El procesamiento y el transporte elevan la huella climática del mejillón en España
Un estudio liderado por centros del CSIC y varias universidades españolas analiza por primera vez las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas a toda la cadena alimentaria del mejillón en España. El trabajo concluye que, aunque la producción acuícola presenta un impacto relativamente bajo, el procesamiento industrial y la logística de comercialización incrementan de forma notable la huella climática final del producto.
La producción de mejillón se considera una de las fuentes de proteína marina con menor impacto ambiental. Sin embargo, el procesamiento industrial y los flujos comerciales asociados a su distribución pueden aumentar significativamente su huella climática. Así lo señala un estudio que cuantifica por primera vez las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) generadas en toda la cadena alimentaria del mejillón en España, desde la acuicultura hasta el consumo final.
La investigación, publicada en acceso abierto en la revista Resources, Conservation and Recycling, es fruto de la colaboración entre investigadores de Alimentta, la Universidad Pablo de Olavide, la Universidad de Santiago de Compostela y diversos centros del CSIC.
El análisis integra datos de producción acuícola, transformación industrial, comercio y transporte –tanto internacional como nacional e intraprovincial– para evaluar el impacto climático de las principales presentaciones comerciales del producto: fresco, congelado y en conserva.
Según el estudio, la cadena alimentaria del mejillón genera en España unas emisiones estimadas de 287,8 mil kg de CO2 equivalente al año. Este impacto resulta de la suma de las emisiones asociadas a la producción acuícola, el procesado industrial en sus diferentes formatos y el transporte del producto a lo largo de la cadena de suministro.
Diferencias según el tipo de producto
El análisis muestra que el impacto climático varía de forma significativa en función del grado de transformación del producto. Las emisiones vinculadas al consumo doméstico alcanzan 190,1 mil kg de CO2 equivalente al año, lo que equivale a 6,3 kg de CO2 equivalente por kilogramo de producto comestible, una vez retirada la concha.
Entre los distintos formatos comerciales, el mejillón congelado presenta el menor impacto ambiental. Este resultado se explica principalmente por un procesamiento industrial menos intensivo y por el transporte sin concha, lo que reduce el peso transportado y, por tanto, las emisiones asociadas.
En el extremo opuesto se sitúan las conservas –especialmente el mejillón en escabeche–, que registran la mayor huella climática por kilogramo debido al procesamiento industrial y al uso de ingredientes adicionales, además del consumo energético en las plantas de transformación.
Galicia, centro de producción y nodo exportador
En España, Galicia concentra aproximadamente el 99% de la producción de mejillón. No obstante, solo el 25% del mejillón fresco disponible se destina al consumo directo en el mercado nacional, mientras que el resto se exporta o se destina a la industria transformadora.
Este modelo comercial implica un aumento de los flujos logísticos y, por tanto, de las emisiones asociadas al transporte, lo que contribuye a elevar la huella de carbono del consumo final.
Para contextualizar estas cifras, el investigador Joan Moranta, del Centro Oceanográfico de Baleares del IEO-CSIC, señala que “la carne de vacuno presenta una huella climática muy superior, con valores de decenas de kg de CO2 equivalente por kilogramo. El cerdo se sitúa en torno a 7 kg de CO2 equivalente por kg, y algunos pescados, como la merluza, rondan los 4,4 kg de CO2 eq. por kg. El mejillón destaca como proteína marina de emisiones moderadas, aunque muy sensible al nivel de industrialización y a los flujos comerciales”.
Claves para reducir la huella de carbono
El estudio apunta varias estrategias para reducir el impacto ambiental del sector. Entre ellas destacan el impulso al consumo de mejillón fresco de origen nacional, la mejora de la eficiencia energética en las plantas de transformación y la optimización de los sistemas logísticos y de comercialización.
Asimismo, los investigadores subrayan la importancia de implementar prácticas más sostenibles en todas las etapas de la cadena de valor, desde la depuración hasta la distribución final.
“El mejillón es una proteína marina de bajo impacto ambiental, pero el modelo actual de producción y consumo, basado en una elevada transformación industrial y cadenas comerciales complejas, incrementa considerablemente su huella climática”, explica Pablo Saralegui, primer autor del estudio e investigador de Alimentta y la Universidad Pablo de Olavide. “Impulsar el consumo de mejillón fresco y congelado, junto con la optimización de los flujos logísticos, representa una oportunidad clara para reducir las emisiones del sector”.
En esta línea, Montserrat Ramón, investigadora del Institut de Ciències del Mar del CSIC, destaca que “optimizar el transporte, emplear materiales de embalaje más sostenibles o aplicar tecnologías que reduzcan el consumo de recursos durante la producción y el procesamiento del mejillón son medidas que pueden mejorar la sostenibilidad del sector”.









