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Las estimaciones más elevadas de riesgo se observaron en el caso de la merluza congelada

Un estudio detecta que los envases de plástico transfieren partículas al pescado almacenado en la nevera

Redacción Interempresas18/06/2026
Una investigación desarrollada por científicos de la Universidad Autónoma de Madrid ha demostrado que recipientes de uso cotidiano, como táperes y envases alimentarios, pueden liberar micro y nanoplásticos que terminan acumulándose en alimentos conservados en refrigeración.

Una investigación del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua (IDAEA-CSIC) ha demostrado que distintos aditivos presentes en envases alimentarios de uso cotidiano pueden migrar al pescado durante su almacenamiento en la nevera y el congelador. El trabajo, publicado en la revista Environment International, evalúa por primera vez este fenómeno en condiciones reales de conservación doméstica y concluye que la transferencia aumenta con el tiempo de almacenamiento.

El estudio analizó la migración de cuatro familias de compuestos químicos utilizadas habitualmente para aportar flexibilidad, resistencia y estabilidad a los plásticos: ftalatos, ésteres organofosforados, bisfenoles y plastificantes alternativos a los ftalatos. Los investigadores examinaron diferentes materiales empleados para conservar pescado fresco, entre ellos bandejas de poliestireno, bandejas compostables, films y bolsas de congelación.

Las pruebas se realizaron con salmón, atún y merluza almacenados en refrigeración a 4 °C durante 48 horas y en congelación a -18 °C durante 30 días.

Se observaron tasas de migración de hasta el 100% para determinados compuestos, como los bisfenoles
Se observaron tasas de migración de hasta el 100% para determinados compuestos, como los bisfenoles.

El tiempo de almacenamiento favorece la migración

“Hasta ahora, la mayoría de los estudios evaluaban la presencia de estos contaminantes en el alimento tras su compra. Para este trabajo queríamos aproximarnos a una situación más realista e investigar qué ocurre cuando el consumidor guarda el pescado en casa durante varios días o semanas en condiciones de frío, antes de ser consumido”, explica Maria Vittoria Barbieri, investigadora del IDAEA-CSIC y autora principal del estudio.

“Además, los trabajos relacionados con la posible migración de aditivos del envase al alimento se centraban en evaluar el efecto del calor como variable que acelera dicha migración; sin embargo, no existen estudios que evalúen este proceso en condiciones de frío”.

Los resultados muestran la presencia de aditivos pertenecientes a las cuatro familias químicas analizadas en los envases estudiados, incluido el bisfenol A, así como su transferencia al pescado tanto en refrigeración como en congelación. El tiempo de contacto entre el alimento y el envase se identificó como uno de los factores que más influyen en este proceso.

De los 49 contaminantes analizados, algunos compuestos alcanzaron tasas de migración de hasta el 100%, especialmente determinados bisfenoles. Asimismo, el di(2-etilhexil) adipato (DEHA), empleado como plastificante alternativo, registró porcentajes de transferencia superiores al 95% en muestras de salmón.

Diferencias según el tipo de pescado

La investigación también constató que el comportamiento de los contaminantes varía en función de las características del alimento. Los compuestos más lipofílicos, es decir, aquellos con mayor afinidad por las grasas, migraron con más facilidad hacia especies grasas como el salmón.

Por el contrario, algunos bisfenoles mostraron una mayor transferencia en pescados con un contenido de agua más elevado, como la merluza. Estos resultados evidencian que la composición del alimento desempeña un papel relevante en la migración de sustancias desde los materiales de envasado.

Evaluación de la exposición alimentaria

Además de analizar la transferencia de contaminantes, el estudio incorporó una evaluación de la exposición por ingesta en adultos, niños y bebés. Para ello, las investigadoras combinaron las concentraciones detectadas en el pescado con datos oficiales de consumo de pescado fresco en España y calcularon la ingesta diaria estimada por kilogramo de peso corporal para cada grupo de población.

Los resultados indican que el pescado conservado en envases plásticos presenta niveles de exposición superiores a los del pescado fresco recién adquirido. Las estimaciones de riesgo más elevadas se observaron en muestras de merluza congelada durante 30 días en bandejas compostables, mientras que los valores más bajos correspondieron al almacenamiento refrigerado en bolsas de plástico.

En cerca de la mitad de los escenarios estudiados se superó el umbral de riesgo establecido. Según las autoras, esta situación estuvo determinada principalmente por la presencia de bisfenol A, responsable de prácticamente la totalidad del índice de riesgo calculado.

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El bisfenol A concentra la mayor preocupación

“Considerando únicamente la exposición por ingesta de pescado, se supera el valor recomendado para el bisfenol A, pero hay que tener en cuenta que los niveles de exposición son aún mayores si consideramos también la ingesta del resto de alimentos, así como la exposición por inhalación y por contacto dérmico”, apunta la directora del IDAEA-CSIC y coautora del estudio, Ethel Eljarrat.

“El estudio pone de manifiesto que las condiciones reales de almacenamiento doméstico deberían tenerse más en cuenta en las evaluaciones de seguridad alimentaria y en el diseño de materiales en contacto con alimentos, prestando especial atención a compuestos como el bisfenol A y algunos plastificantes alternativos como el DEHA, que han mostrado elevadas tasas de transferencia hacia los alimentos”, añade Eljarrat. Además, “urge disponer de datos toxicológicos para los nuevos aditivos que se están introduciendo en el mercado, y así poder evaluar también su impacto en la salud”.

En este contexto, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) redujo en 2023 el nivel de exposición diaria considerado seguro para el bisfenol A, pasando de 4.000 nanogramos por kilogramo de peso corporal al día a 0,2 nanogramos. Asimismo, la Unión Europea aprobó en 2024 una nueva regulación destinada a restringir progresivamente el uso de bisfenoles en materiales en contacto con alimentos. La normativa entró en vigor en enero de 2025 y contempla un periodo transitorio de 36 meses para su aplicación definitiva.

Las autoras del estudio consideran necesario seguir avanzando en la sustitución de estas sustancias y en la evaluación de los compuestos alternativos que están llegando al mercado para garantizar su seguridad a largo plazo.

El estudio demuestra por primera vez la migración de ftalatos, bisfenoles, ésteres organofosforados y plastificantes alternativos desde envases alimentarios al pescado en condiciones reales de refrigeración y congelación domésticas
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