Los pioneros que transformaron la tradición metalúrgica vasca en la industria de la máquina-herramienta
Muchos de aquellos pioneros procedían de la industria armera, de las ferrerías o de talleres mecánicos donde adquirieron una sólida formación práctica en dibujo, ajuste, mecanizado y construcción de maquinaria. Gracias a su conocimiento técnico y a una extraordinaria capacidad de adaptación, pasaron de reparar máquinas y fabricar piezas de repuesto a diseñar y construir sus propias máquinas-herramienta.
Su trabajo sentó las bases de un sector que, con el paso de las décadas, convertiría al País Vasco en uno de los principales polos europeos de fabricación de máquina-herramienta.
Cruz Ochoa y los inicios de la fabricación de fresadoras
Uno de los nombres fundamentales de esta historia es el de Cruz Ochoa (1874-1939). Nacido en Lodosa, aprendió el oficio de mecánico en Bilbao antes de instalarse en Eibar, donde fundó en 1895 un pequeño taller mecánico dedicado a la reparación y construcción de máquinas.
Entre los equipos que fabricó destacaron las sierras alternativas y las fresadoras. Su aportación más conocida fue el desarrollo de una fresadora universal inspirada en modelos norteamericanos de la firma Cincinnati. Esta máquina permitía mecanizar piezas metálicas con gran versatilidad y representó un importante avance para los talleres de la época.
Hoy en día, una de aquellas fresadoras universales fabricadas por Cruz Ochoa en el año 1900 se conserva en funcionamiento en el Museo de Máquina-Herramienta de Elgoibar como testimonio de los primeros pasos de la industria vasca del mecanizado.
José Retenaga: continuidad y formación de nuevas generaciones
La trayectoria iniciada por Cruz Ochoa tuvo continuidad gracias a su yerno José Retenaga (1901-1979), quien se incorporó al taller en 1916 y posteriormente asumió la dirección del negocio familiar.
Retenaga continuó fabricando tornos y fresadoras para distintos sectores industriales. Entre sus clientes se encontraba la Tabacalera de San Sebastián, ejemplo de cómo la máquina-herramienta comenzaba a extenderse a diferentes actividades productivas.
En el Museo de Máquina-Herramienta se conserva un torno paralelo de José Retenaga fabricado en Eibar en 1925. Accionado mediante poleas y correas de transmisión, representa una tecnología característica de los talleres mecánicos de principios del siglo XX.
El taller de Retenaga desempeñó además una importante función formativa. Durante décadas acogió a numerosos jóvenes que realizaban allí sus prácticas mientras estudiaban en la Escuela de Armería de Eibar, contribuyendo a la formación de profesionales que posteriormente trabajarían en diferentes empresas industriales.
José León Ciarán y los primeros taladros de Elgoibar
Mientras Eibar avanzaba en la fabricación de tornos y fresadoras, en Elgoibar surgían otros protagonistas fundamentales para el desarrollo de la máquina-herramienta.
José León Ciarán Arrillaga (1876-1948) comenzó a fabricar taladros en la calle San Francisco de Elgoibar entre finales del siglo XIX y primeros del XX. Sus primeros diseños estaban inspirados en modelos europeos, especialmente belgas, adaptados a las necesidades de la industria local.
Los taladros eran máquinas esenciales para la fabricación de armas, maquinaria y todo tipo de componentes metálicos. Su función principal consistía en realizar perforaciones mediante una herramienta denominada broca, permitiendo operaciones precisas sobre acero, hierro y otros materiales.
Eulogio Estarta y el nacimiento de una gran empresa
La figura de Eulogio Estarta (1891-1955) representa uno de los mejores ejemplos de ascenso profesional dentro de la industrialización vasca.
Huérfano de padre a los doce años, comenzó a trabajar como aprendiz en la Fundición San Pedro de Elgoibar. Paralelamente asistía a las clases nocturnas de la Escuela de Artes y Oficios, donde destacó por sus aptitudes para el dibujo y la mecánica.
Tras completar su formación y adquirir experiencia profesional, se asoció con José León Ciarán. En 1914 ambos constituyeron la empresa Ciarán y Estarta, dedicada inicialmente a la construcción y reparación de maquinaria para la industria armera. Poco después se incorporó Teodoro Ecenarro, dando origen a una nueva etapa empresarial.
La sociedad pasó a denominarse Estarta y Ecenarro, nombre que acabaría convirtiéndose en una referencia de la industria vasca durante gran parte del siglo XX.
De la máquina-herramienta a las máquinas de coser SIGMA
Tras la Guerra Civil, Estarta y Ecenarro amplió sus instalaciones y simultaneó la fabricación de máquina-herramienta con la producción de las conocidas máquinas de coser SIGMA. Durante décadas la compañía produjo taladros, prensas, tornos y otros equipos industriales, al tiempo que desarrollaba una de las marcas más reconocidas de máquinas de coser fabricadas en España.
En las décadas de 1960 y 1970 la empresa alcanzó cerca de un millar de trabajadores, convirtiéndose en uno de los principales motores económicos de Elgoibar y de toda la comarca. La participación de las mujeres fue especialmente relevante en las líneas de montaje y acabado de las máquinas de coser, contribuyendo decisivamente al éxito de la compañía.
Una escuela industrial para toda una comarca
Más allá de su dimensión empresarial, Estarta y Ecenarro actuó como una auténtica escuela de formación industrial. En sus talleres se formaron ajustadores, montadores, torneros, fresadores y especialistas en procesos productivos que posteriormente impulsaron nuevas empresas en el Bajo Deba y en otras zonas del País Vasco.
Ese conocimiento acumulado fue clave para la creación del potente tejido industrial que hoy caracteriza al sector vasco de máquina-herramienta. Muchas compañías surgieron directa o indirectamente de la experiencia adquirida en estos talleres pioneros.
Un legado que sigue vivo
El Museo de Máquina-Herramienta de Elgoibar conserva y pone en funcionamiento muchas de las máquinas fabricadas por estos pioneros. Fresadoras, tornos, taladros, limadoras y otras máquinas históricas permiten comprender cómo surgió una industria que transformó la economía de toda una comarca y que continúa siendo uno de los sectores tecnológicos más importantes del País Vasco.
La historia de Cruz Ochoa, José Retenaga, José León Ciarán y Eulogio Estarta demuestra que la innovación industrial no nace únicamente de grandes inversiones o complejos laboratorios. En muchas ocasiones surge de pequeños talleres, del aprendizaje continuo y de la capacidad de quienes saben convertir la experiencia práctica en nuevas soluciones técnicas. Gracias a ellos, la máquina-herramienta vasca pudo iniciar un camino de especialización y excelencia que sigue siendo una referencia internacional.
Referencias
Máquinas y hombres, guía histórica; Patxi Aldabaldetrecu (2000). Documentación Museo Máquina-Herramienta.





















































