El Palacio de Congresos de Fira de Barcelona fue la sede del 'Wineries for Climate Protection', el pasado 10 de junio

El mundo del vino le echa un pulso al cambio climático

Anna León22/06/2011

22 de junio de 2011

El mundo del vino desafía, desde varios flancos, al cambio climático. Y la pregunta del millón es si saldrá victorioso de este combate. El pasado 9 de junio, se firmaba la ‘Declaración de Barcelona’ en el ayuntamiento de la Ciudad Condal. Un manifiesto con el que 300 bodegueros ratificaban su compromiso con la vitivinicultura a través de valores sociales y medioambientales, más allá de la cuenta de resultados de sus negocios. Un día después, el Palacio de Congresos de Fira de Barcelona acogía el congreso ‘Wineries for Climate Protection’, donde se hizo referencia a dicho manifiesto. Durante la inauguración, Ricardo Lagos, enviado especial de la ONU para el cambio climático, aludió a un posible ‘efecto dominó’ que la ‘Declaración de Barcelona’ podría generar en otros sectores de actividad. Los ponentes compartieron sus experiencias en el uso de energías renovables, como la geotermia; la plantación de bosques como sumidero de CO2 o la reducción del peso de las botellas, lo que equivaldría a “un 20% menos de emisiones”, tal y como resaltó el propio ex presidente de Chile.
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De izquierda a derecha: Federico Castellucci, director general de la Organización Internacional del Vino; Ricardo Lagos, enviado especial de la ONU para el cambio climático; Josep María Pelegrí, Conseller d'Agricultura, Ramaderia, Pesca, Alimentació i Mediambient de la Generalitat de Catalunya; José Luis Bonet, presidente de Fira de Barcelona y Félix Solís, presidente de la Federación Española del Vino.

A mediados del pasado mes de mayo, la III edición del Congreso Mundial de Cambio Climático y Vino, celebrado en Marbella, lanzaba un mensaje claro a la industria del vino: “Menos ‘marketing verde’ y más abordar la sostenibilidad como necesidad de primer orden”. En aquel momento, se pidió al sector que olvidara las ‘etiquetas ecológicas’ y pusiera en marcha propuestas concretas en favor de la sostenibilidad. Una petición que no cayó en saco roto. Unas semanas después, Barcelona recogía el testigo de la ciudad marbellí con la celebración de dos acontecimientos que abrirían una vía significativa en la lucha contra la amenaza del cambio climático. El primero, la firma de la ‘Declaración de Barcelona’, en el Saló de Cent del consistorio barcelonés, el pasado 9 de junio. Un decálogo respaldado por más de 300 bodegas de las principales zonas vinícolas del mundo, con el que se iniciaba un movimiento de cooperación cuyo horizonte fuera la protección del clima y del viñedo, así como la lucha en pro de la conservación del hábitat, el paisaje, la tradición y la cultura. A la vez, se hacía referencia a un desarrollo sostenible del bienestar social que no comprometiera los recursos y las condiciones de vida del ser humano. Personalidades como Ricardo Lagos, enviado especial de la ONU para el Cambio Climático; Federico Castellucci, director general Organización Internacional del Vino; Josep Maria Pelegrí, conseller de Agricultura, Ramadería, Pesca, Alimentación y Medio Natural de la Generalitat de Catalunya; Jordi W. Carnes, Teniente de Alcalde del Ayuntamiento de Barcelona; Félix Solís, presidente de la Federación Española del Vino y José Luís Bonet, presidente de Fira de Barcelona suscribieron esta declaración ante una amplia representación de los diversos estamentos del sector vitivinícola nacional e internacional.

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En la imagen, la sala donde se celebró el congreso, repleta de público vinculado al mundo del vino. 'Wineries for Climate Protection' logró convocar a más de 450 congresistas.

El segundo, fue la inauguración del certamen ‘Wineries for Climate Protection’ de manos de Miguel Ángel Almodóvar, investigador del Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (CIEMAT), el pasado 10 de junio en el Palacio de Congresos de Fira de Barcelona. A modo de introducción, Miguel Ángel Almodóvar hizo alusión a las medidas que ya toma buena parte del sector vinícola, especialmente el bodeguero, contra el cambio climático. Sobre todo, si se tiene en cuenta que la viña es uno de los cultivos más afectados por el calentamiento global: “Una gran mayoría, adopta prácticas de producción sostenibles o planea hacerlo en un futuro inmediato. Además, fomentan fuentes de energía renovables (solar, eólica y fotovoltaica), optimizan los recursos hídricos a través de sistemas inteligentes de irrigación y de recogida del agua de lluvia, trabajan en embalajes más ecológicos y además, experimentan con sistemas inéditos de fijación de CO2”.

En el marco del congreso, se hizo alusión al manifiesto suscrito el día anterior, como precedente para la toma de conciencia de otros sectores del tejido productivo iniciándose “una respuesta colectiva que nacería de lo más profundo de la sociedad civil”, tal y como aseguró el propio Ricardo Lagos. Asimismo, el ex presidente de Chile y enviado especial de la ONU para el cambio climático declaró: “Este manifiesto puede considerarse un hito a nivel sectorial de cómo un sector de actividad económica tremendamente complejo puede dar un salto fundamental. La decisión de adquirir el compromiso de reducción de un 20% las emisiones de gases de efecto invernadero en 2020 es tal vez, una de las proposiciones más completas que se han realizado”.

Ricardo Lagos calificó de “hito” la 'Declaración de Barcelona', suscrita por el sector del vino, al mostrar cómo un sector de actividad económica “tremendamente complejo puede dar un salto fundamental”
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A la izquierda, Ricardo Lagos, enviado de la ONU para el cambio climático y ex presidente de Chile; y a la derecha, Tomás Molina, presidente de la Asociación Internacional de Profesionales de la Meteorología en Medios de Comunicación.

Por su parte, Tomás Molina, presidente de la Asociación Internacional de Profesionales de la Meteorología en Medios de Comunicación, también suscribió la idea que la lucha contra el cambio climático se puede abordar a nivel sectorial, y el vinícola, cuya estructura se sustenta sobre pilares familiares, podría ser un buen ejemplo de ello. “Quizás no es el que más productividad aporta, pero este sector sí el que más territorio cubre, no solo en España, sino en otros países del norte de Europa”, aseguró. En concreto, recordó la importancia de la reducción de la huella de carbono y de las temperaturas, que sean beneficiosas para el cultivo. Una petición nada gratuita si se tiene en cuenta que en los últimos 40 años las temperaturas han aumentado un grado en las regiones mediterráneas. Al término de su intervención, el meteorólogo y también presentador televisivo sugirió: “El tiempo que hace cada día, acaba siendo el clima. Y éste termina siendo nuestra forma de comer y alimentarnos. Entre todos, empecemos a cambiar, ni que sea de forma sectorial y después, de manera global”.

“El tiempo que hace cada día, acaba siendo el clima. Y éste termina siendo nuestra forma de comer y alimentarnos. Entre todos, empecemos a cambiar, ni que sea de forma sectorial y después, de manera global”

El certamen saca a la luz prácticas sostenibles de bodegas extranjeras

Tras la intervención de Tomás Molina se inició el primer bloque de ponencias de la jornada bajo el título ‘Experiencias prácticas de bodegas de todo el mundo para combatir el cambio climático’, moderado por Xavier Farré, director de viticultura del Grupo Codorníu, quien hizo referencia a las investigaciones que se llevaron a cabo durante el pasado ejercicio sobre emisiones y ‘secuestro’ de carbono en los viñedos, junto a las más de 70 nuevas instalaciones de paneles solares en la industria del vino. De refrescante se podría calificar la ponencia del primer caso expuesto: el de las bodegas californianas Fetzer Vineyards, situadas en el condado de Mendocino, en el norte del Valle de Napa, y donde cuentan con más de 400 hectáreas de cultivo. En concreto, Ann Thrupp, manager de sostenibilidad y desarrollo orgánico, explicó bajo qué criterios conciben las prácticas sostenibles en su bodega: “Nos referimos a las tres e: ecológico, económico y equidad social. Es decir, buscamos los beneficios económicos, a la hora de reducir costes, y ambientales”. Entre las prácticas que emplean para garantizar la producción de su marca de vino Bonterra, 100% orgánica citó: evitar el uso de fertilizantes y fitosanitarios químicos, conservar recursos naturales y biodiversidad de la zona, uso de los cultivos de cobertura que ofrecen una serie de beneficios como el secuestro de carbono, instalación de 4.300 paneles solares, reducción de desechos y basuras sólidos, y monitoreo de la humedad del suelo, ya que en California el agua es un recurso más bien escaso.

La falta de agua es otro de los hándicaps a los que deben hacer frente las bodegas australianas, como Treasure Wines States, segundo ponente del bloque. Como portavoz de dicha bodega, Giola Small, ‘regional manager sustainability & vintrepreneur’, resaltó algunos de los efectos del cambio climático observados en variedades como la Chardonnay y la Cabernet Sauvignon: “Hemos observado, en los últimos años, que la cosecha se adelanta 11 días. Si en el año 1992, la vendimia era de 20 días, desde hace cuatro años ésta se reduce a 11”. El impacto de las temperaturas más altas no solo se aprecia en la vendimia, también en la madurez de variedades como la Cabernet Franc y la Shiraz y en la calidad y estilo del vino, especialmente en los blancos. Entre las decisiones adoptadas por la bodega, ubicada en Penfolds (Australia), Small destacó: la plantación de más de 1.000 hectáreas de árboles con los que han almacenado 40.000 toneladas de CO2, lo que equivale a las emisiones de 8.000 turismos fuera de las carreteras gracias al ‘secuestro’ de carbono, la instalación de tuberías que bombean agua desde el río más cercano y el haber formado a más de 7.000 viticultores en el cálculo de la huella de carbono. Otro de sus logros ha sido el reciclado de agua en su planta trituradora, lo que les ha permitido ahorrar cinco millones de litros.

“Nuestras prácticas sostenibles hacen referencia a las tres e: ecológico, económico y equidad social. Es decir, buscamos los beneficios económicos, a la hora de reducir costes, y ambientales”
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Benoït Gouz, chef de Caves de Moët Chandon, durante la ponencia que impartió en 'Winaries for Climate Protection'.

Desde Moët et Chandon, Benoït Gouez, ‘chef de Caves’ de uno de los principales productores de champagne, destacó el incremento de los ataques de los parásitos como una de las consecuencias del calentamiento global. Durante su intervención, insistió en las emisiones intermedias, especialmente las originadas por el embalaje, algo muy importante en la región de Champaña-Ardenas (Champagne-Ardenne). En cifras, Moët et Chandon ha calculado que el embalaje es el responsable de la emisión de 2,5 kilos de CO2 por botella, es decir un 37% del total. Desde el año 2010, han reducido en un 7% el peso del cristal por botella, así como la presión del gas por envase para disminuir también la huella de carbono. También han tenido en cuenta el hecho de cambiar la dirección de las botellas, lo que supone almacenar más cajas por palé y, en consecuencia, bajar las emisiones de transporte, un 13% de las que se producen por botella. Igualmente, Benoït Gouez, hizo hincapié en otras medidas sostenibles, adoptadas por la bodega: menor uso de fungicidas contra las plagas e implantación de sistemas de confusión sexual en el 89% de la superficie de cultivo, instalación de paneles que protegen entre un 70 y un 80% más las viñas, uso integrado, explotación de biomasa y control de malas hierbas a través de microcámaras que captan el manto verde y después aplican la dosis necesaria de herbicida. En la lucha contra el cambio climático, puntualizó: “Se trata de pasar de ser sistemático a cada vez más razonable y flexible”.

Las bodegas españolas se 'ponen las pilas' en responsabilidad medioambiental

En el transcurso del certamen que se dividió en otros dos bloques, denominados ‘El cambio climático desde visiones diferentes’, moderado por Pancho Campo, presidente de ‘The Wine Academy of Spain’ y ‘Tendencias de mercado respetuosas con el clima’, a cargo de José Luis Gallego, periodista y escritor, se puso de manifiesto el interés y esfuerzo de las bodegas españolas para hacer frente al cambio climático. Entre la multitud de testimonios que se pudieron presenciar, cabría destacar el de los ‘cinco bodegueros pioneros en esta materia, y a los que se sumaron todos los demás’, tal y como los definió Pau Roca, secretario general de la Federación Española del vino, durante la clausura de este encuentro. De la mano de sus portavoces, bodegas como Torres, Matarromera, Chivite, Freixenet y Codorníu relataron su experiencia y responsabilidad medioambiental.

Por ejemplo, Miguel Torres, presidente de bodegas Torres, aportó medidas como la búsqueda de nuevos escenarios para el cultivo de la viña, “más al norte y a mayor altura, donde la temperatura media puede bajar un grado”. Además, detalló el programa de inversión en energías renovables desarrollado en Bodegas Torres y cuyo coste se eleva a los 10 millones de euros. Un plan que incluye la instalación de 12.000 metros cuadrados de placas fotovoltaicas, que facilitan el 11% de la energía eléctrica que consumen. Además, participan en el proyecto de construcción de un parque eólico que generaría 2,8 megavatios; se sirven de biomasa y disponen de 52 coches híbridos. El propio Miguel Torres predica con el ejemplo y conduce uno de ellos. Aun así, su punto fuerte sigue siendo la investigación. En colaboración con la Universidad de Salamanca, estudian el comportamiento de unas algas cianobacterianas para absorber parte del dióxido de carbono que se emite durante la fermentación del vino. Con estas medidas prevén reducir sus emisiones de CO2 en un 30% por botella, antes de finalizar la década. “Cuanto más cuidamos la tierra, mejor vino conseguimos”, resumió.

“Cuanto más cuidamos la tierra, mejor vino conseguimos”
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De izquierda a derecha, Carlos Moro, presidente de Matarromera y Miguel Torres, presidente de bodegas Torres, en el marco del congreso.

Entre los testimonios presentados, destacó también el de Carlos Moro, presidente del grupo familiar Matarromera, el primero que obtuvo la certificación de Aenor por haber calculado la huella de carbono (emisiones de dióxido de carbono por botella elaborada) de tres de sus vinos. El presidente de Matarromera narró cómo nació el ‘Proyecto Tierra’, en el año 2005, “bajo criterios de responsabilidad social corporativa así como de la búsqueda de excelencia del producto”. El cumplimiento de los objetivos propuestos se materializó con el cálculo de la huella de carbono, “un punto de partida en el ámbito de la sostenibilidad ambiental porque el conocer estas emisiones permite reducirlas en la próxima añada”. Dentro de este programa, en el que está implicado todo el personal de Matarromera, se incluyen medidas como el cultivo ecológico en 62 de sus hectáreas, la plantación de 50 hectáreas de pino piñonero, la explotación de biomasa y el uso de energías renovables como la fotovoltaica. En la misma línea, Matarromera lleva a cabo una política de reducción de residuos y aprovechamiento de subproductos como los hollejos para producir aguardiente y brandi y, en la actualidad, trabaja en el cálculo de la huella hídrica. Ésta última se refiere a la cantidad de agua empleada en la elaboración de una botella de vino (desde el riego en la viña hasta el lavado del vidrio).

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