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La inteligencia artificial transforma el acceso al conocimiento y obliga a replantear el papel de la escuela

La escuela después de la IA: enseñar a pensar cuando las respuestas están al alcance de todos

Redacción Interempresas27/08/2026

La vuelta al cole llega marcada por la expansión de la inteligencia artificial y por el creciente malestar emocional entre los adolescentes. Aníbal J. Bogliaccini, psicopedagogo y director de Lab International School, defiende que el reto educativo ya no pasa por transmitir más información, sino por ayudar a los alumnos a interpretarla, desarrollar criterio y construir una identidad propia.

La ‘vuelta al cole’ llega este año en un escenario de transformación educativa en el que confluyen dos grandes desafíos: la rápida incorporación de la inteligencia artificial a la vida de los estudiantes y el creciente debate sobre su bienestar emocional. La tecnología ha modificado radicalmente la forma de acceder al conocimiento, mientras los centros educativos se enfrentan al reto de seguir siendo espacios relevantes para unas generaciones con necesidades y expectativas diferentes.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), uno de cada siete adolescentes de entre 10 y 19 años presenta algún trastorno de salud mental, con la ansiedad y la depresión entre los más frecuentes. A ello se suma otro indicador: los resultados de PISA muestran que uno de cada cuatro estudiantes afirma sentirse solo en la escuela al menos una vez por semana, situando el sentimiento de pertenencia como uno de los elementos que deben tenerse en cuenta al abordar el futuro de la educación.

Para Aníbal J. Bogliaccini, psicopedagogo y director de Lab International School, ambos fenómenos están relacionados con una transformación más profunda del sentido de la escuela. “Durante mucho tiempo hemos entendido la escuela como un lugar donde adquirir conocimientos. Sin embargo, hoy muchos adolescentes llegan al aula sintiendo que ese espacio no responde a las preguntas que realmente les preocupan. No estamos solo ante una crisis del aprendizaje, estamos ante una crisis de sentido”, señala.

La inteligencia artificial está transformando el acceso al conocimiento y obliga a los centros educativos a reforzar el pensamiento crítico...

La inteligencia artificial está transformando el acceso al conocimiento y obliga a los centros educativos a reforzar el pensamiento crítico, la creatividad y la capacidad de construir criterio propio.

Cuando el conocimiento deja de ser escaso

La llegada de la inteligencia artificial está acelerando este cambio. Un estudiante puede hoy resumir un libro, resolver un problema matemático o elaborar un trabajo en cuestión de segundos mediante herramientas accesibles desde cualquier dispositivo. El conocimiento deja así de ser un recurso escaso y la escuela pierde el monopolio de la información.

Este cambio obliga a reconsiderar qué debe aportar el sistema educativo. “La pregunta ya no es cómo conseguir respuestas, porque las respuestas están al alcance de cualquiera. La verdadera cuestión es cómo formar personas capaces de interpretar esa información, cuestionarla, relacionarla con otras ideas y construir un criterio propio”, explica Bogliaccini.

La cuestión no consiste, por tanto, en competir con la tecnología ni en intentar recuperar un modelo educativo basado exclusivamente en la transmisión de contenidos. La escuela debe proporcionar aquello que no se obtiene simplemente accediendo a una respuesta: herramientas para comprenderla, ponerla en cuestión, establecer conexiones y utilizarla de forma responsable.

Este cambio también afecta a las competencias que necesitarán los estudiantes en su futuro profesional. El ‘Future of Jobs Report’ del Foro Económico Mundial sitúa entre las capacidades con mayor crecimiento el pensamiento analítico, la creatividad, la resiliencia, la curiosidad y el aprendizaje continuo. En una línea similar, la OCDE apunta hacia la importancia de capacidades como la resolución de problemas complejos, el pensamiento crítico y la colaboración.

De transmitir contenidos a construir criterio

Para el psicopedagogo, estas transformaciones obligan a revisar el propósito de la educación. “Durante décadas hemos organizado la escuela alrededor de la transmisión de información. Pero cuando una máquina puede responder casi cualquier pregunta en segundos, el verdadero valor de la educación está en enseñar a pensar, a convivir con la incertidumbre y a construir una identidad propia”.

La IA introduce, además, una nueva relación entre alumnos, docentes y conocimiento. El profesor deja de ser únicamente quien proporciona información para asumir un papel más vinculado a la orientación, el acompañamiento y la capacidad de ayudar a los estudiantes a evaluar aquello que encuentran y producen con estas herramientas.

La educación tendría así que poner un mayor énfasis en capacidades como el pensamiento crítico, la creatividad y la capacidad de formular buenas preguntas, pero también en competencias sociales y emocionales que permitan a los jóvenes desenvolverse en entornos caracterizados por la incertidumbre y el cambio constante.

La escuela como espacio de pertenencia

La transformación educativa no se limita, sin embargo, a la incorporación de nuevas herramientas tecnológicas. Para Bogliaccini, uno de los grandes retos del próximo curso será “recuperar la escuela como un espacio de pertenencia”, especialmente en un momento en el que una parte de los adolescentes experimenta sentimientos de soledad.

“Los adolescentes necesitan sentirse parte de una comunidad donde puedan equivocarse, dialogar, descubrir quiénes son y desarrollar relaciones significativas. La salud emocional no es un complemento del aprendizaje. Es la condición que hace posible que exista”, sostiene.

Desde esta perspectiva, el centro educativo debe ser mucho más que un lugar de transmisión de contenidos. Las relaciones entre alumnos, docentes y familias, la posibilidad de debatir y equivocarse, y la construcción de vínculos significativos forman parte también del proceso educativo.

La irrupción de la IA puede incluso reforzar esta dimensión. Si las máquinas asumen una parte creciente de las tareas relacionadas con la búsqueda, procesamiento y generación de información, la escuela puede concentrar más esfuerzos en aquellas experiencias que requieren interacción humana, diálogo, cooperación y acompañamiento.

Una nueva legitimidad para la escuela

Más allá de la adaptación tecnológica, Bogliaccini considera que la educación afronta una “transformación cultural de mayor alcance”. “La escuela sigue siendo una institución imprescindible, pero su legitimidad ya no vendrá de ser el lugar donde se concentra el conocimiento, sino de convertirse en el espacio donde los jóvenes aprendan a dar sentido a ese conocimiento. Ese es el gran desafío educativo de nuestro tiempo”.

Esta reflexión constituye uno de los ejes de ‘La consciencia que educa. Educar en la era de la inteligencia artificial’, el próximo ensayo del psicopedagogo, en el que aborda cómo debería evolucionar la educación ante una tecnología que ya forma parte de la vida cotidiana de alumnos y docentes.

El planteamiento parte de una idea central: el futuro de la educación no pasa por competir con la inteligencia artificial, sino por reforzar aquellas capacidades que permiten a las personas utilizarla con criterio. Pensamiento crítico, creatividad, empatía, capacidad de colaboración, construcción de identidad y búsqueda de sentido adquieren así un nuevo valor en una escuela en la que disponer de información resulta cada vez más sencillo, pero comprenderla y utilizarla adecuadamente resulta más importante que nunca.

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