El aceite de oliva no puede gestionarse a golpe de miedo. Tampoco a golpe de rumor, ni de previsiones interesadas
Menos ansiedad y más estrategia en el aceite de oliva
Cristóbal Gallego Martínez, presidente de Aceite de Oliva de Cooperativas Agro-alimentarias de Andalucía
22/05/2026
Pierden, desde luego, los olivareros y las cooperativas. Pierde el territorio. Pierde la economía de nuestros pueblos. Pierde un sector que necesita cubrir costes, invertir, mantener empleo y garantizar futuro. Ganan quienes tienen como único objetivo comprar barato hoy, aunque eso comprometa la estabilidad de mañana.
La situación actual exige cabeza fría. Los datos disponibles a 30 de abril muestran una producción acumulada de 1.294.590 toneladas, prácticamente el 100% de la estimación de campaña, y unas existencias totales de 863.340 toneladas. Pero esas existencias se están reduciendo. Las salidas acumuladas se sitúan en 869.790 toneladas, con una estimación de salidas pendientes hasta final de campaña que obliga a mantener ritmos importantes en los próximos meses. Es decir, no estamos ante un escenario que justifique regalar el aceite.
Datos objetivos
La distribución, que vende casi el 80% del aceite de oliva a nivel nacional, sostiene que las salidas de marzo y abril han sido prácticamente las mismas; es decir, se ha vendido lo mismo, pero de un mes a otro el precio ha bajado.
Además, el balance europeo ha corregido a la baja la producción española hasta 1.295.000 toneladas y sitúa las existencias finales en 259.600 toneladas, en un contexto en el que Italia mantiene una producción muy inferior a su consumo interno y necesitará acudir al mercado para cubrir necesidades.
Por todo ello, no se justifica de ningún modo que los precios estén por debajo de los del año pasado y mucho menos que sigan cayendo. Y, precisamente por eso, hay que lanzar un mensaje claro: quien tenga aceite no debe precipitarse. Defender hoy el precio es defender la próxima campaña.
Esto no significa no vender. Significa vender bien. Significa ordenar las salidas. Significa colocar aceite mes a mes, con criterio, con información y con visión colectiva. Lo contrario —vender a golpes, buscar el pelotazo inmediato o aceptar cualquier precio por miedo— solo conduce a debilitar al conjunto del sector. Y cuando el sector se debilita, después es muy difícil recuperar el terreno perdido.
Por eso es imprescindible avanzar en dimensión, concentración y disciplina comercial. Cuanto más atomizada esté la oferta, más fácil será presionarla. Cuantos más operadores vendan por separado, más débil será la posición del productor. Necesitamos estructuras más fuertes, mayor integración comercial y menos decisiones individuales tomadas al calor de la urgencia. El aceite debe venderse con estrategia, no con ansiedad.
El aceite de oliva tiene valor. Lo tiene por su calidad, por su origen, por su esfuerzo productivo, por su papel económico y social, y por lo que representa para Andalucía. Defender ese valor no es una opción: es una obligación.
Por eso, insisto en el mensaje: prudencia, firmeza y unidad. Quien tenga aceite, que no se apresure. Que no venda por miedo. Que no contribuya, sin quererlo, a hundir el precio. La próxima campaña se empieza a defender ahora. Y defenderla pasa por no malvender el aceite que tanto ha costado producir.


























