Exigen activar las salvaguardias ante el aumento del 117% de las importaciones de pequeños cítricos de Sudáfrica
La Unió Llauradora exige al ministro de Economía, Carlos Cuerpo, y al conseller de Agricultura, Miguel Barrachina, que pasen de las declaraciones a los hechos ante el fuerte incremento de las importaciones de pequeños cítricos procedentes de Sudáfrica y el progresivo debilitamiento de la citricultura valenciana.
La organización reclama al ministro Cuerpo que España solicite formalmente a la Comisión Europea que evalúe la situación y, si concurren las condiciones previstas, active la cláusula de salvaguardia contemplada en el Acuerdo de Asociación Económica UE-SADC. Asimismo, pide revisar las concesiones arancelarias aplicables cuando el aumento de las importaciones pueda provocar perturbaciones graves en el mercado comunitario.
Los últimos datos oficiales del Ministerio de Agricultura reflejan que las importaciones comunitarias de pequeños cítricos sudafricanos alcanzan ya 169.904 toneladas en la campaña 2025/2026 hasta julio, frente a las 78.170 toneladas de 2020/2021. Esto supone un incremento del 117% en apenas cinco campañas y un volumen un 55,2% superior a la media de las cinco campañas anteriores. La evolución ha sido prácticamente continua: 78.170 toneladas en 2020/2021; 93.020 en 2021/2022; 106.668 en 2022/2023; 120.920 en 2023/2024; 148.497 en 202420/25; y las actuales 169.904 toneladas.
En el caso de la naranja, aunque los envíos sudafricanos durante la campaña actual se sitúan un 3,5% por debajo de los registrados en la anterior, alcanzan todavía 324.983 toneladas y superan en un 6,3% la media de las cinco campañas precedentes. Sudáfrica concentra, además, alrededor del 38% de las importaciones extracomunitarias de naranja de la UE durante la campaña.
La Unió considera especialmente preocupante comparar esta evolución comercial con la pérdida de capacidad productiva de la citricultura valenciana. Según los datos oficiales de la Generalitat, la Comunitat Valenciana ha perdido 16.334 hectáreas de mandarino desde 2015, con una reducción especialmente acusada durante los últimos años.
La organización precisa que el descenso de la superficie citrícola responde a múltiples factores y que no puede atribuirse exclusivamente al incremento de las importaciones. Sin embargo, considera que ambas tendencias evidencian una realidad que las administraciones no pueden ignorar, mientras la producción valenciana afronta graves problemas estructurales de rentabilidad y abandono, la presencia de pequeños cítricos sudafricanos en el mercado europeo se ha más que duplicado en cinco campañas.
“¿Cuántas hectáreas más tenemos que perder para que la política comercial europea empiece a preocuparse también por quienes producimos aquí?”, plantea La Unió. La organización reclama directamente al ministro Carlos Cuerpo que utilice el peso de España en las instituciones comunitarias para plantear ante la Comisión Europea la utilización de los instrumentos de defensa comercial previstos en el propio acuerdo con los países del África meridional.
El Acuerdo de Asociación Económica UE-SADC contempla mecanismos bilaterales de salvaguardia ante incrementos de las importaciones que provoquen o amenacen con provocar perturbaciones graves. Por ello, La Unió considera que la evolución de las entradas de cítricos sudafricanos justifica, como mínimo, que España solicite formalmente a Bruselas una evaluación inmediata de la situación.
La Unió interpela igualmente al conseller de Agricultura, Miguel Barrachina, para que la Generalitat, como administración de la principal zona citrícola española, reclame públicamente al Gobierno de España y a la Comisión Europea la utilización de los mecanismos comerciales disponibles cuando concurran las condiciones establecidas.
“Cuerpo tiene las competencias y Barrachina representa a la principal zona citrícola de España. Cada uno desde su responsabilidad tiene que dejar de ser espectador. Los agricultores ya no necesitan más declaraciones diciendo que los cítricos valencianos son los mejores del mundo o que el sector es estratégico. Necesitamos decisiones políticas que ayuden a evitar que continúen desapareciendo explotaciones”, señala La Unió.
La organización advierte de que la inacción política contribuye al progresivo debilitamiento y desestructuración del sector citrícola, con consecuencias sobre las explotaciones agrarias, el empleo, la actividad económica de las comarcas productoras y el mantenimiento del territorio.
“Los responsables políticos tienen los datos encima de la mesa. Cuando se conoce el problema, existen instrumentos para actuar y año tras año no se utilizan, la inacción política también tiene consecuencias”, critica La Unió.
A la situación comercial se suma, según La Unió, otro elemento especialmente sensible. Sudáfrica es un país donde están presentes plagas y enfermedades de cuarentena inexistentes actualmente en la citricultura valenciana. Entre enero y julio de este año se han registrado 15 interceptaciones de Phyllosticta citricarpa, hongo causante de la mancha negra de los cítricos, en envíos procedentes de Sudáfrica, frente a las ocho registradas durante el mismo periodo de 2025. Esto supone un incremento del 87,5%.
La organización considera que la evolución de las interceptaciones de Thaumatotibia leucotreta, conocida como falsa polilla, demuestra, por el contrario, que el establecimiento de mayores exigencias fitosanitarias puede contribuir a reducir el riesgo.
“Europa ha demostrado con la falsa polilla que cuando existe voluntad de proteger la producción comunitaria se pueden imponer mayores garantías. No entendemos por qué ante la reiteración de interceptaciones de mancha negra no se actúa con la misma determinación”, señala La Unió.
La organización considera especialmente incoherente que los agricultores europeos tengan que producir con cada vez menos herramientas fitosanitarias y afrontar mayores exigencias ambientales y burocráticas mientras, simultáneamente, aumenta la entrada de productos procedentes de países donde están presentes organismos de cuarentena que Europa trata precisamente de mantener fuera de su territorio.
“No pedimos privilegios. Pedimos coherencia. Si Europa considera necesarias unas exigencias muy elevadas para sus agricultores, tiene que mostrar la misma exigencia con aquello que importa. Eso es reciprocidad; lo contrario es competir con las manos atadas”, asegura el secretario general de La Unió, Carles Peris.
Peris indica que “Europa tiene instrumentos comerciales y fitosanitarios. España tiene capacidad para exigir que se utilicen y la Generalitat tiene la obligación de defender ante Madrid y Bruselas a la principal citricultura del Estado. Mientras unos y otros se pasan la responsabilidad, quienes desaparecen son los productores. Y una explotación que cierra difícilmente vuelve a abrir”.

