. Además, el 73% de las personas encuestadas afirma que seguiría vinculada al sector del vino incluso en el caso de cambiar de empleo.
Meritxell Juvé, vicepresidenta de la Fundación para la Cultura del Vino y cuarta generación de la familia Juvé, destacó la existencia de este compromiso, vocación y arraigo, y subrayó la necesidad de convertir esas fortalezas en experiencias laborales sostenibles.
Juvé reiteró que el sector del vino afronta un reto de evolución más que un problema de rechazo.
Un sector rural y global
El estudio subraya la posición singular del sector del vino, que combina entornos rurales, estructuras empresariales medianas y pequeñas y una fuerte vinculación emocional con el producto, junto con una creciente exposición a mercados internacionales, innovación tecnológica y nuevos modelos de trabajo.
En este sentido, Elisa Errea, consejera delegada de The Wine Studio y The Human Studio, afirmó que este contexto ofrece una oportunidad única para reforzar el bienestar y la conciliación en entornos rurales, contribuir a la fijación de talento en el territorio e integrar la innovación no solo en el viñedo o la bodega, sino también en la organización del trabajo, el liderazgo y la gestión de personas.
Por su parte, Celine Pérez, directora de Barcelona Wine Week, puso en valor la madurez del sector del vino en España y su capacidad para analizarse con honestidad y detectar oportunidades claras de mejora.







