El futuro de la proteína animal se construye escuchando al consumidor
Alfonso Alcázar, director general de Tello
21/09/2026Es ya un tópico, pero bien cierto, que nunca el consumidor había estado tan informado ni había mostrado un interés tan elevado por conocer qué hay detrás de los alimentos que incorpora a su cesta de la compra. Si hace unos años la decisión de compra estaba condicionada principalmente por variables como el precio, el sabor o la marca, hoy entran en juego muchos otros aspectos. Desde la composición nutricional, el etiquetado, el origen de las materias primas, la transparencia de los procesos de elaboración, hasta la comodidad de consumo, el compromiso social de las empresas y su relación con el medio ambiente.
Este comportamiento no supone una amenaza para el Sector. Al contrario. Representa la oportunidad de seguir demostrando la capacidad de innovación que durante décadas llevamos evolucionando para responder a las necesidades de la sociedad.
La proteína animal continúa ocupando un lugar fundamental dentro de una alimentación variada y equilibrada. Su elevado valor biológico, junto con su aporte de vitaminas, aminoácidos y minerales esenciales, hacen que siga siendo un alimento de referencia para millones de consumidores, durante el crecimiento, en la edad adulta y especialmente a partir de los 40 años, cuando preservar la masa muscular adquiere una relevancia creciente para favorecer un envejecimiento saludable.
No obstante, la cantidad de proteína ya no es el único criterio de elección. El consumidor actual busca productos con un perfil nutricional cuidado, listas de ingredientes que se entiendan, menor contenido en determinados componentes mientras sea posible y propuestas que respondan a un estilo de vida en el que el tiempo disponible para cocinar es cada vez más limitado.
En paralelo, también están cambiando los momentos de consumo. Los hogares son diferentes, las rutinas han evolucionado y la alimentación se adapta a nuevos hábitos. Crecen las comidas rápidas sin renunciar a la calidad, aumenta la demanda de productos listos para consumir cobrando protagonismo formatos versátiles que permiten disfrutar de una alimentación equilibrada tanto dentro como fuera del hogar.
Todo ello obliga a la industria a innovar desde una perspectiva mucho más amplia. Innovar ya no consiste únicamente en desarrollar nuevos productos. En muchas ocasiones significa mejorar los que ya forman parte de la vida cotidiana de millones de personas. Revisar recetas, optimizar procesos, adaptar perfiles nutricionales, seleccionar mejor las materias primas o simplificar la composición son ejemplos de una innovación menos visible, pero enormemente relevante para responder a las expectativas del mercado.
En Grupo Tello Alimentación entendemos precisamente así la innovación. Después de más de cinco décadas dedicados a la elaboración de productos cárnicos, hemos comprobado que la mejor forma de evolucionar consiste en escuchar al consumidor sin perder aquello que ha dado valor a nuestros productos durante tantos años.
¿Y qué nos dice hoy ese consumidor? Me interesa el cuidado del animal, la transparencia en la composición y el proceso de producción, la conveniencia de mi compra y, en el caso de productos frescos, la comodidad y facilidad de uso: acércame mi alimento de forma segura, sencilla, práctica y rica de comer.
Con toda la intención a pesar de la fecha de primer lanzamiento, comento como buen ejemplo de ello, la reciente evolución del Jamón Cocido Entero Esencia, una de las referencias más consolidadas de nuestro Grupo. Un producto presente desde hace más de dos décadas en los hogares españoles con mejoras permanentes orientadas a responder a las nuevas demandas del mercado manteniendo intacta su identidad.
A ello se suma la utilización de carne de cruce Duroc, reconocida por aportar una mayor jugosidad y una textura especialmente agradable, junto con una composición nutricional más cuidada, un concepto diferencial de elaboración, “una sola pata, una sola pieza”, mediante el cual cada jamón permanece íntegro durante todo el proceso productivo, favoreciendo una mayor uniformidad y una trazabilidad completa desde el origen hasta el producto final. Son propuestas capaces de combinar calidad nutricional, seguridad alimentaria, sabor, conveniencia y transparencia. Una transformación que requiere inversión, conocimiento técnico y escucha permanente de las demandas sociales.
Quizá el mayor reto del sector cárnico de los próximos años no será únicamente seguir innovando, sino comunicar mejor todo ese esfuerzo. En muchas ocasiones, el consumidor desconoce el importante trabajo de investigación, desarrollo y mejora continua que existe detrás de cada avance en cuidado animal, formulación, proceso productivo y tecnología para acercarle el producto a su hogar. Explicar esa realidad, con rigor, transparencia y veracidad, será tan importante como seguir innovando.
El futuro de la proteína animal no dependerá únicamente de sus cualidades nutricionales, que continúan siendo incuestionables, sino de la capacidad de toda la industria para seguir ofreciendo soluciones que combinen tradición e innovación, confianza y transparencia, calidad y conveniencia. En definitiva, productos que respondan a las necesidades reales de una sociedad en constante transformación. Ese consumidor seguirá evolucionando, y con él también lo hará el sector.
Escuchar al consumidor, comprender cómo cambian sus hábitos y anticiparse a sus expectativas seguirá siendo, probablemente, la mejor herramienta para construir ese futuro.
Termino con una convicción personal. Después de tantos años en este sector, he aprendido que el consumidor no es un dato de mercado, sino el reflejo de la sociedad a la que servimos. Y cada vez que hemos sabido escucharla de verdad —entender cómo vive, cómo cocina, qué le preocupa y qué espera de sus alimentos— hemos encontrado el camino para crecer sin renunciar a lo que somos. Por eso miro el futuro de la proteína animal con confianza. El reto no es menor, pero el Sector ya ha demostrado que sabe transformarse desde el respeto a las personas, a los animales y al planeta. El futuro será sostenible si seguimos fieles a lo que llevamos décadas haciendo: caminar al lado de la sociedad, nunca por delante imponiendo ni por detrás frenando su natural evolución.














