Valeria Aragón alerta sobre el riesgo de una “educastración digital” en niños hiperconectados
Internet y la inteligencia artificial han transformado la forma en la que niños y adolescentes aprenden, se relacionan y acceden a la información. Sin embargo, más allá del acceso a la tecnología, el verdadero reto educativo pasa ahora por enseñar a utilizar estas herramientas sin delegar en ellas la capacidad de pensar, reflexionar o construir criterio propio.
Con motivo del Día de Internet, que se celebra el próximo 17 de mayo, Valeria Aragón, especialista en IA pedagógica, doctoranda en Educación e investigadora en modelos de aprendizaje autónomo en entornos digitales, pone el foco en la necesidad de proteger la autonomía cognitiva de los menores frente a dinámicas digitales cada vez más orientadas al consumo rápido de contenidos y respuestas inmediatas.
“Durante años hemos hablado de brecha digital como acceso a dispositivos o conexión. Hoy tenemos que dar un paso más: la nueva brecha será entre quienes sepan usar la tecnología con criterio y quienes acaben delegando en ella su capacidad de pensar, decidir y crear”, explica Valeria Aragón.
La experta recupera en este contexto el concepto de “educastración”, término con el que define aquellos procesos educativos, sociales o culturales que limitan el potencial natural de niños y adolescentes cuando se prioriza la búsqueda de respuestas correctas frente a la curiosidad, la creatividad o el pensamiento propio. Según Aragón, en la era digital esta dinámica puede verse amplificada por plataformas y herramientas tecnológicas diseñadas para captar atención, aumentar el tiempo de uso o generar dependencia.
La sobreabundancia de información y la velocidad de consumo digital obligan, según la experta Valeria Aragón, a replantear el papel de familias, docentes y centros educativos.
La IA como apoyo, no como sustituto del aprendizaje
Para Valeria Aragón, el debate sobre pantallas e inteligencia artificial no debe abordarse desde el miedo, sino desde una mirada educativa más profunda centrada en el pensamiento crítico, la creatividad, el bienestar emocional y la toma de decisiones conscientes.
“Internet puede abrir puertas inmensas al aprendizaje, pero también puede acostumbrar a respuestas rápidas, superficiales o no contrastadas. La pregunta no es si los niños deben usar tecnología, sino si les estamos enseñando a formular buenas preguntas, a contrastar información, a sostener la atención y a construir una opinión propia”, señala.
En este sentido, advierte de que la inteligencia artificial puede convertirse en una herramienta pedagógica muy útil siempre que se utilice para acompañar el aprendizaje y no para sustituir el esfuerzo mental o los procesos de comprensión.
“No es lo mismo una IA diseñada para retener usuarios que una IA diseñada para desarrollar personas. En educación, el éxito no debería medirse por cuánto tiempo permanece un niño dentro de una herramienta, sino por cuánto crece su capacidad de comprender, decidir y crear fuera de ella”, afirma Aragón.
La especialista considera que las herramientas de IA aplicadas al ámbito educativo deberían ayudar al alumnado a formular mejores preguntas, detectar aquello que no comprende, contrastar información y avanzar hacia una mayor autonomía intelectual.
Educar para preservar el pensamiento crítico
La sobreabundancia de información y la velocidad de consumo digital obligan, según la experta, a replantear el papel de familias, docentes y centros educativos. Entre las competencias que considera esenciales destacan la capacidad de distinguir información de conocimiento, detectar sesgos, cuestionar fuentes y desarrollar criterio propio.
Asimismo, Aragón alerta sobre el riesgo de antropomorfizar la inteligencia artificial en edades tempranas, ya que estas herramientas pueden generar respuestas aparentemente seguras sin contar con conciencia, experiencia vital ni responsabilidad humana.
“No deberíamos presentar una tecnología como si tuviera capacidades que son intrínsecamente humanas. Para la infancia puede ser tremendamente confuso. Una cosa es que una IA genere respuestas y otra muy distinta es que comprenda, tenga criterio, conciencia, responsabilidad o propósito”, apunta.
Estas reflexiones forman parte de la propuesta educativa que Valeria Aragón desarrolla en su libro ‘Educar rompiendo el molde’, publicado por Plataforma Editorial, donde plantea una educación orientada al desarrollo integral de niños y adolescentes a través del denominado Método 7 Colores.
Hacia una sostenibilidad digital más humana
Con motivo del Día de Internet, la experta propone ampliar el concepto de sostenibilidad digital para incluir también el impacto que la tecnología tiene sobre el desarrollo humano, la autonomía y el pensamiento crítico de niños y adolescentes.
Para Aragón, no basta con evaluar la eficiencia o el acceso tecnológico, sino que también resulta necesario preguntarse si las herramientas digitales favorecen realmente el desarrollo personal y la construcción de una realidad compartida basada en el criterio y la reflexión.
“Un entorno digital más sostenible no es solo el que consume menos recursos o llega a más personas. También es el que protege la infancia, cuida el criterio y ayuda a que niños y adolescentes no pierdan contacto con su curiosidad, su pensamiento propio y su capacidad de decidir”, concluye Valeria Aragón.



