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El sector corchero se convierte en el primero del país que calcula su huella de carbono, a través de un estudio de la UAB y el Icsuro

La industria del corcho retiene más CO2 del que emite

Anna León29/05/2012

29 de mayo de 2012

El pasado 26 de marzo, se presentó el estudio de la huella ecológica de los tapones de corcho, en el Salón Intevin, durante las jornadas Taste & Flavours, en el marco de Alimentaria. Con este proyecto, la industria del corcho es la primera del estado que ha medido su huella de carbono a nivel de sector. La investigación ha demostrado que globalmente un tapón de corcho contribuye a fijar 234 gramos de CO2. Por lo tanto, se ha calculado que las bodegas que utilicen tapón de corcho pueden reducir entre un 18-40% del balance de CO2 de sus botellas.
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De izquierda a derecha, Manel Pretel, director del Institut Català del Suro; Josep Maria Pelegrí, Conseller de Agricultura, Ramaderia, Pesca, Alimentació i Medi Natural de la Generalitat de Catalunya; Francesc Jiménez, presidente de la Associació Empresaris Surers de Catalunya y Jesús Rives, técnico de proyectos de Inèdit Innovació, empresa del Parc de Recerca de la UAB.

En rueda de prensa, previa a la presentación del pasado 26 de marzo, el Conseller de Agricultura, Ramaderia, Pesca, Alimentació i Medi Natural de la Generalitat de Catalunya, Josep Maria Pelegrí, expresaba su apoyo institucional al sector corchero catalán. Además, aprovechaba la ocasión para resaltar las virtudes del tapón de corcho en cuanto a calidad, seguridad alimentaria y valor ambiental. Ya en el curso de la presentación, en el Salón Intervin, Jordi Bort, director general del Instituto Catalán de la Viña y el Vino (INCAVI), reiteraba este respaldo hacia un sector que la Generalitat de Catalunya considera “estratégico” para la comunidad autónoma. “Esperamos –añadió– que el estudio que permite medir la huella de carbono del tapón de corcho, y que se presenta esta tarde, pueda ayudar a otras empresas vitivinícolas catalanas y del resto del país. El objetivo es poder definir el impacto de la huella de carbono del vino, y también del cava, en un par de años”.

De ser así, se podría cerrar el círculo tapón de corcho, botella y vino y quizás lograr una mayor cuota en aquellos mercados exteriores en los que más se valora el impacto medioambiental. Así lo explicaba Jordi Bort: “Estamos trabajando por el devenir futuro de nuestros vinos, fuera del país. El propósito es que la industria vitivinícola española pueda salir pronto de esta recesión. Para ello, es necesario conocer el valor percibido tras una botella de vino. La administración catalana no puede estar a espaldas de las iniciativas de las patronales. No es fácil reunir, en una misma mesa, como lo hacemos hoy, al sector del vino y del corcho catalán, trabajando de forma conjunta para que el consumidor sea el máximo beneficiado”.

“Esperamos que este estudio pueda ayudar a otras empresas vitivinícolas catalanas y del resto del país. El objetivo es poder definir el impacto de la huella de carbono del vino, y también del cava, en un par de años”

Reducir entre un 18-40% del balance de CO2 de las botellas, gracias al tapón de corcho

De la mano de representantes del Instituto Catalán del Corcho (AECORK), Inèdit-UAB y el consejero de Agricultura de la Generalitat de Cataluña, tuvo lugar este encuentro, que contó con la colaboración de FIVIN (Fundación para la investigación del vino y la nutrición), INCAVI (Instituto Catalán de la Viña y el Vino), AVC (Asociación Vinícola Catalana) y Instituto del Cava. Con esta presentación, los representantes de las diversas instituciones de la Administración, corcho y vino, mostraron su compromiso para unir esfuerzos ante la lucha contra el cambio climático y llevar a cabo acciones que ayuden a mitigarlo.

El estudio se inició en el año 2008 y se ha prolongado durante cuatro años. La investigación se enmarcaba dentro del proyecto Cenit Demeter, liderado por la bodega Miguel Torres. Este último, cuyo presupuesto se elevó a los 27 millones de euros, agrupó a 27 empresas del sector, 31 grupos multidisciplinarios vinculados a 17 centros públicos de investigación y cinco centros tecnológicos, los cuáles han estudiado los efectos del cambio climático en las viñas y buscado soluciones para paliarlo. “Se llevó a cabo un análisis de ciclo de vida, que no es otra cosa que una metodología dentro de la ecología industrial, para determinar los impactos ambientales a lo largo de todo el proceso productivo. En nuestro caso, elegimos dos productos muy representativos de la industria corchera: el tapón de vino natural de una sola pieza y el tapón de cava/champagne de dos discos”, narraba Domingo Valiente, secretario general del FIVIN.

“Se compensa mucho más de lo que se emite. De cada tonelada de corcho que se extrae del árbol, convertido a tapones, estaríamos hablando de 14,6 toneladas de CO2. En el caso de un tapón de corcho se llegarían a fijar 234 gramos de CO2
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Gracias al estudio, la industria corchera se convierte en la primera que mide la huella de carbono que produce, a nivel de sector. Las bodegas pueden recortar su balance de CO2 entre un 18 y un 40% con el uso del tapón de corcho.

En la investigación se tuvieron en cuenta todas las etapas: desde la extracción del árbol, pasando por la fabricación hasta el uso de cualquier producto. En él, se involucraron cinco empresas de tapón de corcho y cinco de cava, junto a otras compañías y organizaciones en representación del sector forestal. Los resultados, según el secretario general del FIVIN, no dejan lugar a dudas: “Se compensa mucho más de lo que se emite. De cada tonelada de corcho que se extrae del árbol, convertido a tapones, estaríamos hablando de 14,6 toneladas de CO2. En el caso de un tapón de corcho se llegarían a fijar 234 gramos de CO2”.

En conclusión, y a raíz del estudio, la del corcho es una industria sostenible, algo que según Domingo Valiente “ya sabíamos pero ahora podemos demostrar científicamente”. Es decir, si la producción de una botella de vino emite 600 gramos de CO2, las bodegas pueden reducir entre un 18 y un 40% de las emisiones, solo con utilizar tapón de corcho.

“El cambio climático es un reto pero también una oportunidad para la industria corchera”

Entrevista a Manel Pretel, director del Institut Català del Suro (Icsuro)

Desde el Icsuro, ¿qué valoración hacen de la jornada que se ha celebrado en el marco de Alimentaria?

Para nosotros ha sido muy importante poder presentar este estudio, en el que hemos trabajado durante cuatro años, en un fórum de la proyección internacional de Alimentaria. Y además lo hemos hecho en el espacio Taste & Flavours, donde el vino es uno de los protagonistas. No hay que olvidar que el 70% de la industria corchera está concentrada en el tapón de corcho, precisamente aquel que se emplea en el embotellado del vino. Nuestro propósito, además de dar a conocer este trabajo era el de mostrar nuestro apoyo al sector vinícola. Dejar claro que estamos al lado de la bodega para ayudarla a reducir emisiones y hacer frente al calentamiento global. La industria corchera, con su huella de carbono negativa, contribuye a reducir la huella de cabono que producen los productos vitivinícolas. Por ejemplo, una botella de vino puede reducir entre un 18 y un 40% su balance de CO2 si utiliza corcho para su embotellado.

Un trabajo en el que han invertido cuatro años...

El proceso no ha sido nada fácil. Durante estos cuatro años nos hemos puesto en contacto con las empresas para recabar información y así poder hacer un análisis de ciclo de vida. Al final, hemos conseguido dos cosas: por un lado, hemos obtenido la información que necesitábamos, por el otro, que todas las empresas participantes se cohesionaran en torno a un objetivo común.

En general, ¿qué supone para la industria vitivinícola el desarrollo de un estudio de este tipo, ahora que hay un mayor interés por la sostenibilidad?

Nos hallamos en un momento coyuntural clave, a raíz de la aparición de movimientos como el 'Wineries for Climate Protection'. El sector a nivel privado se ha unido y firmado un manifiesto que incluye el compromiso también del sector corchero contra el cambio climático. Ahora esperamos que estos esfuerzos se traduzcan en acciones de mejora encaminadas a reducir o minimizar los impactos que genera el cambio climático en el sector vitiviínicola, siendo uno de los más afectados. Piensa que cambian las temperaturas, el punto de maduración de las uvas, la forma de elaborar el vino puesto que se ha de recoger antes; esto obliga a la industria a reinventarse y buscar nuevas formas de mitigar las emisiones. Una de ellas es utilizar corcho, porque de esta manera se gestionan los bosques que al final contribuyen a que se reduzcan las emisiones de CO2.

¿Cómo afecta el cambio climático a la producción de corcho y por ende a la industria corchera?

Con el cambio climático tenemos un reto pero a la vez una oportunidad. Sabemos que una de las especies menos vulnerables a los incendios es el alcornoque y que si no se le extrae el corcho ese mismo año, tiene un índice de supervivencia del 91%. En una región como el Mediterráneo, donde habrá más estrés hídrico, temperaturas más altas y riesgo de incendio, a causa del cambio climático, tenemos una especie que se adapta a la zona y encima no tan vulnerable al fuego. Esto supone una oportunidad. También hay que decir que los hábitats están cambiando, y las zonas más susceptibles de que hubiera corcho también lo harán. Los estudios advierten que en un futuro tendremos que producir corcho en cotas más altas. En este sentido, el Pirineo parece ser una de las zonas donde más cultive la industria del corcho.

Por lo tanto, la Comunidad Autónoma catalana podría, en función de estos cambios, liderar la industria del corcho…

Efectivamente. Se habla de una “mediterranización” europea. Los bosques mediterráneos contarán con mayor superficie, en el futuro, si se comparan con el resto de Europa.

Tengo entendido además que el sector, en Cataluña, es uno de los que menos emisiones produce, según el estudio…

Lo que hemos intentado demostrar es que si el consumo es local, en un espacio reducido, sí es verdad que las emisiones son menores. Haría falta pues una simbiosis entre industria vitivinívcola y corchera. Después dependrá mucho de dónde se consuman esos vinos y dónde se transportarán.

Lo importante es que hemos demostrado, de forma objetiva, que nuestra huella de carbono es negativa. Eso era algo que intuíamos, ya que el corcho tiene una base forestal y todos los árboles hacen de sumideros de CO2. Lo que no sabíamos era cuánto se emitía en el proceso de producción. Pues ahora hemos visto que muy poco en comparación con todo lo que se captura. Pero yo iría más allá. Gracias a la industria corchera, los bosques de alcornoque capturan entre tres y cinco veces más emisiones. Esto también se ha podido demostrar. Que exista una industria corchera hace que estos bosques estén en producción y que además de captar CO2, eviten la desertificación del Mediterráneo al fijarse la materia orgánica en las raíces del árbol. A la vez, hay una gran biodiversidad de especies endémicas propias del Mediterráneo. Con la gestión de los alcornoques se hace un bien desde el punto de vista medioambiental a la sociedad. Es un gran patrimonio natural con el que contamos.

Tras la presentación de este estudio, ¿cuál es el siguiente paso?

El siguiente paso, muy importante para nosotros, es el de involucrar a todas las empresas. Que todo el sector corchero del país forme parte del mismo, junto a las 10 empresas corcheras de vino y cava actuales. Esperamos que todas las empresas corcheras del país calculen su huella de carbono. Así contaríamos con datos más representativos y tendríamos en cuenta la idiosincrasi de las diversas regiones. Que podamos desarrollar una calculadora de CO2 no solo para empresas españolas, sino también del resto de la UE. Y también pondríamos en marcha un sistema de validación, desde la UAB, que acreditaría que las bodegas disponen de su certificado de huella de carbono y, por lo tanto, lo pueden emplear como reclamo en el mercado. 

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Manel Pretel, director del Institut Català del Suro (Icsuro).

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