La infraestructura energética de la UE debe estar preparada para la neutralidad climática
La UE se ha fijado el audaz y ambicioso objetivo de convertirse en el primer continente climáticamente neutro para 2050, pasando de un sistema energético basado en los combustibles fósiles a una economía descarbonizada.
Todos sabemos que para ello debemos instalar más generación de electricidad renovable, como paneles solares, turbinas eólicas (y cada vez más en alta mar) y utilizar más coches eléctricos, así como usar la energía de forma más eficiente siempre que sea posible. En general, el uso de la electricidad en nuestro sistema energético aumentará considerablemente. Al mismo tiempo, disminuirá el papel del gas natural sin disminuir, mientras que la proporción de gases renovables y de baja emisión de carbono tendrá que aumentar en algunos sectores. Una infraestructura energética bien planificada e integrada es esencial para alcanzar estos objetivos. Es la parte del sistema que permite incorporar la energía renovable a la red, y luego transmite y distribuye la energía en toda la UE desde la fuente de suministro (ya sea importada o generada dentro de la UE) hasta el usuario final, o almacena la energía hasta que se necesite. El sistema energético es fiable y seguro y contribuye a mantener los precios bajo control.
Con las políticas de la UE que animan a los países de la UE a cooperar más eficazmente con los países vecinos, en los últimos años se ha avanzado mucho en nuestras infraestructuras energéticas. Los proyectos de interés común (PIC) son proyectos clave de infraestructuras transfronterizas, que suelen ser de gran envergadura, exigen muchos recursos y tardan muchos años en completarse, pero benefician a muchas personas de las regiones afectadas. Contribuyen a la consecución de nuestros objetivos en materia de política energética y clima: energía asequible, segura y sostenible para todos los ciudadanos. Entre 2014 y 2020, el instrumento de financiación de la UE «Mecanismo para Conectar Europa» contribuyó a la financiación del desarrollo de 107 PCI, con un presupuesto total de 4 700 millones de euros. Casi dos tercios de esta cantidad se destinaron a proyectos de transmisión y almacenamiento de electricidad, así como a redes eléctricas inteligentes.
Con este apoyo político, los países y regiones de la UE han podido diversificar sus fuentes de energía y mejorar las interconexiones, y así garantizar un suministro de energía seguro y asequible a los ciudadanos, en toda la UE. Los cortes y apagones son cada vez más raros. El reto ahora es adaptar gradualmente el sistema desde nuestra situación actual, basada predominantemente en los combustibles fósiles -muchos de ellos importados- a un sistema energético descarbonizado. Pero esta transición de las infraestructuras debe producirse de forma que todos los ciudadanos y empresas de la UE sigan teniendo un acceso seguro a sus necesidades energéticas cada día, a un precio asequible.

Mejores conexiones energéticas
El concepto de redes transeuropeas de energía animó a los países de la UE a modernizar sus infraestructuras energéticas, solucionando por fin las deficiencias estructurales. Por ejemplo, la sincronización de la red eléctrica de los Estados bálticos con la red continental europea (CEN) es una prioridad política esencial para la realización de la unión energética. El «interconector celta» es un PCI que unirá Irlanda y Francia mediante una nueva conexión submarina y contribuirá a acabar con el aislamiento energético de Irlanda y a la integración de las energías renovables en el sistema eléctrico irlandés. En el último presupuesto plurianual de la UE, la sección de Energía del MCE incluye fondos por valor de 5.830 millones de euros para redes energéticas transeuropeas y proyectos transfronterizos en el ámbito de las energías renovables.
Ya sea en tierra o en el mar, la planificación y ejecución en colaboración de las infraestructuras energéticas es crucial para el mercado interior y para hacer frente a los retos actuales, como nuestra creciente necesidad de electricidad (generada a partir de energías renovables), y la eliminación gradual de los combustibles fósiles.
Con mejores conexiones, el excedente de energía renovable en algunas partes de Europa puede transportarse a otros lugares, a donde más se necesita. Imagínese que la energía producida en los parques eólicos del Mar del Norte, la energía solar del sur de Europa o la biomasa del este de Europa se transportan a través de la red y se utilizan en zonas remotas, islas o en países que de otro modo dependen mayoritariamente de la energía producida a partir de combustibles fósiles.

Política y apoyo de la UE
La política de redes transeuropeas de energía (RTE-E) de la UE se basa en el principio de cooperación. Para acelerar el ritmo de modernización y mejora de las infraestructuras energéticas de la UE, de modo que puedan sostener una sociedad climáticamente neutra, la Comisión Europea publicó en diciembre de 2020 propuestas para revisar las normas actuales. El objetivo de las propuestas es lograr un sistema energético más integrado, aumentar la energía renovable en el mar y descarbonizar el sector del gas. En resumen, el objetivo es adaptar las normas de las RTE-E a nuestra ambición de llegar a ser neutrales desde el punto de vista climático en 2050. Las propuestas se están negociando actualmente con los diputados del Parlamento Europeo y con los ministros nacionales de Energía en el Consejo, y se espera un acuerdo final sobre las nuevas normas de la UE para finales de 2021.
Para aprovechar la consideración, las valiosas aportaciones y la experiencia de todas las partes -desde los expertos en planificación hasta las comunidades locales sobre el terreno-, la Comisión organizó en 2020 una consulta pública y cuatro seminarios web con las partes interesadas para recabar las aportaciones a la propuesta de RTE-E de los ciudadanos, la sociedad civil, las empresas y las autoridades.
La cooperación regional es una piedra angular para la selección de los proyectos de infraestructuras energéticas clave de la UE y el seguimiento y la ejecución de los PCI se ajustan a los más altos estándares en materia de tecnología, protección del medio ambiente y compromiso de los ciudadanos. Desde 2013, estos proyectos han ayudado a los países de la UE a interconectar sus mercados, lo que a su vez ha incrementado el comercio y la competitividad y ha contribuido a que una parte creciente de las energías renovables llegue a los hogares y a las empresas de toda la UE.
Fuente: Departamento de Energía de la Comisión Europea, responsable de la política energética de la UE.













































