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Las impurezas que acompañan a la aceituna varían cualitativa y cuantitativamente con el método de recolección, la meteorología (lluvias y barro) y el diseño/ajuste de los equipos de patio

Retos presentes y futuros en la limpieza y lavado de las aceitunas en las almazaras. Parte I

Montaño A., Redondo-Redondo, S., Chamizo-Calero, F.

Centro Tecnológico Nacional Agroalimentario “Extremadura” (CTAEX)

27/03/2026
El proceso de limpieza y lavado de la aceituna en las almazaras sigue siendo un proceso indispensable en la mayoría de las almazaras, a pesar del aumento del volumen de aceituna recolectada con equipos cabalgantes. La presencia de impurezas, así como de elementos que pueden provocar no solo la pérdida de calidad, sino también averías, dan protagonismo a esta maquinaria. Sin embargo, la adaptación a estas nuevas formas de recolección, predominancia de determinadas impurezas, aumento del volumen en cada descarga y más controles de contaminantes, llevan a demandarse nuevas necesidades que estos equipos deberán cumplir para no quedarse obsoletos. Como esta temática no pasa de moda y no deja de ser una preocupación para el sector, vemos a bien hacer una revisión y reordenación de los puntos clave de este proceso para analizar los retos futuros de la limpieza y lavado de las aceitunas en las almazaras. Debido a la extensión de la revisión que hemos hecho, se harán tres entregas a fin de abarcar los principales puntos de esta temática sin la presión de ajustar el texto a un espacio limitado en la revista.
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El lavado de la aceituna representa una de las operaciones unitarias más críticas y, paradójicamente, menos investigadas en la cadena de producción del aceite de oliva virgen. Este proceso no es meramente una etapa de limpieza, sino un eslabón fundamental que define la calidad sensorial, la estabilidad oxidativa y la inocuidad del producto final.

En el número 17 de esta revista en 2019 (Montaño, 2019) (ver https://www.interempresas.net/FlipBooks/IA/17/html5forpc.html) se realizó una revisión bibliográfica sobre los aspectos técnicos de cómo afectaba el proceso de la limpieza y lavado de la aceituna. Se abordaba los aspectos beneficiosos y negativos de la presencia de hojas, las características de las aguas de lavado, en qué punto hacer el lavado, la necesidad de “reutilizar” y/o tratar esta “agua de lavado”, la necesidad de escurrir los frutos, el crecimiento microbiano con los riesgos para la calidad que conlleva, así como la presencia de pesticidas, el daño físico de los frutos y cómo se merma la calidad, cómo afecta a la extractabilidad y parámetros de calidad de los aceites, terminando con un listado de las mejoras que se podrían implementar a este paso del proceso.

1. Introducción

En otro número posterior, en el número 21 en 2020 (Montaño y Caravaca, 2020) (ver https://www.interempresas.net/FlipBooks/IA/21/html5forpc.html) se presentó un estudio sobre qué perspectiva poseían los principales fabricantes de maquinaria de patio de almazaras. En este artículo se recapitulaba que las empresas fabricantes se sienten parte de la cadena de valor, valoradas y con capacidad de asesorar a las almazaras para ofrecerles las mejores soluciones adaptadas a su propia realidad. Y aunque se confiaba que la innovación también llegará a las limpiadoras y lavadoras, para dar soluciones a los problemas cotidianos, no obstante, la incorporación de estas mejoras debía venir también por una demanda del sector, la cual, quizás no se haya desviado de demandar mayores capacidades de limpieza o una automatización y poco hacia la reducción de consumo de agua.

En este artículo se desea dar un enfoque diferente al artículo publicado en 2019, pues muy se ha localizado poca bibliografía nueva, y menos que aporten alguna novedad o innovación a la ya consultada. Esta bibliografía se centra principalmente en uno o dos de los siguientes puntos:

  • Eliminación de impurezas y contaminantes: se evalúa la presencia de materiales extraños (tierra, piedras, hojas, metales) que pueden dañar la maquinaria o tergiversar/influenciar sobre características sensoriales, aunque más bien la influencia positiva de la adición de hojas de forma controlada en la molienda.
  • Conservación de la calidad tanto a nivel empírico como experimental: el objetivo principal es mantener la integridad del fruto y sus características organolépticas sin provocar pérdida de parámetros legislados y otros positivos para el valor del aceite final (color, estabilidad oxidativa, etc.).
  • Rendimiento Industrial - Extractabilidad: evalúan y cuantifican la potencial pérdida de calidad por el exceso de agua durante el proceso de extracción, aspecto muy dependiente de otros pasos posteriores y del diseño de las infraestructuras de las almazaras.
  • Gestión de residuos y sostenibilidad: existe un interés creciente en reducir el consumo de agua y tratar los efluentes para minimizar el impacto medioambiental y permitir su reutilización.
  • Enfoque químico y de tratamiento de las aguas de lavado: hay varios estudios que proponen procesos de oxidación avanzada, coagulación y floculación para “recuperar” el agua de lavado y eliminar compuestos recalcitrantes que sean un riesgo químico o microbiológico.
  • Seguridad y control de contaminantes específicos: se evalúa la eficacia del lavado en la reducción de residuos de pesticidas y la carga microbiana que llega del campo.
  • Enfoque de ingeniería de procesos y diseño: hay muy pocas, por no decir solo una, propuestas para desarrollar nueva maquinaria que mejoren la usabilidad, eficiencia hídrica y seguridad laboral. A diferencia de otros pasos del proceso de extracción, en los que se estudian innovaciones, en este punto, no hay publicaciones de las ventajas o mejoras en el proceso de limpieza o lavado.
Por dar un enfoque diferente a este artículo se destacan siete puntos que consideramos claves para el debate del futuro de la limpieza y del lavado de la aceituna, las cuales podrán servir de tema en futuros encuentros en pro de buscar entre todos los componentes de la cadena de valor de los aceites de oliva y de las industrias de servicios que hacen que esta cadena fluya.

Estos siete puntos a introducir en este artículo son los siguientes:

  1. Naturaleza de la suciedad e impurezas y clasificación de partidas,
  2. Ingeniería del lavado y del tren de escurrido-secado,
  3. Calidad del agua y control higiénico-microbiológico,
  4. Efectos del lavado sobre rendimiento, extractabilidad y composición,
  5. Inocuidad y contaminantes,
  6. Sostenibilidad y gestión de efluentes,
  7. Gobernanza operativa y economía de la decisión.

2. Naturaleza de la suciedad e impurezas y clasificación de partidas

La recepción de la aceituna en el patio es el último punto donde la almazara todavía debe “proteger” el potencial de calidad antes de que el proceso pase a ser, esencialmente, conservador (Romero, 2011; Caravaca-Susi, 2019). Hay que recordar que la función del Maestro es mantener la calidad que le traen del campo, no sacarla de donde no hay. No es solo una operación logística: aquí se decide (1) qué partidas tiene potencial no solo de AOVE sino “superextra”, (2) qué riesgos mecánicos e higiénicos se puede correr y (3) qué tratamiento de limpieza/lavado es coherente con el objetivo de la calidad a obtener y las circunstancias de ese momento en la almazara (Civantos, 1999; Caravaca-Susi, 2019; Montaño et al., 2019).

Una actualización relevante en los últimos años es la aparición de varias propuestas de “patio instrumentado”, compuesto por un sistema de visión instalados sobre cintas de recepción para calcular no solo el contenido graso y humedad del lote, sino también detectar defectos y apoyar una clasificación menos subjetiva y más trazable, precisamente porque la inspección manual se ve afectada por fatiga, muestreo parcial y conflictos sociales y económicos (Cano Marchal et al., 2021).

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2.1. Tipología y origen de las impurezas

Las impurezas que acompañan a la aceituna varían cualitativa y cuantitativamente con el método de recolección, la meteorología (lluvias y barro) y el diseño/ajuste de los equipos de patio (Caravaca-Susi, 2019). Caben destacar las siguientes impurezas:

  • Impurezas orgánicas vegetales (hojas, ramas, tallos): la ventilación y el despalillado eliminan gran parte, pero la fracción residual puede modificar el perfil sensorial y el equilibrio amargo–picante, con resultados dependientes de porcentaje y estado de la hoja (Di Giovacchino, 2010; Sevim y Tuncay, 2013; Sonda et al., 2014; Sari y Ekinci, 2017). En particular, se han descrito escenarios en los que un 2–5% de hojas sanas puede intensificar notas verdes y estabilidad, pero también escenarios donde hojas viejas/enfermas o un exceso de material verde penalizan el “equilibrio” sensorial (Di Giovacchino, 2010) favorecer el atroje y dificultar la caída de los frutos de la tolva.
  • Impurezas minerales (arena, polvo, lodo, piedras): son el principal impulsor del lavado “obligatorio” por seguridad mecánica, y su incidencia se dispara en partidas con contacto con suelo o en recepciones con remolques muy cargados de barro, llegando a porcentajes extremos en casos concretos (Caravaca-Susi, 2019). Además, trasladan el problema a la lavadora, pues cuanto mayor es la fracción mineral, más rápido se degrada el agua de lavado y mayor es el riesgo de que el lavado se convierta en un vector de recontaminación por recirculación (Caravaca-Susi, 2019; Vichi et al., 2015).
  • Elementos metálicos peligrosos (metales, tornillería, cartuchos, etc.): aunque sean eventos poco frecuentes, su impacto es alto, pues un solo cuerpo extraño puede provocar averías graves, por lo que la lógica moderna es aplicar barreras redundantes (limpieza en seco + imanes + puntos de control) y, si el riesgo es alto, priorizar lavado y separación por densidad (Civantos, 1999; Caravaca-Susi, 2019). En este punto es importante anotar que los imanes capturan muy bien el hierro y el acero al carbono y, en general, inoxidables ferríticos/martensíticos (serie 400). Los inoxidables austeníticos (304/316) suelen ser poco o nada magnéticos salvo que estén deformados en frío. Para no ferrosos (Aluminio, latón o cobre) el imán no sirve, siendo necesarios un detector de metales. Las barras magnéticas, las rejillas magnéticas y las placas magnéticas son las más frecuentes en la almazara, con un rango de precio entre 100-2.000 €. Los imanes para metales poco magnéticos son muy caros y por ello menos frecuente en las almazaras.

2.2. Contaminantes químicos y riesgos “silenciosos” asociados a la recepción

En este grupo hay que diferenciar diferentes tipos:
• Residuos fitosanitarios: aunque su control principalmente es agronómico, desde el patio interesa por dos razones (1) polvo/lodo actúan como “portador” y (2) el lavado recirculado puede acumular materias activas en el agua y perder eficacia, generando una tensión entre descontaminación y contaminación cruzada entre partidas (Guardia-Rubio et al., 2007; Guardia-Rubio et al., 2008).

En la Tabla 1 se recogen las 23 materias activas de fitosanitarios más frecuentes en los aceites de oliva, siendo la mayoría liposolubles, es decir, muy baja hidrofilia y de difícil eliminación durante la fase de lavado de las aceitunas. Este aspecto es preocupante aún más cuando algunas de esas materias activas, como el Prosulfocarb o la Pendimetalina no están permitido su empleo en olivar y aún más alguna materia prima no permitida su empleo en la UE, como la Permetrina.

Tabla 1. Ranking de materias activas de fitosanitarios detectados en Aceites de Oliva Vírgenes, su actividad, lipofilia y uso en olivar. Fuente: elaboración propia a partir de información del Laboratorio Agroalimentario Industrial (INDLAB. NO indica que no está permitido su empleo en olivar.
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  • Plastificantes (ftalatos y sustitutos): Estudios de seguimiento a lo largo de líneas reales han mostrado que la contaminación por plastificantes puede variar por etapa de proceso y materiales en contacto, lo que obliga a mirar también el patio y la línea de recepción como posibles fuentes (bandas, faldones, mangueras, juntas, guantes) y no solo el envasado (Freitas et al., 2024).
  • Hidrocarburos de aceites minerales (MOSH/MOAH): evidencias recientes indica que no se puede reducir de forma significativa a la contaminación por MOH en una proporción relevante de casos, lo que refuerza el enfoque preventivo en origen (maquinaria, lubricación, mantenimiento, proveedores) y la segregación temprana de partidas sospechosas (Menegoz-Ursol et al., 2023).
  • Hidrocarburos Aromáticos Policíclicos (PAHs): en aceites comestibles, los PAHs se tratan como contaminantes ambientales y/o de malas prácticas (p. ej., exposición a combustión, contaminación previa de la materia prima, etc.). Aunque su gestión no se resuelve “solo” en el patio, sí son convenientes protocolos de prevención y control de exposición a fuentes de combustión y disciplina de mantenimiento/lubricación (Bertoz et al., 2021).

2.3. Criterios de clasificación estratégica en el patio

El poder diferenciar calidad pasa por una separación de lotes en función de diferentes criterios establecido con el objetivo de qué quiero vender, la circunstancia de la campaña y las herramientas con la que se cuenta. Algunos de estos criterios pueden ser:
  • Separación por origen, la más básica y que ya debe estar superada: aceituna de vuelo vs aceituna de suelo. Sigue siendo la partición más útil, porque resume carga mineral, carga microbiana y la seguridad de aparición de defectos en el aceite final. Aunque hoy en día la mayoría de olivicultores conocen los beneficios de esta separación, existe un incentivo económico a “enmascarar” suelo como vuelo, por lo que se han venido desarrollando en los últimos años sistemas instrumentales de apoyo a la clasificación y/o evaluación del estado sanitario de los frutos que de forma más objetiva que la inspección visual, ayudan a clasificar lotes de aceitunas. Además, estas inversiones se justifican tanto por la seguridad en obtener una determinada calidad, por trazabilidad y equidad de pago (Caravaca-Susi, 2019; Cano Marchal et al., 2021).
  • Estado sanitario por plagas y enfermedades: en la misma línea que el apartado anterior, siendo. La mosca del olivo (Bactrocera oleae), asociada al defecto “gusano” y a cambios en calidad, y la aceituna jabonosa o gafa (Coletotrichum sp.), asociada al defecto de “moho” y a cambios en la calidad química, son los riesgos más importantes para controlar en las almazaras de la península ibérica. Por tanto, en un patio orientado a AOVE conviene que el daño por plagas y enfermedades sea un criterio explícito de segregación y jerarquización de su molturación (Ölmez et al., 2009; Brkic Bubola et al., 2023).
  • Madurez: el índice de madurez como criterio operativo para obtener la calidad buscada. Para hacer la clasificación justificable y comparable entre campañas, es recomendable fijar la madurez a un método estándar (índice de madurez del COI) y la cual está actualmente ayudadas con varias alternativas comerciales, objetivas, basadas en visión artificial, NIR-visibles, etc que ayudan a reducir la subjetividad (COI, 2011; Guzmán et al., 2013).
  • Frío/heladas: aunque no frecuente en las principales zonas productoras de la península, este defecto sensorial puede aparecer de forma puntual en regiones concretas y en años excepcionales. Su asociación a alteraciones químicas (elevado valor de los peróxidos) y de volátiles (aroma a fresa) justifica separar partidas con daño por frío y limitar esperas a fin de evitar agravar los defectos sesoriales (Romero et al., 2017; Pino et al., 2022).
  • Integridad física (rotos/magullados) y “fermentabilidad”: el daño mecánico y la demora antes de molturación aumentan el riesgo de fermentaciones, al haberse liberados material fermentable (azúcares, ácidos orgánicos, etc.) y de compuestos de fermentación, como el etanol (y su solubilización al aceite). En particular, se ha documentado que el lavado puede incrementar etanol en fruto y aceite, sobre todo si se combina con almacenamiento corto en condiciones no controladas. Por eso, el patio debe tratar la integridad y el tiempo a molienda como variables de decisión, no como “incidencias” (Beltrán et al., 2016; Beltrán et al., 2021; Vichi et al., 2015).

2.4. Clasificación orientada a la categoría “extra” no es un objetivo retórico o de moda

El clasificar las aceitunas para obtener un AOVE no es un objetivo que esté de moda, sino que es una categoría de calidad, tiene una restricción normativa que se debe cumplir para comercializar el aceite desde una posición más privilegiada. En la práctica, el control del patio busca minimizar la probabilidad de defectos sensoriales y preservar frutado. Por eso, separar suelo, limitar demoras, gestionar daño y evitar mojado innecesario en aceituna de vuelo y sana son decisiones alineadas con la búsqueda de (1) ausencia de defectos y (2) potenciación de los atributos positivos en los aceites.

Como criterio interno (no reglamentario), se han propuesto umbrales de clasificación visual y de madurez para seleccionar lotes con mayor probabilidad de “extra”, combinando proporción de fruto sano, baja fermentación y baja afectación por helada/arrugado, junto con un índice de madurez moderado (Romero, 2011).

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La limpieza inicial (cribas, ventilación, despalillado e imanes) no debe entenderse como un paso auxiliar, sino como la barrera primaria que reduce la carga que llegará a la lavadora y condiciona higiene, eficiencia de lavado, desgaste y trazabilidad. Por ello, la “clasificación de partidas” en patio debería formularse como un modelo de decisión basado en el origen (vuelo/suelo), impurezas (tipo y porcentaje), integridad, estado sanitario, madurez y riesgos de contaminantes (fitosanitarios, MOSH, etc.) (Civantos, 1999; Caravaca-Susi, 2019; Guardia-Rubio et al., 2007; Menegoz-Ursol et al., 2023; Freitas et al., 2024).

3. Ingeniería del lavado y del tren de escurrido-secado

El lavado en almazara ha dejado de entenderse como un “acto higiénico” genérico para tratarse como una operación unitaria con tres funciones simultáneas: 1) separación física por densidades (retirada de piedras, lodos y metales), 2) acondicionamiento superficial del fruto (reducción de suciedad adherida) y 3) minimización del agua que acompaña a la aceituna hacia el molino (escurrido-secado) (Caravaca-Susi, 2019; Cappelli et al., 2019; Cappelli et al., 2023). En el marco de calidad, el propio COI sitúa el lavado bajo el paraguas de buenas prácticas y control de peligros, e introduce la exigencia de agua potable y su verificación, lo que obliga a diseñar la etapa “para ser controlable”, no solo “para funcionar” (COI, 2006).

3.1. Funcionamiento de la lavadora hidroneumática tradicional (inmersión + flotación/sedimentación)

El esquema clásico en almazara es una cuba o bañera de lavado donde la aceituna entra en contacto con agua en movimiento y, a la vez, se produce una separación por densidad: el fruto tiende a mantenerse en suspensión/flotación mientras que los materiales más densos (piedras, tierra gruesa, piezas metálicas) sedimentan hacia el fondo, donde se acumulan y se evacuan (Caravaca-Susi, 2019). En muchos diseños industriales, el movimiento del fruto se apoya en agitación hidráulica y en aireación (inyección de aire) para generar turbulencia y facilitar el avance y la “liberación” de partículas adheridas (Grueso, 2009; Caravaca-Susi, 2019).

El rendimiento de esta separación depende de variables que suelen quedar implícitas: perfil de flujo dentro de la cuba (puntos muertos), relación caudal/carga de aceituna, tamaño de partícula mineral y la capacidad de decantar los sólidos en suspensión.

3.2. Parámetros de diseño y operación que gobiernan el lavado

A la hora de decidir la adquisición de un modelo o tipo de limpiadora-lavadora, se tienen que tener en consideración los parámetros que la caracterizan. Algunos de estos parámetros son:
  • Tiempo de residencia y carga de trabajo: en una cuba industrial, el contacto con agua es breve pero no trivial. En condiciones típicas, se han estimado tiempos medios de inmersión en el rango de 15–20 s, variando con la carga y la logística entre salida de lavadora y entrada al molino (Plasquy et al., 2021). Esta cifra es importante porque conecta directamente con dos cuestiones importantes: pérdida potencial de compuestos hidrosolubles (si el lavado es innecesario) y, a la inversa, eficacia real de desprendimiento de barro cuando el lavado es imprescindible. Por estas dos cuestiones es crucial tener claro para qué tipo de aceituna se compra una limpiadora-lavadora.
  • Intensidad hidrodinámica (agitación/aireación): la aireación ayuda al avance y desprendimiento, pero incrementa la turbulencia y, con ello, el riesgo de golpes y microdaños en fruto sensible. Este parámetro enlaza con el anterior, pues la misma lavadora puede ser “segura” para suelo y “agresiva” para vuelo muy sano, si no se modula la intensidad.
  • Gestión del agua: y no solo en referencia al volumen de agua necesaria para un volumen determinado de aceitunas, sino también a la necesidad de su recirculación, renovación y mantenimiento de una “potabilidad” suficiente. Desde la óptica de APPCC, el COI exige que el lavado se realice con agua potable conforme a legislación, que se controle su potabilidad, y contempla el “nuevo lavado con agua nueva” como medida correctora (COI, 2006). Este marco obliga a que los fabricantes incluyan puntos claros de drenaje, renovación y verificación, porque si el agua se degrada y se recircula sin control, la lavadora puede pasar de limpiar a redistribuir suciedad y carga microbiana entre partidas (COI, 2006; Cappelli et al., 2023).

3.3. Acondicionamiento térmico en lavadora: de “efecto colateral” a herramienta de control

El trabajo de Plasquy y colaboradores (2021) plantean la idea con impacto práctico de usar el agua de lavado como medio de intercambio térmico para ajustar la temperatura del fruto antes de la molienda, como alternativa (más simple) a tecnologías de calentamiento rápido de pasta. A escala de laboratorio, observaron que para elevar aceitunas desde 7–12 °C hasta 20–25 °C bastaba sumergirlas 10–20 s en agua a 30–35 °C; al trasladarlo a condiciones industriales (pérdidas por enfriamiento y trasiego), estimaron necesario aumentar la temperatura del agua y fijaron 40 °C para ensayos a escala piloto, llegando a emplear 45 °C cuando el fruto entraba aún más frío (Plasquy et al., 2021). Este proceso también posee limitaciones de ingeniería por la necesidad de calentadores para mantener la temperatura y la existencia de corrientes dentro de la cuba que dificultan el calentamiento homogéneo, lo que apunta a necesidades de mezcla, aislamiento y control.
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De igual manera, la lavadora podría ser punto para enfriar la aceituna caliente recolectada en los meses de septiembre y octubre. Aunque no existen estudios científicos que aporten resultados, son varias las industrias que ya poseen un lavado con agua a baja temperatura que adapta a una temperatura óptima para evitar los aromas a cocido tras la molienda. La inmersión en agua es la mejor forma de “robar” calor a un sólido, aunque es crucial tener en consideración el tamaño del fruto y el tiempo de permanencia de los frutos dentro del agua de la lavadora a fin de hacer este lavado de fruto sano y limpio efectivo.

Este enfoque permite “reencuadrar” el rol de la lavadora en la almazara ya no solo como separación de impurezas, sino como punto donde se puede estabilizar el proceso aguas abajo (temperatura de la aceituna antes de entrar en molino).

3.4. Innovaciones de diseño: algo más que “cuba de inmersión”

La principal contribución literaria útil para este punto es el trabajo de Cappelli y colaboradores sobre el desarrollo de una nueva lavadora mediante un enfoque de usabilidad, que hace un rediseño funcional del lavado. Estos autores prescinden del tanque tradicional como elemento central y se configura una secuencia de bandeja/tramo inicial, cinta transportadora, dos líneas de boquillas de lavado y, al final, tres sistemas de “cuchilla de aire” con flujo laminar para secar la aceituna. Con estas mejoras los autores reportan una reducción del consumo de agua desde 210 L/h a 150 L/h y una disminución significativa del tiempo de proceso, a una limpieza más rápida y más eficiente (Cappelli et al., 2019).

Otro aspecto que es importante anotar es sobre la limpieza de la lavadora tradicional, operación que obliga a parar producción y no es fácil de realizar por el personal. No hay que obviar que la innovación no es solo “lavar mejor”, sino también es hacer el equipo más limpiable, más verificable y más seguro.

3.5. Tren de escurrido-secado: por qué el “postlavado” ya no puede ser accesorio

El secado a la salida del lavado debe de dejar de ser un “plus” cuando el agua superficial que acompaña a la aceituna puede aumentar la humedad efectiva que llega a molienda y, a la vez, crea una interfase favorable al arrastre de suciedad fina si el agua se recircula y no se controla. Por eso, los diseños modernos incorporan, y si no deberán disponer, soluciones escalonadas (banda inclinada, cribas vibratorias, soplado) para retirar la película de agua antes de la entrada al molino (Cappelli et al., 2019; Cappelli et al., 2023). Además, la eliminación completa de gotas de lavado es condición para reducir la carga microbiana asociada al agua residual y evitar que el propio lavado “recontamine” el fruto (Cappelli et al., 2019).

3.6. Limpieza, higienización y “diseño higiénico”: estándares que hoy pesan más que antes

Un nuevo punto que debe tenerse en cuenta con la lavadora incluye las potenciales amenazas legales y técnicas, afectando explícitamente a los marcos de diseño higiénico e higienización, porque son el fundamento de muchas exigencias actuales en auditoría y en prevención de contaminación cruzada. La norma ISO 14159 establece requisitos higiénicos para el diseño de maquinaria en aplicaciones con riesgo de higiene (ISO, 2002) y EHEDG dispone de guías de principios de diseño higiénico y métodos para evaluar la limpieza “in situ” de equipos (EHEDG, 2023).

El mensaje para todas las almazaras es claro: en breve se prestará más atención a cómo se hace el lavado. Así se podrá tener en cuenta la eficiencia en al vaciado total, la ausencia de zonas muertas, accesibilidad/inspección de boquillas, el uso de materiales y con detergentes de grado alimentario, y procedimientos validados de limpieza, especialmente en equipos que trabajan con agua recirculada (ISO, 2002; EHEDG, 2023).

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La ingeniería actual tiende a convertir la lavadora en un equipo de precisión, donde el “lavado” se define por parámetros controlables (agua: potabilidad, caudal, renovación, aireación, intensidad y secado tiempos de residencia y logística) y por su limpiabilidad y seguridad de operación. En la literatura reciente, dos líneas resumen bien esta actualización: A) usar la lavadora como punto de acondicionamiento térmico del fruto cuando tiene sentido tecnológico (Plasquy et al., 2021) y B) evolucionar de tanques de inmersión a diseños con boquillas + secado por cortinas de aire y limpieza más rápida/segura, reduciendo consumo de agua y tiempos muertos (Cappelli et al., 2019; Cappelli et al., 2023).

Bibliografía

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