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El presidente de Bodegas Emilio Moro es autor del libro ‘Si lo sabes escuchar, el vino te habla

Innovación de la cepa a la copa: cómo reinventarse en un sector tradicional como el del vino

José Moro, presidente de Bodegas Emilio Moro y Bodegas Cepa 21

12/10/2020

En la industria del vino se trabaja para cumplir un sueño: elaborar el mejor vino del mundo o, al menos, mejorar la calidad del producto. Nosotros, desde Bodegas Emilio Moro y Bodegas Cepa 21, hemos intentado siempre dar como resultado vinos cada vez mejores, diferenciadores y capaces de emocionar. En esta era, además, hemos conseguido aumentar su calidad a través de la innovación, regalando a los consumidores un trocito de Pesquera del Duero, donde se ubican nuestros viñedos.

El vino no es solo vino. Es muchas cosas. Es cultura, salud, arte y es el mejor catalizador que hay de relaciones humanas, capaz de sacar lo mejor de las personas. En Emilio Moro queremos cada día ser mejores y seguir creciendo, por eso hace ya unos años nos dimos cuenta de que debíamos innovar y ser creativos, pues es lo que marca el valor diferencial de las empresas. Nos ha tocado resetearnos, desarrollar capacidades y, en definitiva, acercarnos de manera más directa al consumidor.

Este proceso de innovación que va de la cepa hasta la copa es fruto del trabajo de una gran cantidad de personas durante muchos años y no viene de la noche a la mañana: lleva una historia detrás. Todo empieza cuando, hace 30 años, recibo un lagar viejo y unas tierras de viñedos. Entonces, tengo un sueño: hacer de esos viñedos un producto internacional. Por aprendizaje, y también por pura intuición, igual que lo hacían mis antepasados, empecé a experimentar con la variedad tempranillo. Hoy, aquellos viñedos son el mayor activo de Bodegas Emilio Moro.

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José Moro, presidente de Bodegas Emilio Moro y Bodegas Cepa 21.

Sin embargo, queríamos más; un producto aún mejor y para ello tuvimos que sumergirnos en un desarrollo diferenciador dentro del proceso vitivinícola. ¿Y si, en vez de utilizar las levaduras comerciales, elaboramos unas propias?, nos preguntamos. Así fue como conseguimos vinos con más identidad y personalidad. Ese paso fue muy importante dentro de la innovación de Emilio Moro. Después se nos ocurrió geolocalizar los viñedos y luego llegaron los drones, que utilizamos para sacar imágenes aéreas y fotos espectrales de gran calidad, de contar con información muy útil de los viñedos: sus fortalezas, carencias, enfermedades, debilidades... Llevamos toda esa información a una abonadora y con ella pudimos hacer abono a la carta. El día que vi eso me di la vuelta, sonreí y me acordé de mi padre y de mi abuelo. ¡Si pudieran haber visto que era posible hacer nuestro abono personalizado cuánto se hubieran impresionado!

Después de aquello, seguimos innovando. Queríamos ser una bodega de alta calidad, sostenible y gestionada digitalmente a través de la colocación de una red de sensores en los viñedos y de la aplicación de inteligencia artificial, Big Data y tecnología satelital al campo para maximizar el rendimiento y minimizar el impacto ambiental de la producción de vino. Instalamos en los viñedos una red de sensores que, junto a imágenes de satélite obtenidas en alta resolución y a tiempo real, nos permitieran medir factores ambientales clave como la humedad, la temperatura, la conductividad del suelo y la absorción de agua, o la salud de las vides. Gracias a la inteligencia artificial y la aplicación de tecnologías basadas en Big Data, esos datos son procesados y enviados al instante a las herramientas móviles de nuestros enólogos y técnicos de la bodega, de tal manera que podemos conocer con absoluta precisión la cantidad ideal de riego y fertilizante que necesitan las vides en cada momento.

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Moro en las viñas de Bodegas Emilio Moro.

Hace tiempo que apostamos por una digitalización total de la bodega, mezclando tecnología satelital con sensorial; medimos todas las variables posibles en un proceso para generar índices en la gestión del viñedo. Toda esa información que recabamos la llevamos a una gran plataforma a la que aplicamos Big Data para aprender y para que todas las decisiones que un día tomábamos por intuición, ahora hacemos con los datos en la mano. Pero no nos paramos aquí. Seguiremos innovando hasta conseguir ser cada vez mejores porque, lo que hace unos años era impensable, ahora es posible. Podemos conocer con absoluta precisión la cantidad ideal de riego y fertilizante que necesitan las cepas en cada momento, qué áreas podar, cuándo cosechar, etc, lo cual revierte en la calidad de la uva y del producto final, sin que por ello se pierda la esencia de la creación de vinos.

Por todo este trabajo, llevamos desde 2007 consolidándonos como pioneros en aplicación de alta tecnología a la viña, lo que ha posibilitado ser parte de la lista Forbes de los 100 empresarios más innovadores. ¡Todo un orgullo!

Mi recomendación a los profesionales, no importa de qué sector, es estar muy atentos a los principales avances en esta materia para estudiar cómo pueden aplicarse en sus campos de negocio. Para nosotros, el secreto ha sido saber conjugar tradición e innovación, pero siempre trabajadas desde la pasión y el cariño por lo que hacemos. Solo innovando seguiremos teniendo un lugar destacado en un sector tremendamente competitivo como el del vino. La aplicación de las nuevas tecnologías a la viña y a todo el proceso de elaboración del vino se ha convertido para nosotros en un eje básico. Pero con la tecnología no pretendemos sustituir la mano del bodeguero, sino darle más herramientas para elaborar de una manera fiable y eficaz diferentes tipos de vino para diferentes públicos, porque en el vino siempre ha habido y habrá una parte creativa insustituible.

Creo que hay que buscar cada mañana la forma de diferenciarse, de ser revolucionarios, porque solo así seremos capaces de adaptarnos al mundo de hoy. Hay que seguir soñando en grande, trabajar con pasión y nunca dejarse vencer por las dificultades.

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'Si lo sabes escuchar, el vino te habla' se centra en la inspiradora historia de éxito de Bodegas Emilio Moro.

La tecnología y todo el proceso transformador que afecta a la sociedad entera y, por supuesto, a las formas de producir, de vender y de consumir, ha cambiado las reglas del juego para todos, pero no nos obliga a perder de vista la esencia, lo tradicional, ni a olvidar, en nuestro caso, que el centro de todo sigue siendo aquellos viñedos que mi abuelo Emilio Moro plantó hace un siglo.

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