Cerrar la brecha de género en la transición energética podría aportar 122.000 millones de euros anuales al PIB español
Un informe de ClosinGap, impulsado por Enagás, advierte de que solo una de cada cuatro personas empleadas en los sectores vinculados a la transición energética es mujer y sitúa en 2061 el horizonte de la paridad si no se aceleran las políticas de igualdad, según informa Enagás en una nota de prensa elaborada a partir de su informe ejecutivo de enero de 2026.
La transición energética no solo es un pilar fundamental para afrontar la crisis climática y reforzar la competitividad económica, sino también una oportunidad clave para avanzar en igualdad de género. Así lo concluye el informe ‘Coste de oportunidad de la brecha de género en la transición energética’, elaborado por Afi para ClosinGap e impulsado por Enagás, presentado este martes en Madrid. El estudio analiza por primera vez el impacto económico de la infrarrepresentación femenina en los sectores estratégicos ligados a la descarbonización y cuantifica el coste de no cerrar esta brecha.
Según el informe, alcanzar la paridad entre mujeres y hombres en los sectores vinculados a la transición energética permitiría incrementar el PIB español en hasta 122.000 millones de euros anuales, lo que equivale al 7,7% del PIB nacional de 2024. El documento pone de manifiesto que el talento femenino continúa infrautilizado en ámbitos clave para el desarrollo económico y tecnológico del país, lo que limita el potencial de crecimiento, innovación y sostenibilidad del sistema productivo.
Durante la presentación, la directora del Instituto para la Transición Justa, Judit Carreras, subrayó que la transición energética “no es solo tecnológica o climática, sino también una palanca para mejorar la calidad del empleo y avanzar hacia una sociedad más justa”. En este sentido, destacó que una mayor ambición en igualdad de género acelera la convergencia y multiplica el impacto positivo sobre la economía y el bienestar colectivo.
Por su parte, el consejero delegado de Enagás, Arturo Gonzalo, señaló que “detrás de cada dato hay personas, talento y oportunidades que no podemos permitirnos perder”, y defendió la necesidad de medir la desigualdad de género para diseñar políticas públicas y empresariales más eficaces. Gonzalo recordó además que la diversidad y la inclusión forman parte de la estrategia de la compañía, que cuenta con un 50% de mujeres en su Comité Ejecutivo y un 40% tanto en el Consejo de Administración como en los puestos directivos y predirectivos.
La presidenta de ClosinGap, Marieta Jiménez, calificó el informe como “una invitación a trabajar con urgencia” y a diseñar la transición energética desde la convicción de que la igualdad “no es un añadido, sino una condición indispensable para el progreso”. A su juicio, sumar todas las voces permitirá que la energía que impulsa el país contribuya también a cerrar brechas y generar oportunidades.
Propuestas de acción y prioridades estratégicas
El informe incluye un conjunto de propuestas orientadas a facilitar la incorporación y permanencia de las mujeres en el sector. Entre ellas figuran incentivos específicos en formación y procesos de selección, campañas de visibilización y promoción de referentes femeninos, así como un mayor seguimiento y evaluación de las políticas de igualdad. También se plantea la automatización del acceso a ayudas frente a la pobreza energética y la mejora del análisis estadístico de las brechas de género.
Estas conclusiones fueron respaldadas en el panel de debate que acompañó la presentación del estudio, moderado por el director general de Personas y Transformación de Enagás, Javier Perera, y en el que participaron representantes del ámbito empresarial y técnico. Los ponentes coincidieron en que garantizar la igualdad en la transición energética es una prioridad estratégica para maximizar la competitividad y el desarrollo económico del país.
Persistencia de la desigualdad estructural
El análisis revela que, pese a que las mujeres representan el 38% del personal con estudios universitarios en el sector, solo ocupan el 24% del empleo total vinculado a la transición energética. Su presencia se concentra mayoritariamente en puestos administrativos y en segmentos menos remunerados, mientras que siguen infrarrepresentadas en perfiles técnicos, operativos y de liderazgo. Esta brecha se mantiene en todas las generaciones: aunque las cohortes más jóvenes muestran mayores niveles de formación, no se traduce en un mayor acceso a puestos de responsabilidad.
El informe también apunta a la baja presencia femenina en itinerarios de Formación Profesional y titulaciones universitarias STEM relacionadas con la energía, lo que limita el acceso de las mujeres a los empleos verdes emergentes. Solo el 11% de las mujeres egresadas en estas disciplinas logra incorporarse al sector, frente al 23% de los hombres.
Techo de cristal y pobreza energética
A pesar de que el sector presenta, en términos generales, mejores condiciones laborales —menor temporalidad y brechas salariales más reducidas que la media de la economía, el denominado ‘techo de cristal’ sigue siendo una barrera relevante. Apenas el 22% de los puestos directivos están ocupados por mujeres y la retención del talento femenino continúa siendo un reto, ya que estas dedican un menor porcentaje de su vida laboral a estos sectores.
El documento también pone el foco en un aspecto menos visible: la pobreza energética afecta de manera más intensa a hogares encabezados por mujeres, especialmente monomarentales y pensionistas, lo que incrementa los riesgos para la salud y la sobrecarga de cuidados, además de limitar el acceso a derechos básicos como consumidoras de energía.
Un compromiso social creciente
De acuerdo con datos del Barómetro del CIS de marzo de 2025, el compromiso con la acción climática es mayor entre las mujeres, especialmente entre las generaciones más jóvenes. Más del 94% de las mujeres de la generación Z considera la transición energética una oportunidad para el desarrollo empresarial y la innovación.
Sin embargo, las proyecciones del informe advierten de que, si se mantienen las tendencias actuales, la paridad de género en el sector no se alcanzará hasta 2061. Incluso con políticas activas, la igualdad plena no llegaría antes de 2043. Solo un cambio profundo, alineado con los objetivos internacionales de igualdad en 2030, permitiría acelerar el cierre de la brecha, lo que exigiría multiplicar por cinco el ritmo actual de incorporación femenina a la transición energética.




























