La inversión en energía limpia supera los tres billones de dólares pero avanza a un ritmo insuficiente
La demanda energética global crecerá a un ritmo anual del 1,3% hasta 2030, con Asia y Oriente Medio como principales polos de expansión. Mientras tanto, las inversiones en energías limpias superaron los tres billones de dólares en 2024, con una distribución desigual que margina a las economías emergentes. El informe 'Hydrocarbon states resilient to shifting energy mix: Energy Outlook 2025', publicado por Crédito y Caución el pasado mes abril, plantea un horizonte de transición energética que avanza por tres vías –eficiencia, electrificación y abandono de los fósiles–, pero a un ritmo insuficiente para cumplir los objetivos del Acuerdo de París. La dependencia de los combustibles fósiles persiste, pese al crecimiento de la energía solar y eólica y al despliegue masivo de tecnologías limpias.
El informe Energy Outlook, elaborado por el equipo de Investigación Económica de Atradius y publicado por Crédito y Caución en abril de 2025, presenta un análisis exhaustivo de las tendencias mundiales en demanda energética, inversión, fuentes de generación y obstáculos geopolíticos. Su escenario base se articula en torno a las Políticas Declaradas (STEPS) de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), proyectando un crecimiento sostenido del consumo energético global hasta 2030, con una mejora anual de la intensidad energética del 2,3%.
Según el estudio, la demanda energética mundial crecerá un 1,3% anual hasta 2030, tras haber aumentado un 1,7% en 2023. Este crecimiento procede casi exclusivamente de las economías emergentes y en desarrollo, en particular de Asia-Pacífico, Oriente Medio y África. En cambio, en los países avanzados se prevé una estabilización seguida de una contracción progresiva. La electricidad es el vector con mayor expansión, con un incremento del 2,5% en 2023 y una previsión del 3,3% anual hasta 2030. En este contexto, la electrificación industrial, la refrigeración y los electrodomésticos en China representaron dos tercios del crecimiento global del consumo eléctrico durante el último ejercicio.
Los principales sectores consumidores de energía continúan siendo la industria (38%), los edificios (28%) y el transporte (27%). La intensidad energética, entendida como el consumo por unidad de producto económico, descendió un 1% en 2023. Las mejoras en eficiencia se concentran en las economías desarrolladas, impulsadas por precios elevados, modernización de infraestructuras y políticas regulatorias. En total, las inversiones en eficiencia energética superaron los 390.000 millones de dólares en 2023.
Las inversiones en el sector energético alcanzaron los 2,9 billones de dólares en 2023 y probablemente superaron los 3 billones en 2024.De esta cantidad, 2 billones se asignaron a energía limpia. Fuente: 'Hydrocarbon states resilient to shifting energy mix: Energy Outlook 2025'.
El volumen total de inversión en el sector energético alcanzó los 2,9 billones de dólares en 2023 y superó los tres billones en 2024, según los datos recogidos en el informe. De esa cantidad, dos billones se destinaron a tecnologías limpias, mientras que el billón restante fue a parar a proyectos vinculados a combustibles fósiles. La relación 2:1 a favor de la energía limpia contrasta con la paridad 1:1 existente antes de la pandemia. Para 2050, el escenario STEPS prevé una proporción de 4:1.
Sin embargo, esta asignación se distribuye de forma desigual. El 85% del crecimiento reciente en inversión limpia corresponde a las economías desarrolladas y a China. El resto de las economías emergentes apenas accede a financiación asequible a largo plazo. Esta brecha de inversión impide acelerar la transición energética en las zonas que más crecerán en consumo.
Para que la transformación energética sea efectiva, las inversiones en energía limpia deberían superar los tres billones de dólares anuales de forma sostenida a partir de 2030. En los escenarios más ambiciosos, como el de Cero Emisiones Netas (NZE), esta inversión tendría que multiplicarse por seis en los países emergentes y por dos en los desarrollados. No obstante, el informe advierte de que el ritmo actual resulta insuficiente.
Un sistema eléctrico en transformación
El sector eléctrico representa actualmente el 36% de las emisiones globales de CO2, lo que lo convierte en el principal emisor por actividad económica. Su expansión ha sido el doble que la de la demanda energética total durante la última década, síntoma de una electrificación creciente de las economías. Esta tendencia está liderada por tecnologías renovables, con un crecimiento interanual del 5% en 2023 y una participación del 30% en el suministro eléctrico.
Las fuentes renovables –solar fotovoltaica, eólica e hidráulica– aumentarán su generación hasta cubrir cerca del 40% de la demanda eléctrica en 2030 en el escenario STEPS. El carbón, que sigue siendo la principal fuente de generación eléctrica a nivel mundial, alcanzará su punto máximo en torno a 2025 para iniciar un declive constante. El gas natural hará lo propio a finales de la década.
Según el informe, muchos países –entre ellos, los estados de la Unión Europea, Estados Unidos y China– podrán cubrir toda su demanda eléctrica con energía solar y eólica antes de 2030. Sin embargo, las previsiones también indican que el carbón y el gas seguirán desempeñando un papel importante durante esta década, debido al crecimiento de la demanda que las renovables no pueden cubrir por sí solas.
En 2023, los combustibles fósiles representaron el 80% del consumo mundial de energía, una cifra que apenas ha descendido tres puntos desde 2011. En las economías desarrolladas, la demanda de combustibles fósiles cayó casi un 10% en la última década. En cambio, en las emergentes creció un 25% en el mismo periodo, acompañando la expansión económica.
La electrificación y el abandono progresivo de los combustibles fósiles constituyen dos de las tres vías que el informe identifica como esenciales para la transición energética. La tercera es la eficiencia energética. Estas vías están impulsadas por tres factores: la intervención gubernamental, las inversiones público-privadas y los avances tecnológicos.
En cuanto al primer factor, el documento pone como ejemplo la Ley de Industria Cero Neto de la UE y la Ley de Reducción de la Inflación de Estados Unidos (IRA), que han facilitado hasta mediados de 2024 el compromiso de dos billones de dólares de apoyo público a la transición. No obstante, la nueva administración norteamericana ha congelado fondos vinculados a la IRA, paralizando numerosos proyectos.
Riesgos geopolíticos y perspectivas climáticas
El informe también analiza el impacto del entorno geopolítico sobre la transición energética. La retirada de Estados Unidos del Acuerdo de París y su giro hacia la seguridad nacional han debilitado el impulso climático global. A comienzos de 2025, solo cuatro países habían actualizado sus Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC) y la COP29 celebrada en Bakú no logró avances significativos en financiación para países emergentes.
La falta de coordinación internacional añade incertidumbre al proceso. La financiación climática en los países en desarrollo sigue sin despegar, pese a ser donde más rápido crece la demanda energética. La concentración de las inversiones en pocos territorios refuerza las desigualdades estructurales y limita la efectividad de las políticas globales.
Aun así, el documento reconoce señales positivas: sin el despliegue actual de energías limpias, las emisiones habrían aumentado el triple desde 2019. Según el escenario STEPS, las emisiones alcanzarán su punto máximo antes de 2030 y después descenderán un 1% anual. Sin embargo, esto sigue alejado del objetivo de limitar el calentamiento global a 1,5 °C.
El estudio de la aseguradora señala que la transición energética se desarrolla a través de tres vías: la eficiencia energética, la electrificación y el abandono de las energías fósiles.
El escenario base del informe proyecta un calentamiento de 2,4 °C, lejos de las metas del Acuerdo de París. El estudio insiste en que, aunque se avanza en la dirección correcta, el ritmo es insuficiente. La combinación energética mundial seguirá dominada por los combustibles fósiles en 2030, con una participación prevista del 75%, apenas cinco puntos menos que en 2023.
Por su parte, la demanda de petróleo alcanzará su máximo antes de 2030, con una previsión de 101,7 millones de barriles diarios en ese año. A partir de entonces, el descenso será “mucho más gradual” de lo esperado. El gas natural también tocará techo a finales de esta década, aunque su consumo se mantendrá estable hasta mediados de siglo. China, India y Oriente Medio liderarán el crecimiento de la demanda.
Las energías renovables, en cambio, casi triplicarán su generación eléctrica para 2030. Esta expansión se apoya en la caída de precios: en 2023, el coste de los módulos solares fotovoltaicos bajó un 30% y el de las baterías un 14%. Las economías de escala y la innovación tecnológica constituyen un motor esencial para la competitividad de la energía limpia frente a los combustibles fósiles.




























