Mercosur, sostenibilidad e innovación marcan el debate de la II Cumbre Agroalimentaria
La II Cumbre Agroalimentaria de Barcelona, celebrada en el marco de la feria Alimentaria, reunió a expertos, administraciones y representantes del sector para analizar los principales retos en un contexto de transformación global, marcado por la apertura de nuevos acuerdos comerciales como Mercosur, la incorporación de tecnologías como la inteligencia artificial y la necesidad de avanzar hacia modelos más sostenibles y circulares que garanticen la competitividad futura.
La entrada en vigor de los acuerdos entre la Unión Europea y Mercosur a partir del 1 de mayo sitúa al sector agroalimentario ante un nuevo escenario de apertura comercial, con oportunidades tanto en el acceso a mercados como en el suministro de materias primas. Este fue uno de los ejes centrales de la jornada inaugural de la Cumbre, donde se subrayó el potencial de estos acuerdos para ampliar la presencia internacional del sector y reforzar su competitividad.
Durante la sesión, el ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación, Luis Planas, destacó que España cuenta con una oferta agroalimentaria “segura, de calidad e innovadora”, capaz de competir en nuevos mercados, y apeló a la necesidad de abordar esta nueva etapa desde una “responsabilidad estratégica” en un contexto de creciente interdependencia comercial. En este sentido, señaló que acuerdos como Mercosur permiten “ganar amplitud de mercados” y mejorar el aprovisionamiento en un entorno global marcado por la incertidumbre.
El ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación de España, Luis Planas, inauguró la Cumbre organizada por la Fundación Dieta Mediterránea y por la Fundación INCYDE, en el contexto del salón ferial Alimentaria 2026.
El debate también puso de relieve el papel de la cooperación internacional en la adaptación del sector a este nuevo marco. Representantes institucionales de España y de países latinoamericanos coincidieron en que la reconfiguración de las relaciones comerciales exige reforzar los mecanismos de colaboración y avanzar hacia modelos de relación más integrados entre regiones.
Asimismo, se destacó que la apertura de mercados deberá ir acompañada de estrategias que permitan al sector mantener su valor añadido, especialmente en aspectos como la calidad, la sostenibilidad y la diferenciación de producto, claves para competir en un escenario global cada vez más exigente.
Innovación y tecnología como motores de cambio
La segunda jornada se centró en los factores que marcarán el futuro del sector, con especial atención a la innovación, la digitalización y el uso de la inteligencia artificial. Los expertos coincidieron en que la incorporación de tecnologías avanzadas será clave para mejorar la eficiencia productiva, optimizar recursos y responder a los nuevos retos del mercado.
En este contexto, la economista Mariana Mazzucato defendió la necesidad de impulsar una estrategia más ambiciosa basada en la innovación, orientada a “crear y dar forma a nuevos mercados” y no solo a corregir sus fallos. En la misma línea, los participantes en la mesa sobre inteligencia artificial subrayaron que esta tecnología no es solo una herramienta, sino un cambio de modelo que afectará a toda la cadena de valor, desde la producción hasta la distribución, mejorando la toma de decisiones y la eficiencia operativa.
Sostenibilidad, circularidad y modelo productivo
La sostenibilidad se consolidó como uno de los ejes centrales del encuentro. Los participantes defendieron un enfoque integral que combine eficiencia productiva, reducción del impacto ambiental y adaptación al cambio climático.
En este ámbito, los expertos coincidieron en que la sostenibilidad ha dejado de ser un elemento diferencial para convertirse en un requisito estructural del sector. Asimismo, se destacó el papel de la economía circular y la bioeconomía como vías para reducir el desperdicio alimentario, valorizar subproductos y mejorar la eficiencia en el uso de recursos a lo largo de toda la cadena.
Talento y transformación del sector
Otro de los retos señalados fue la necesidad de atraer y retener talento. Los participantes coincidieron en que la competitividad del sector dependerá en gran medida de su capacidad para adaptarse a nuevos perfiles profesionales y a modelos organizativos más flexibles.
Durante el debate, se subrayó que “la cuestión ya no es si existe talento, sino si las organizaciones están preparadas para desarrollarlo y aprovecharlo”, en un contexto de transformación tecnológica y cambio generacional.





































