El déficit de talento STEM y la brecha de género marcan el empleo del futuro
El mercado laboral de la próxima década estará condicionado por la tecnología, los datos y la inteligencia artificial, lo que exige una transformación profunda en los modelos educativos. Según el World Economic Forum, cerca del 50% de los trabajadores deberá actualizar sus competencias antes de 2030, mientras que los perfiles vinculados a ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM) concentrarán gran parte del crecimiento del empleo.
Sin embargo, distintos organismos internacionales advierten de un desajuste entre la formación actual y las necesidades del mercado. La European Commission alerta de la escasez de profesionales en sectores como la ingeniería o las tecnologías de la información, una situación que se agrava por la baja presencia femenina en estos ámbitos.
Según datos de la UNESCO, solo alrededor del 35% de los estudiantes matriculados en carreras STEM en el mundo son mujeres, una cifra que apenas ha variado en la última década.
Algunos centros educativos ya están desarrollando modelos que combinan el aprendizaje académico con espacios de exploración práctica estructurada.
El papel de los centros educativos en el impulso de vocaciones científicas
Diversos estudios de la OECD sitúan el origen de esta brecha en edades tempranas, cuando comienzan a aparecer diferencias en el interés por las disciplinas científicas, influenciadas por estereotipos de género, la falta de referentes y metodologías centradas en la teoría.
En este contexto, los centros educativos adquieren un papel estratégico. Más allá del contenido curricular, la forma en la que se estructura la experiencia de aprendizaje resulta determinante para despertar vocaciones STEM. Iniciativas como clubes científicos, competiciones académicas, olimpiadas o actividades extracurriculares permiten reforzar el interés del alumnado y conectar el conocimiento con su aplicación práctica.
“La motivación real por las disciplinas STEM surge cuando los alumnos tienen la oportunidad de trabajar en proyectos concretos y conectar con otros estudiantes con intereses similares. Es fundamental crear espacios donde se sientan cómodos, implicados y con ganas de seguir desarrollando su curiosidad”, explica Craig Boyle, director de Ciencias en el campus BSB City de The British School of Barcelona.
El experto subraya también el impacto de las competiciones y experiencias fuera del aula: “Son oportunidades que generan un nivel de implicación que no se puede alcanzar únicamente con actividades dentro del aula, y que permiten seguir aprendiendo y elevar el nivel de los alumnos”.
Los resultados de este enfoque práctico ya son visibles en algunos centros. En el caso de The British School of Barcelona, sus alumnos han obtenido este año 35 reconocimientos ‘Gold’ en competiciones de ciencias y matemáticas, además de múltiples distinciones ‘Silver’ y ‘Bronze’. En la última década, 43 estudiantes han sido reconocidos en los Outstanding Learner Awards otorgados por Cambridge Assessment International Education y Pearson Edexcel.
Esta evidencia apunta a hacia la conclusión de que fomentar vocaciones científicas no depende únicamente de lo que se enseña, sino de cómo se experimenta. La inversión en entornos prácticos, competiciones y espacios de exploración no solo mejora los resultados académicos, sino que contribuye a transformar la percepción del alumnado sobre su propio potencial en STEM.
En un contexto de creciente demanda de perfiles tecnológicos, el reto para los centros educativos pasa por generar motivación real y sostenida, así como por reducir una brecha de género que, según los expertos, no es estructural, sino consecuencia de decisiones educativas que pueden revertirse.




