Taiwán apuesta por el té y la fruta de alta calidad para conquistar el mercado europeo
La tecnología ha situado a Taiwán en el mapa económico internacional, pero el país asiático quiere que Europa conozca también su industria alimentaria. Con este objetivo, la Taiwan Tea Exporters Association, la asociación empresarial más antigua de Taiwán, con 173 años de historia, reunió en su espacio agrupado de SIAL, en París, a varias empresas especializadas en distintas variedades de té y productos derivados, con la mirada puesta en ampliar su presencia en el mercado europeo.
La estrategia pasa por apostar por productos de calidad diferenciada, dirigidos a consumidores que valoran sus características y están dispuestos a pagar más por ellas. “Somos un país pequeño y nuestros productos tienen un precio más elevado, por lo que necesitamos encontrar nuestro propio nicho de mercado”, nos explicó Léon Wu, director del Servicio Económico de la Oficina de Representación de Taipéi en Francia. Para ello, “es fundamental que los consumidores europeos conozcan mejor los productos taiwaneses y aquello que los distingue”, nos detalló.
Este posicionamiento cobra especial importancia en el mercado del té, donde Taiwán compite con productores consolidados de China, Vietnam y otros países asiáticos. Para ganar visibilidad y facilitar la entrada de sus empresas en Europa, las instituciones taiwanesas apoyan su participación en ferias profesionales y las ayudan a establecer contactos con importadores y compradores potenciales.
Tradición e innovación en el té taiwanés
El té fue uno de los protagonistas de la presencia taiwanesa en SIAL y constituye una de las apuestas del país para ganar espacio en el mercado europeo. El objetivo no es solo aumentar las exportaciones, sino también dar a conocer la diversidad de sus variedades, sus métodos de elaboración y los matices que las diferencian de las producidas en otros países asiáticos.
La trayectoria de Sandy Kao, directora de marketing de Tai Shiang Tea y directora de la Taiwan Tea Exporters Association, permite acercarse a esta combinación de tradición e innovación. Su empresa familiar, especializada en el procesamiento y acabado del té oolong, acumula cinco generaciones de experiencia y trabaja para obtener distintos perfiles aromáticos a partir de una misma materia prima. Es un ejemplo del tipo de producto y conocimiento especializado que Taiwán quiere acercar a los consumidores europeos.
Hao Pei-chih, embajadora de facto de la Oficina de Representación de Taipéi en Francia, durante su visita a Dong Jyue Enterprise, dentro del stand agrupado de la Taiwan Tea Exporters Association.
En un país reconocido internacionalmente por su desarrollo tecnológico, una de las cuestiones es cómo se traslada esa capacidad de innovación a un producto tan ligado al saber hacer artesanal como el té. En el caso de Tai Shiang Tea, la respuesta pasa por “mejorar el control de los procesos y aprovechar las herramientas digitales sin perder los conocimientos acumulados durante generaciones”, tal y como nos explicó Kao.
Ese control comienza en el campo. La compañía trabaja con agricultores mediante acuerdos que permiten supervisar el uso de pesticidas y responder a los requisitos de los mercados de destino, entre ellos los de la Unión Europea. Una vez que las hojas llegan a la fábrica, se clasifican y se someten a distintas intensidades de tostado para obtener perfiles aromáticos diferentes.
“Podemos utilizar una misma materia prima para conseguir muchos aromas diferentes”, nos detalló Kao al describir el trabajo de los maestros elaboradores. La combinación de la oxidación y el tostado permite desarrollar una amplia gama de productos a partir del té oolong, con características adaptadas a distintos gustos y usos.
Precisamente, esta diversidad explica por qué la automatización tiene sus límites. Kao señala que la elaboración del té depende en buena medida de la experiencia humana y de factores variables, como las condiciones meteorológicas y el estado de las hojas. Por ello, digitalizar el proceso no significa sustituir el conocimiento de los maestros elaboradores, sino encontrar herramientas que ayuden a registrarlo, organizarlo y aprovecharlo.
En esta línea, Tai Shiang Tea ha empezado a recopilar información sobre las características aromáticas y gustativas de los tés de los agricultores con los que trabaja. El sistema permite consultar qué materias primas pueden responder mejor a las preferencias de cada cliente y facilita la selección del producto más adecuado.
El grado de automatización también depende del producto final. Las bebidas preparadas y el té de burbujas permiten estandarizar determinados procesos con mayor facilidad, mientras que la elaboración tradicional sigue requiriendo experiencia y capacidad de valoración sensorial. La estrategia de la empresa consiste, por tanto, en incorporar tecnología allí donde aporta valor, sin perder el saber hacer que distingue a sus tés.
Además de competir en calidad y diferenciación, el té taiwanés se enfrenta a otro reto para crecer en Europa: dar a conocer sus variedades y sus características. Sandy Kao recuerda que, cuando participaba en ferias europeas hace aproximadamente una década, muchos visitantes apenas conocían Taiwán o no distinguían el oolong de otros tipos de té.
La situación ha ido cambiando progresivamente, según su experiencia. La presencia de productores en ferias internacionales y el contacto directo con profesionales y consumidores ayudan a explicar las diferencias entre el té verde, el negro y el oolong, así como las particularidades de las variedades taiwanesas. Esta labor divulgativa resulta importante para despertar el interés por un producto que todavía no cuenta en Europa con el mismo grado de reconocimiento que en otros mercados.
Japón sigue siendo un destino importante para el té taiwanés, en parte por la familiaridad de sus consumidores con la cultura del té y las variedades de alta montaña. En Europa, en cambio, la asociación busca avanzar de forma gradual, ampliar el número de consumidores que conocen el oolong y consolidar relaciones comerciales que permitan dar continuidad a su presencia en el mercado.
“Queremos que cada vez más consumidores europeos conozcan el oolong y otros tés taiwaneses”, señala Kao al referirse a las perspectivas del sector. Para lograrlo, considera que el interés por el té puede ir más allá de la propia bebida y vincularse también con la gastronomía y el turismo, dos vías para acercar Taiwán al público europeo más allá de su imagen como potencia tecnológica.
En esta estrategia, la variedad de la oferta también desempeña un papel importante. La asociación reúne empresas especializadas en distintos productos, desde el té tradicional hasta el té de burbujas y las bebidas preparadas. “Esta diversidad nos permite presentar en ferias internacionales una oferta adaptada a diferentes gustos y hábitos de consumo, al tiempo que ofrece más oportunidades para despertar la curiosidad de quienes todavía no conocen los tés taiwaneses”, dijo You Mao-Sheng, secretario general de la asociación.
El apoyo institucional para abrir mercado
La presencia en ferias internacionales ayuda a dar visibilidad al té taiwanés, pero conseguir que un producto llegue a las tiendas europeas requiere mucho más que presentarlo a posibles compradores. Encontrar importadores, adaptarse a la normativa y establecer relaciones comerciales duraderas son algunos de los pasos que deben afrontar las empresas que quieren abrirse camino en este mercado. Taiwán cuenta con apoyo institucional para facilitar ese proceso, especialmente a las compañías que disponen de menos recursos para abordar su expansión internacional.
Léon Wu, director del Servicio Económico de la Oficina de Representación de Taipéi en Francia, explica que las administraciones facilitan la participación de las empresas taiwanesas en encuentros como SIAL y organizan visitas de compradores potenciales a Taiwán. El objetivo es que “importadores y distribuidores puedan conocer de primera mano los productos, sus características y sus procesos de elaboración”. Las instituciones también ayudan a establecer contactos con posibles socios comerciales en Europa.
Donjo comercializa uno de los productos más curiosos que se pudo ver en SIAL: té espumoso.
Sin embargo, despertar el interés de un comprador es solo una parte del camino. Para las empresas alimentarias, cumplir los requisitos europeos de seguridad alimentaria y las condiciones de acceso al mercado puede resultar especialmente exigente. Hung-Jen Liao, director de la División de Agricultura de la Oficina de Representación de Taipéi en la UE y Bélgica, destaca la importancia de adaptar los productos a la normativa de cada destino. En este proceso, la investigación agrícola y la mejora de los sistemas de producción contribuyen a responder a las exigencias técnicas, mientras que las oficinas de representación orientan a los exportadores sobre los requisitos de entrada y les ayudan a desarrollar relaciones comerciales.
Una vez superadas esas barreras, queda otro reto: conseguir que la relación con los compradores tenga continuidad. Wu considera que “la cooperación con las empresas europeas debe basarse en la confianza, la calidad y el beneficio mutuo”. También subraya “la importancia de respetar los derechos de propiedad intelectual y colaborar con socios locales que conozcan el mercado”.
Este acompañamiento resulta importante para una industria que no pretende competir necesariamente en volumen ni en precio, sino encontrar compradores que valoren las particularidades de sus productos.
Liao considera que los alimentos taiwaneses de calidad tienen oportunidades en Europa, aunque todavía es necesario dar a conocer mejor la oferta del país. El apoyo institucional busca precisamente facilitar ese acercamiento y ayudar a las empresas a establecer relaciones comerciales con importadores y distribuidores europeos.
Crecer paso a paso: el potencial de la fruta fresca
Más allá del té, Taiwán ve en las frutas frescas una oportunidad para ampliar su presencia en Europa. El mango, la piña, el lichi y la pitaya figuran entre los productos con potencial para llegar a nuevos consumidores. La estrategia pasa por destacar sus características y encontrar mercados dispuestos a valorarlas, en lugar de competir con los grandes productores en volumen y precio.
El mango es uno de los ejemplos más claros de este potencial. Según explica Léon Wu, su comercialización en Francia durante el verano “tuvo una buena acogida y despertó el interés de compradores de otros países europeos”. Entre sus principales atractivos, Wu destaca “el aroma y la textura tierna de la fruta, dos características que pueden ayudar a diferenciar nuestro mango de otras variedades presentes en el mercado”.
El interés de los compradores, sin embargo, plantea una dificultad añadida: Taiwán no siempre puede producir suficiente fruta para responder a la demanda. La superficie limitada del país condiciona su capacidad agrícola y dificulta aumentar rápidamente el suministro. Según Wu, algunos importadores y distribuidores europeos ya han solicitado mayores cantidades de mango. Por ello, el reto es aprovechar ese interés sin comprometer la calidad del producto ni asumir compromisos de suministro difíciles de mantener.
La investigación agrícola es una de las vías para avanzar en esa dirección. Hung-Jen Liao, director de la División de Agricultura de la Oficina de Representación de Taipéi en la UE y Bélgica, explica que el Ministerio de Agricultura taiwanés cuenta con 14 institutos de investigación que trabajan en la mejora de variedades agrícolas, entre otros ámbitos: “Invertimos en investigación para mejorar la calidad de nuestros productos agrícolas, con especial atención a frutas, hortalizas y té”.
Así pues, la capacidad de producción no es el único factor que condiciona la expansión. Para vender fruta fresca en Europa también es necesario cumplir los requisitos fitosanitarios y las normas de seguridad alimentaria de la Unión Europea. En este contexto, la investigación y el control de las prácticas de cultivo son importantes tanto para mantener la calidad como para garantizar que los productos puedan acceder al mercado.
Para Taiwán, la oportunidad está en consolidar la confianza de los compradores europeos y desarrollar las exportaciones de forma gradual, en función de su capacidad real de suministro.
Calidad y diferenciación para consolidarse en Europa
La experiencia del té y la fruta fresca muestra que la expansión de Taiwán en Europa pasa por encontrar su propio espacio en un mercado competitivo. Su limitada capacidad agrícola dificulta competir en volumen, pero abre la puerta a una estrategia basada en productos diferenciados y en el conocimiento necesario para elaborarlos. El reto no consiste únicamente en despertar el interés de los compradores, sino en responder a sus expectativas y mantener una oferta acorde con las posibilidades del país.
Para las empresas europeas, trabajar con proveedores taiwaneses supone descubrir productos que todavía tienen margen para ganar reconocimiento, desde las distintas variedades de oolong hasta frutas como el mango. Para que estas oportunidades se traduzcan en relaciones comerciales duraderas, la calidad debe ir acompañada de garantías sobre el cultivo, el cumplimiento de los requisitos fitosanitarios y de seguridad alimentaria de la Unión Europea, y una capacidad de suministro realista.
La investigación agrícola y la colaboración con los productores pueden ayudar a avanzar en esa dirección, pero la consolidación en Europa también dependerá de la confianza entre empresas y del conocimiento mutuo. Más que competir por precio o cantidad, Taiwán busca compradores que valoren las particularidades de sus productos y estén dispuestos a desarrollar una relación comercial a largo plazo.



