Expertos piden retrasar el primer smartphone para proteger a los menores
La regulación de la inteligencia artificial para proteger a niños y adolescentes es un avance, pero no será suficiente si no se retrasa el acceso al primer smartphone, según advierte un informe elaborado por SaveFamily. El estudio sostiene que la IA intensifica una dependencia digital ya existente y alerta de que el 48% de los adolescentes reconoce haber perdido el control sobre el tiempo que pasa con el móvil.
La reciente alianza impulsada por España junto a una veintena de países, UNICEF y la UNESCO para promover un desarrollo seguro de la inteligencia artificial para niños y adolescentes supone un importante paso en la protección digital de los menores. Sin embargo, diversos especialistas consideran que el desafío comienza mucho antes del primer contacto con una herramienta de IA.
Así lo recoge el informe sobre infancia y tecnología elaborado por SaveFamily, que combina evidencia científica internacional con una encuesta realizada a 500 familias españolas. El documento concluye que la inteligencia artificial no crea una nueva dependencia digital, sino que potencia hábitos de consumo tecnológico ya consolidados entre los menores mediante algoritmos diseñados para captar y mantener su atención.
Según el estudio, el 48% de los adolescentes admite haber perdido el control sobre el tiempo que dedica al teléfono móvil, mientras que uno de cada cuatro reconoce utilizarlo para evadirse de sus problemas y un 17% afirma haber intentado reducir su uso sin conseguirlo. Además, los menores que pasan más de tres horas diarias en redes sociales duplican el riesgo de sufrir problemas relacionados con la salud mental.
La hiperconectividad comienza antes de la adolescencia
El informe pone de manifiesto que el acceso temprano a dispositivos conectados es uno de los principales factores de riesgo. Nueve de cada diez menores utilizan ya equipos con acceso a internet y el 81,6% pasa más de una hora diaria frente a una pantalla entre semana, porcentaje que supera el 90% durante los fines de semana. Asimismo, más de dos tercios comenzaron a utilizar dispositivos conectados antes de cumplir los 11 años.
Los expertos advierten de que los sistemas de recomendación basados en inteligencia artificial incrementan esta exposición al personalizar continuamente los contenidos con el objetivo de aumentar el tiempo de permanencia en las plataformas. Organismos como la UNESCO y la OCDE ya han señalado la necesidad de incorporar la protección de la infancia desde el propio diseño de estas tecnologías y no únicamente mediante restricciones de edad.
“Está bien poner el foco sobre la incidencia de la IA en el desarrollo infantil, pero el verdadero cambio comenzó cuando normalizamos que un niño de nueve o diez años tuviera un smartphone conectado las veinticuatro horas del día. La IA no inicia ese proceso; lo acelera y hace mucho más difícil controlar sus efectos sobre el desarrollo emocional, la capacidad de concentración o la gestión del tiempo de uso”, afirma Jorge Álvarez, CEO de SaveFamily.
El estudio sostiene que este escenario obliga a replantear el modelo de incorporación de los menores al entorno digital. Cada vez más especialistas defienden retrasar la entrega del primer smartphone como una de las medidas más eficaces para limitar la exposición temprana a redes sociales, contenidos personalizados y sistemas algorítmicos.
En paralelo, varios países europeos ya están adoptando medidas en esta dirección. Francia ha reforzado los controles parentales y las restricciones al uso del móvil en los centros educativos, mientras que Finlandia combina limitaciones de uso con programas de alfabetización digital. En España, el debate sobre la regulación de la inteligencia artificial coincide con una creciente reflexión sobre la edad adecuada para acceder a dispositivos conectados.
Como alternativa, el informe apuesta por una incorporación progresiva a la tecnología mediante dispositivos como relojes inteligentes infantiles con funciones limitadas de llamadas, localización y mensajería, que permitan mantener el contacto con las familias sin ofrecer acceso completo al ecosistema de aplicaciones y redes sociales.
“La protección de la infancia debe comenzar mucho antes del primer contacto con la IA. La mejor protección no siempre consiste en prohibir, sino en incorporar la tecnología de forma gradual y adaptada a cada etapa del desarrollo”, concluye Jorge Álvarez.



