Soberanía del dato, cumplimiento normativo y agentes de IA marcarán la evolución de los proyectos empresariales
LKS Next identifica tres tendencias que condicionan los despliegues de IA en las empresas en 2026
La entrada en una nueva fase de aplicación del Reglamento europeo de Inteligencia Artificial (AI Act) coincide con un momento de madurez desigual en los proyectos de inteligencia artificial de las empresas. Mientras estas tecnologías ya forman parte de la actividad habitual de numerosas organizaciones, LKS Next señala que todavía son pocas las compañías que han conseguido evolucionar desde pruebas puntuales hacia despliegues integrados en sus procesos.
La consultora tecnológica ha identificado tres tendencias que, a su juicio, están condicionando la incorporación de la IA durante 2026: el control sobre dónde se procesan los datos, la adaptación a las nuevas obligaciones normativas europeas y el paso de los asistentes de inteligencia artificial a agentes capaces de ejecutar tareas de forma autónoma. “Tenemos que pasar de una inteligencia artificial aislada, que funciona como un simple asistente, a integrarla realmente en el día a día de la empresa, capaz de acceder a la documentación y comunicarse con las herramientas que ya utiliza la organización. Con toda esta novedad, muchos equipos han empezado a probar herramientas por su cuenta, y eso genera una dispersión que hay que ordenar con criterio”, explica Aritz Galdós, coordinador del AI CoE (Center of Excellence) en LKS Next.
Mayor control sobre los datos
Una de las tendencias identificadas por LKS Next es el creciente interés de las empresas por controlar dónde se procesan sus datos. La consultora señala que un número creciente de compañías está trasladando proyectos de inteligencia artificial desde servicios en la nube de terceros países hacia infraestructuras propias o europeas.
Este movimiento responde a la necesidad de proteger información sensible del negocio, reducir los costes asociados al procesamiento y evitar que los datos queden sujetos a marcos legales de otros países. En este contexto, la Data Act, la normativa europea sobre datos, contempla la posibilidad de trasladar la información de un proveedor a otro sin penalizaciones, una circunstancia que, según LKS Next, no siempre era posible anteriormente.
El cumplimiento normativo gana peso
La segunda tendencia está relacionada con la aplicación del AI Act y con la necesidad de que las empresas identifiquen los sistemas de inteligencia artificial que utilizan y determinen el nivel de riesgo asociado a cada uno de ellos.
Según LKS Next, el reglamento establece obligaciones para las compañías que utilizan sistemas de IA con independencia de su tamaño o sector. Entre ellas se encuentra la identificación y clasificación de los sistemas en función del riesgo, así como la formación de los equipos en el uso de estas herramientas.
La entrada en una fase de inspección y sanción plena refuerza la relevancia del cumplimiento normativo. De acuerdo con el comunicado, los organismos supervisores nacionales, entre ellos la Agencia Española de Supervisión de la Inteligencia Artificial (AESIA), cuentan con capacidad para inspeccionar y sancionar los incumplimientos. Las sanciones pueden alcanzar los 35 millones de euros o el 7% de la facturación global de la compañía, según el tipo de infracción.
Los agentes de IA llegan a los procesos de producción
La tercera tendencia identificada por LKS Next es la evolución de los asistentes de inteligencia artificial hacia agentes capaces de ejecutar tareas de manera autónoma. Según los datos citados por la consultora, las empresas que utilizan este tipo de sistemas han pasado de representar una minoría en 2025 al 40% en 2026.
Su utilización se está extendiendo a ámbitos como la atención al cliente y la gestión documental. La consultora apunta que estos sistemas pueden generar retornos de inversión cuando los proyectos alcanzan un grado suficiente de madurez, aunque también advierte de los riesgos asociados a su despliegue.
Según los datos citados, más del 40% de estas iniciativas podría abandonarse antes de 2027 por no haber definido previamente quién controla las capacidades de los agentes y los límites de actuación que deben aplicar. “La diferencia principal entre un asistente y un agente de inteligencia artificial es la autonomía. Un asistente responde cuando se le pregunta, pero un agente puede actuar por su cuenta dentro de los sistemas de la empresa. Por eso su despliegue siempre tiene que hacerse de forma controlada, sin margen para que actúen con total libertad. Y el criterio humano no puede desaparecer del proceso. En determinadas tareas basta con supervisar lo que ocurre, pero en las más sensibles alguien tiene que poder decidir, en cada paso, si el proceso continúa o no”, señala Galdós.
La IA empresarial, a debate en Bilbao
Estas cuestiones se abordarán en la segunda edición del AI Microsoft Summit by LKS Next, ‘El viaje de la IA empresarial’, que se celebrará el 15 de octubre de 2026 en la Sala Yimby de Bilbao.
El encuentro, organizado junto con Microsoft, reunirá a 150 directivos y responsables de tecnología para analizar la incorporación de la inteligencia artificial en las empresas, desde el cumplimiento de la normativa hasta el despliegue de agentes inteligentes en procesos de negocio reales.





















































