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Enoturismo de calidad para mostrar al mundo las particularidades del Baix Penedès

Can Marlès: cuando vino y turismo se dan la mano

Nina Jareño19/12/2016

Can Marlès es una de las bodegas más características del Baix Penedès. Con unos viñedos singulares, se ubica en el valle del parque natural del Montmell (Tarragona), a 500 metros de altitud. Esta situación ofrece unas condiciones de crianza excelentes que permiten crear vinos de finca únicos y diferentes que se rigen por una viticultura ecológica certificada.

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'Las terrazas de Can Marlès' cambian de color según la estación.

Considerado como uno de los lugares más bellos de Europa, el Montmell se caracteriza por el cultivo de cereales, olivos y viñas. Can Marlès cuenta con 38 hectáreas de tierra, 5 de las cuales se destinan a la producción de uvas Chardonnay, Sauvignon Blanc y Tempranillo (Ull de Llebre). En las próximas temporadas, se espera una ampliación de 20 hectáreas de cultivo de Chardonnay y Tempranillo, así como la plantación de 3 hectáreas de Syrah. Las viñas más antiguas tienen 10 años y, junto a las nuevas, dan lugar a una producción de 15.000 botellas anuales que en un futuro alcanzarán las 30.000.

El procesado de la uva en bodega empezó en 2008, cuando se incluyó maquinaria y equipamiento de última generación al proyecto. “La marca Can Marlès existe desde 2012 y ha conseguido progresar por su carácter original, natural y sorprendente”, explica Lucía Pombo, responsable de Marketing de la bodega. “Las propiedades geoclimáticas de la zona, con suelos argilosos y nódulos de carbonados, se traducen en una maduración alargada que da lugar a vinos aromáticos, finos y de gran personalidad”, explica Pombo.

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La masía principal pertenece a los propietarios y se utiliza para celebrar eventos gastronómicos, musicales...

Un proyecto enoturístico sin igual

A Can Marlès no le basta con producir vino, también quiere mostrar al mundo dónde y cómo lo hace. Así, 2017 será el año de inicio de un proyecto enoturístico tan ambicioso como interesante. A tan solo 1 hora de Barcelona y a escasos kilómetros de la costa, Can Marlès propone una experiencia rural real.

Con una masía de 1850 completamente restaurada y adaptada a las necesidades modernas –Internet, electricidad, wifi…– y lista para alquilar, se inicia un proyecto que pretende adaptar hasta 7 masías (Masias Ventosa, Cal Maginot, Cal Meliton, Cal Puïc, Ca La Rosa, Ca l’Estell y Can Marlès) para ponerlas a disposición del amante del turismo rural.

“La restauración de la masía Can Puig nos ha permitido recuperar el alma y la esencia del pasado con todas las comodidades de la actualidad, lo que permite al turista visitarnos en cualquier momento del año y disfrutar de la naturaleza sea cuando sea. Ya estamos trabajando en la segunda masía, que estará disponible muy pronto”, señala Pombo.

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La primera masía reformada, enfrente de la piscina, ya está lista para alquilar.

“Apostamos por un enoturismo consecuente con el lugar en el que estamos, que respete la naturaleza y el entorno. No podemos construir nada nuevo ya que estamos en un parque natural protegido, sólo se nos permite restaurar lo que ya existe y eso significa autenticidad y valor”.

Experiencias gastronómicas, contacto con la naturaleza, baños en la piscina, rutas a pie, en moto, en bicicleta o a caballo, espeleología y conocimiento del medio ambiente, contacto con animales, catas de vino en medio de las viñas, masajes relajantes… Las posibilidades que ofrece Can Marlès son infinitas: “Hasta donde llegue la imaginación del cliente nos podemos adaptar a todo, incluso tenemos alpacas con las que se puede interactuar”.

Aunque pueda parecer un proyecto a gran escala, detrás de todo esto está una sola persona apasionada por la vida: Miguel. Un hombre enamorado de la naturaleza que cree en el potencial del Montmell y quiere transmitirlo a los demás. “Creo en esta tierra y en sus posibilidades, por lo que voy a dedicar todos mis esfuerzos junto a mi equipo en dar a conocer nuestros vinos y nuestro concepto de enoturismo”.

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Los 2 protagonistas de Can Marlès, Miguel, propietario junto a Pepa Menchón, su enóloga.

Trilogía ecológica con imagen renovada

De Can Marlès del Montmell nacen tres monovarietales ecológicos cargados de exotismo, elegancia y expresividad. Dos blancos que compiten entre la frescura y la elegancia del Chardonnay, de tonalidad dorada, más bien pálidos, frescos y golosos; y un Tempranillo seco pero equilibrado. “No elaboramos vinos jóvenes, todos nuestros productos son Crianza”, puntualiza la enóloga de Can Marlès, Pepa Menchón.

En 2010 el Chardonnay se alzó con la Golden Leaf en Vinum Nature con la puntuación más alta de los vinos de su categoría. En 2013, Vi Blanc y el Tempranillo obtuvieron la medalla de plata en el Concurso Internacional de Bruselas. “La materia prima es la base de nuestro producto. Si no fuese de calidad, lo que ofrecemos no tendría sentido”.

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Las etiquetas están diseñados por el pintor alemán Noah Wunsch.

El comportamiento de los vinos “es distinto aquí que a 15 km de distancia por una simple cuestión de terroir. No utilizamos levaduras autóctonas para no estar atados a la climatología y no hacemos vinos dulces, todos son secos. Le damos gran importancia a la lágrima, por lo que cuidamos mucho el glicerol para darle una vida útil al producto más eficiente. Y a pesar de que el resultado son productos con potencia alcohólica alta, también son frescos ya que estamos muy pendientes de la acidez, concepto que nos marca la fecha de vendimia”, explica la enóloga.

Aunque el resultado de cada añada es distinto, “aromáticamente estamos consiguiendo una buena regularidad”, indica Menchón. “Todos nuestros vinos pasan por barrica –depósitos de acero inoxidable o de madera de roble francés o húngaro– nueva, por barrica de un año, de dos… Y vamos viendo cómo evoluciona cada uno. Nuestros procedimientos pueden parecer aleatorios o desordenados pero el mundo del vino es así, hay que experimentar”.

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La bodega está dividida en tres sectores. El primero de ellos, el exterior, es donde se encuentran las viñas y donde se realiza la vendimia. El segundo, el interior, está formado por la sala de cata, la sala de elaboración, el laboratorio enológico y la sala de almacenamiento. Por último, el tercer sector resguarda la zona de crianza y embotellado. “El espacio se nos está quedando pequeño por lo que el próximo año ampliaremos nuestras instalaciones”, apunta la enóloga.

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