OPINIÓN

¿Puede la IA ayudarnos a trabajar menos sin que repercuta en nuestro sueldo?

Gonzalo Valle, director de preventa de IFS Iberia

22/09/2026
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Durante años, el debate sobre Inteligencia Artificial y empleo se ha centrado en cuántos puestos de trabajo podría sustituir la tecnología. Pero a medida que la IA se incorpora a los procesos empresariales e industriales, empieza a cobrar fuerza otra pregunta: si podemos producir más en menos tiempo, ¿podría ese aumento de productividad traducirse también en jornadas laborales más cortas?

El debate ya no pertenece únicamente al terreno de las hipótesis. En Australia, los trabajadores portuarios han planteado una jornada de 28 horas semanales sin reducción salarial ante el avance de la IA y la automatización en las terminales. La propuesta abre una discusión que probablemente veremos repetirse en otros sectores sobre quién debe beneficiarse de las horas de trabajo que permite ahorrar la tecnología.

En la industria, esta cuestión tiene además una particularidad. Muchas empresas no buscan reducir sus plantillas, sino todo lo contrario, necesitan hacer frente a la escasez de determinados perfiles técnicos, al envejecimiento de los profesionales y a la pérdida de conocimiento derivada de las jubilaciones.

Por eso, limitar la conversación a si la IA sustituirá empleos deja fuera una parte importante de su impacto. La IA también puede devolver tiempo a los trabajadores.

Buena parte de una jornada laboral sigue dedicada a actividades necesarias pero que aportan poco valor cuando las realiza una persona (Recopilar información, actualizar sistemas, cruzar datos, elaborar previsiones, revisar desviaciones o ejecutar tareas administrativas). Son precisamente algunos de los ámbitos en los que la Inteligencia Artificial y los trabajadores digitales pueden asumir una mayor carga de trabajo.

De hecho, esto ya está ocurriendo. Kodiak Gas Services, por ejemplo, ha utilizado trabajadores digitales de IFS para automatizar diferentes procesos y ha conseguido liberar alrededor de 90.000 horas de trabajo, además de generar aproximadamente tres millones de dólares de retorno de la inversión.

¿Qué ocurre con esas 90.000 horas?

Hasta ahora, la respuesta habitual ante una mejora de productividad ha sido producir más, reducir costes o asumir crecimiento sin incrementar los recursos en la misma proporción. Y probablemente seguirá siendo así en muchos casos. Pero la IA introduce una nueva variable, como es la posibilidad de reconsiderar cuánto tiempo necesitamos realmente para realizar determinadas actividades.

En sectores como fabricación, energía, logística o infraestructuras ya vemos aplicaciones capaces de anticipar necesidades de mantenimiento, optimizar la planificación, analizar grandes cantidades de información o automatizar procesos administrativos. Esto permite que técnicos y responsables dediquen menos tiempo a buscar información o realizar tareas repetitivas y más a resolver problemas, gestionar excepciones y tomar decisiones.

Gonzalo Valle és actualmente director de Preventa en IFS Ibérica...
Gonzalo Valle és actualmente director de Preventa en IFS Ibérica. Cuenta con una amplia trayectoria profesional en las áreas de Asset Performance (EAM y mantenimiento predictivo), FSM, IoT y Smart Manufacturing, desarrollada en varias empresas: IFS, IBM, ILOG y NCR. En paralelo ha desarrollado su faceta de ponente en diversos foros tecnológicos y másteres universitarios.

¿Significa esto que la IA nos llevará a trabajar 28 o 32 horas semanales cobrando lo mismo? No necesariamente.

La tecnología puede generar el aumento de productividad necesario para abrir ese debate, pero cómo se distribuye ese beneficio depende de decisiones empresariales, laborales y sociales.

Para algunas compañías, la prioridad será aumentar la producción. Para otras, cubrir la falta de profesionales, mejorar el servicio o crecer sin incrementar proporcionalmente la plantilla. Y habrá organizaciones en las que parte de esa productividad pueda acabar repercutiendo en una organización diferente del tiempo de trabajo.

Precisamente por eso, quizá necesitemos cambiar también la forma en la que medimos el impacto de la Inteligencia Artificial. No basta con contar cuántas tareas automatiza o cuánto reduce el coste de un proceso. También deberíamos preguntarnos cuántas horas devuelve a las personas y qué hacemos después con ellas.

En una industria que necesita atraer talento y hacer más atractivas las carreras técnicas, el tiempo puede convertirse además en una ventaja competitiva. Si la IA permite eliminar parte de la carga repetitiva, facilitar el acceso al conocimiento y ayudar a los profesionales a resolver su trabajo con mayor rapidez, sus beneficios podrían ir más allá de la productividad.

La IA no hará que trabajemos menos por sí sola. Pero sí puede crear las condiciones para que empecemos a planteárnoslo. Y ahí estará uno de los debates laborales más interesantes de los próximos años…

Si la tecnología nos permite recuperar miles de horas de trabajo, ¿queremos utilizarlas únicamente para producir más o también para trabajar mejor y, quizá, trabajar menos?

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