La peste porcina africana suma 34 focos y obliga a reforzar controles sin afectar a granjas
El último informe del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) alerta de la detección de 34 focos de peste porcina africana (PPA) en jabalíes silvestres en Cataluña, con 195 casos positivos notificados hasta el 26 de febrero de 2026. Aunque no se han registrado contagios en granjas de porcino doméstico, las autoridades mantienen un estricto plan de bioseguridad y vigilancia. La nueva zonificación aprobada por la UE permite flexibilizar algunos movimientos bajo control sanitario.
El Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) ha publicado la actualización de la situación de la peste porcina africana (PPA) en jabalíes silvestres en Cataluña correspondiente al 26 de febrero de 2026, reflejando una evolución epidemiológica que preocupa pero que, hasta la fecha, no ha traspasado las barreras sanitarias hacia las explotaciones porcinas comerciales.
Según el documento oficial, desde la última actualización del 17 de febrero, los Servicios Veterinarios Oficiales (SVO) de la Generalitat han notificado tres nuevos focos en jabalíes silvestres, elevando el total a 34 focos, de los cuales 3 son primarios y 31 secundarios. En conjunto, se han detectado 195 casos positivos en jabalíes distribuidos en siete municipios de la provincia de Barcelona: Cerdanyola del Vallès, Sant Cugat del Vallès, Sant Quirze del Vallès, Terrassa, Rubí, Molins de Rei y Sant Feliu de Llobregat.
El informe detalla también que se han analizado 1.433 animales que han resultado negativos tras las pruebas diagnósticas, con 942 procedentes de capturas o abatidos sin síntomas y otros 491 investigados mediante vigilancia pasiva. Esto evidencia la intensidad de las labores de campo que se están llevando a cabo para delimitar la extensión del virus y actuar con rapidez ante cualquier indicio de expansión.
Una de las novedades más relevantes de este boletín es la entrada en vigor, el 20 de febrero, de una nueva zonificación de la situación epidemiológica aprobada por el Comité Permanente de Plantas, Animales, Alimentación y Piensos (PAFF) de la Unión Europea. Esta reconfiguración sustituye la antigua área declarada como “zona infectada” por dos nuevas categorías, Zona I y Zona II, que establecen distintos niveles de control y vigilancia. Gracias a ello, se permite el inicio de ciertos movimientos de cerdos domésticos y jabalíes, así como de productos derivados, siempre sujetándose a estrictas medidas de bioseguridad acordes con la normativa comunitaria.
El objetivo de estas medidas es doble: por una parte, contener al máximo la circulación del virus entre la fauna silvestre y evitar su paso a las granjas de porcino doméstico; y por otra, reducir el impacto económico en un sector que supone uno de los pilares de la producción agroalimentaria en España. Si bien otros países han impuesto restricciones a las importaciones de productos porcinos procedentes de ciertas regiones españolas ante brotes anteriores, hasta el momento los focos detectados en Cataluña no han provocado cierres de mercados generales ni prohibiciones totales de comercio desde MAPA.
Paralelamente, las autoridades mantienen intensas labores de control poblacional de jabalíes mediante capturas y métodos de vigilancia reforzada, así como el despliegue y refuerzo de barreras físicas (222 puntos de control según los datos del Ministerio) para limitar la dispersión de los animales infectados o susceptibles.
En cuanto a las granjas porcinas y otros establecimientos del sector, los SVO continúan con las inspecciones de bioseguridad y la vigilancia pasiva reforzada exigida por la normativa europea. Hasta el momento, no se han detectado sintomatologías, lesiones compatibles con la PPA ni casos positivos en ninguna de las 60 explotaciones localizadas dentro de las zonas I y II, lo que, según MAPA, indica que las barreras sanitarias y las medidas preventivas están funcionando adecuadamente.
El documento ministerial concluye recordando que la peste porcina africana no es una enfermedad zoonótica, por lo que no afecta a las personas, pero que exige extrema vigilancia y colaboración de los ganaderos y ciudadanos para comunicar cualquier sospecha de casos en jabalíes o cerdos domésticos.



