Lubricantes sintéticos: seguridad y eficacia para la industria agroalimentaria
15 de noviembre de 2008
cadenas y transportadoras en los mataderos y salas de despiece, entre otras
aplicaciones alimentarias.
Hay además en este sector una creciente demanda de lubricantes que puedan ser utilizados en la producción de alimentos de acuerdo a determinadas leyes y normas religiosas, como las leyes Halal o Kosher. En algunos casos, es importante también para un fabricante saber que los lubricantes que usa en su planta no contienen productos derivados de nueces u organismos genéticamente modificados.
Por otro lado, los lubricantes utilizados han de estar de acuerdo con la actual legislación sobre higiene y seguridad alimentaria, un asunto de alta relevancia para cualquier fabricante de productos para consumo humano en general y de productos cárnicos en particular, por sus especiales particularidades. Es importante que sean bioestáticos, es decir, que no favorezcan el crecimiento de bacterias ni hongos en las zonas donde han sido aplicados.
Es en estas zonas en las que el lubricante puede entrar en contacto con el producto, donde se presenta el principal problema. En la mayoría de las líneas de producción, ligeras fugas o goteos de lubricantes son frecuentes y a veces inevitables, dejando minúsculos rastros de aceite o grasa en el producto final. Cualquier fabricante que no utiliza lubricantes de grado alimenticio que han sido aprobados por las principales autoridades por ser inocuos, está operando bajo un riesgo innecesario de contaminación accidental de sus productos, la subsiguiente retirada de dichos productos de los puntos de venta y un daño incalculable a la reputación e imagen de la empresa.
¿Qué es un lubricante de grado alimenticio?
Los lubricantes H1 se refieren a todos aquellos que han sido formulados especialmente con bases y aditivos que son no tóxicos, incoloros, inodoros e insípidos. Son lubricantes que pueden entrar en contacto fortuito con los alimentos y, según la FDA estadounidense, “pueden ser utilizados en la maquinaría para los procesos de producción, manufactura, envase, procesamiento, tratamiento, embalaje, transporte o almenaje de alimentos”. Esta categoría de lubricante se considera apta para el uso también en otros sectores, a veces, denominados como “industrias limpias”, como por ejemplo la producción o embalaje de piensos, cosméticos y fármacos.
Los lubricantes H2 se caracterizan por ser aplicados a maquinaría o equipamiento en lugares donde no hay riesgo de contacto con alimentos, y por tanto no son de grado alimenticio. La tercera categoría, H3, son típicamente aceites comestibles que se usan para prevenir la oxidación en ganchos o carros, etc. En definitiva, sólo los lubricantes de los grupos H1 y H3 son definidos como de grado alimenticio.
Sin embargo, el USDA disolvió en septiembre de 1998 su departamento responsable de la evaluación y el registro de nuevos lubricantes de grado alimenticio. Desde entonces es otra organización, la NSF o Fundación Nacional de Sanidad de los Estados Unidos, que ha tomado el relevo al USDA en este papel.
La certificación NSF H1
Dicha acreditación proporciona a los fabricantes de alimentos la garantía de que los lubricantes han sido rigurosamente testados según los estándares de la organización y por lo tanto, son seguros y aptos para el uso en todo el proceso de fabricación, producción y embalaje de alimentos, sin correr el riesgo de que estos puedan ser contaminados. Todos los lubricantes que hayan sido acreditados por la NSF pueden llevar la marca y el logotipo de la fundación en su etiqueta para la fácil identificación de su estatus como lubricante de grado alimenticio.
Sintético contra mineral
Hoy en día, la tecnología ha permitido grandes avances en la formulación y composición de lubricantes de grado alimenticio. La nueva generación de fluidos y grasas sintéticas es muy superior a los aceites blancos medicinales de antes. Ahora, las empresas proveedoras de lubricantes pueden ofrecer no sólo una amplia gama de productos, desde grasas multiusos hasta aceites específicos para una aplicación, sino que hay también una línea completa de lubricantes que proporciona una ‘solución’ para los requisitos característicos de un sector específico de la industria alimentaria, como por ejemplo el sector cárnico o panadero, etc. Cada producto que ofrecen ha sido desarrollado utilizando la versatilidad de los componentes sintéticos, para garantizar al usuario final un lubricante que es idóneo para sus necesidades.
Además, aunque tradicionalmente el coste de los lubricantes sintéticos tan especializados es en principio más alto, se recupera la inversión adicional en poco tiempo mediante el ahorro en gastos a lo largo del proceso de mantenimiento. Estos ahorros derivan de una reducción en la frecuencia de la lubricación, menos horas laborales dedicadas al mantenimiento de la maquinaría, un alargamiento de la vida operativa de la misma, una reducción general del consumo de lubricantes además de un menor tiempo y recursos dedicados al tratamiento de sus residuos.
La externalización de la gestión
Por lo tanto, cada vez más compañías optan por la nueva tendencia de externalizar los servicios de gestión de la lubricación a los mismos fabricantes de lubricantes. Los mejores proveedores ofrecen programas de lubricación totalmente integrados y apoyados por técnicos expertos en la materia. Los servicios incluyen una auditoría inicial realizada sobre una planta de producción para determinar cuáles son los requerimientos de lubricación e identificar áreas donde el cliente tiene problemas o necesidades más especificas. Luego se desarrolla un programa de lubricación en el que se define y se planifica un calendario de trabajo que indica cuándo, dónde y a qué producto hay que aplicar los lubricantes.
Los paquetes de gestión ofrecidos por los fabricantes de estos productos también suelen incluir otros servicios importantes como por ejemplo la formación de personal, atención y asistencia post venta al cliente, además de servicios de análisis químicos en sus laboratorios. Para cualquier empresa agroalimentaria que busca una combinación de estos servicios o bien todos ellos incluidos en un paquete hecho a medida, la subcontratación es a menudo la solución más eficaz, práctica y económica.
La optimización de procesos
En un clima donde el consumidor final es cada día más selecto sobre la calidad de los productos que compra, puede que recortar gastos en las materias primas no sea una opción, y hay que abogar por una optimización de los procesos. Esta se puede obtener en varios puntos a lo largo de la cadena de valores y en el ciclo de vida de un producto, teniendo siempre presente que uno de los más importantes es en el óptimo mantenimiento de la maquinaria de producción. Un factor que contribuye a tal optimización es el uso de lubricantes sintéticos de grado alimenticio de la mejor calidad y mayor especialización posible que garanticen el alto rendimiento del equipamiento.
Al final, como en muchos otros aspectos de la vida, ‘lo barato sale caro’.








































