Un estudio sitúa el impacto económico de la pesca de arrastre de fondo en Europa en 16.000 millones de euros anuales
Un estudio científico de National Geographic Pristine Seas analiza el balance económico del arrastre de fondo en aguas europeas y concluye que, aunque genera beneficios para la industria, su impacto global para la sociedad puede alcanzar hasta 16.000 millones de euros anuales, principalmente por los costes asociados al carbono y al clima.
Un estudio reciente publicado en ‘Ocean & Coastal Management’ ha evaluado por primera vez el valor económico global del arrastre de fondo en aguas europeas, incorporando tanto los beneficios directos para la industria pesquera como los costes asociados a su impacto ambiental y climático.
El análisis, basado en datos de más de 4.900 buques que operan en la Unión Europea, Reino Unido, Noruega e Islandia, estima que esta actividad genera beneficios netos para la industria de unos 180 millones de euros anuales. Sin embargo, al incorporar variables como las emisiones de CO2 o los efectos sobre los ecosistemas, el balance global para la sociedad se sitúa en un rango negativo de entre 2.250 y 16.150 millones de euros al año.
El peso del carbono en el balance económico
Uno de los elementos clave del estudio es la estimación del coste social del carbono asociado al arrastre de fondo. Según los investigadores, la actividad contribuye a la liberación de CO₂ tanto por el consumo de combustible como por la alteración de los sedimentos marinos, que actúan como reservorios de carbono.
“Los equipos de arrastre de fondo raspan el lecho marino, liberando carbono que ha permanecido almacenado en el fondo oceánico durante siglos”, señala Kat Millage, investigadora marina y autora principal del estudio. “Está claro que la magnitud de las emisiones derivadas del arrastre es considerable. Incluso utilizando una estimación muy conservadora del coste social por tonelada de CO₂ emitido, la sociedad acaba soportando una importante carga económica”.
A escala europea, el estudio estima que las emisiones asociadas al arrastre podrían alcanzar los 112 millones de toneladas de CO₂ anuales, dentro de un contexto global que sitúa esta cifra en hasta 370 millones de toneladas.
Actividad relevante para el suministro y el empleo
El informe también pone en valor los beneficios asociados a esta modalidad de pesca. En términos de suministro alimentario, el arrastre de fondo aporta en torno al 2% de la proteína animal consumida en Europa, con un valor social estimado de 2.460 millones de euros anuales.
En el ámbito laboral, la actividad emplea directamente a menos de 20.000 personas en Europa, con un impacto económico estimado de 1.780 millones de euros. El estudio señala además que otras modalidades, como la pesca a pequeña escala, generan un volumen de empleo superior.
Subvenciones, costes operativos y descartes
Entre los factores que influyen en el balance económico, el estudio identifica el papel de las subvenciones públicas, estimadas en 1.170 millones de euros anuales, destinadas a compensar costes como el combustible. Según los autores, en algunos países estas ayudas resultan determinantes para la viabilidad de la actividad.
El consumo de combustible es otro de los elementos relevantes, debido a la intensidad energética de las operaciones. A ello se suman los costes asociados a los descartes, ya que, según el análisis, hasta el 75% de las capturas puede no llegar al mercado, con un valor estimado de 220 millones de euros anuales.
Presencia en áreas protegidas
El estudio también analiza la distribución de la actividad y señala que aproximadamente el 23% del esfuerzo de arrastre en Europa se desarrolla en áreas marinas protegidas. En países como España, Francia o Países Bajos, más de una cuarta parte de esta actividad tiene lugar en estas zonas.
Los autores apuntan que esta circunstancia puede influir en la capacidad de estas áreas para cumplir su función de conservación y regeneración de los ecosistemas marinos.
Escenarios de transición
A partir de los datos analizados, el estudio plantea distintos escenarios de evolución. Entre ellos, destaca que una reducción de algo más de la mitad del esfuerzo de arrastre podría mejorar el balance global entre costes y beneficios, al tiempo que contribuiría a la recuperación de los ecosistemas y a la reducción de emisiones.
“Nuestro estudio deja claro que el arrastre de fondo en aguas europeas no es solo un desastre medioambiental, sino también un fracaso económico”, afirma Enric Sala, uno de los autores del estudio. “Aunque en última instancia es necesario reducir el arrastre de fondo en las aguas europeas para generar beneficios para la sociedad, prohibirlo en las áreas protegidas es un primer paso fundamental”.
En esta línea, diversas iniciativas en Europa ya contemplan restricciones progresivas a esta práctica, especialmente en áreas marinas protegidas, con el objetivo de compatibilizar la actividad pesquera con la sostenibilidad a largo plazo.
El caso de España
Los análisis complementarios del estudio aportan también una visión específica del impacto del arrastre de fondo en España, uno de los países con mayor actividad en este segmento dentro de Europa.
Según estos datos, la flota española de arrastre genera beneficios privados en torno a 50 millones de euros anuales. Sin embargo, al incorporar los costes asociados —especialmente los vinculados al impacto climático— el balance global para la sociedad se sitúa en un rango negativo de entre 181 y 1.286 millones de euros.
En términos de emisiones, el estudio estima que el arrastre de fondo de los buques españoles libera cada año alrededor de 9,12 millones de toneladas de CO2 como consecuencia de la alteración de los sedimentos marinos. El coste social asociado a estas emisiones podría alcanzar los 1.470 millones de euros anuales, según las diferentes metodologías de cálculo empleadas.
El informe también analiza la actividad en áreas marinas protegidas. Aunque el 19,1% de la Zona Económica Exclusiva española cuenta con algún grado de protección, la intensidad del arrastre en estas zonas es similar a la registrada en áreas no protegidas, con más de 284.000 horas de pesca anuales.
España cuenta además con una de las flotas de arrastre más activas de la región, con una media de 756 buques que operan sobre una superficie de 253.965 kilómetros cuadrados al año. La práctica totalidad de esta actividad —en torno al 98,5%— es realizada por barcos con bandera española.









