“El bienestar animal en caprino deja de ser el suelo mínimo para convertirse en el techo diferenciador”
Entrevista a Tomás Rodríguez, director de la Organización Interprofesional del Ovino y Caprino de Carne (Interovic)
Víctor Molano
Periodista y coordinador editorial · Interempresas Media
07/04/2026
En un contexto de creciente exigencia por parte del mercado y del consumidor, el bienestar animal se consolida como un factor clave en la competitividad del sector caprino. En esta entrevista, Tomás Rodríguez, director de Interovic, analiza el papel estratégico del modelo B+ como herramienta de mejora continua en las explotaciones. Rodríguez destaca, como previa a su intervención en el webinar Mercados del Caprino 2026, que la certificación no solo garantiza buenas prácticas, sino que permite diferenciar productos, optimizar recursos y acceder a mercados más exigentes, convirtiendo el bienestar en una oportunidad real.
Tomás Rodríguez.
En el contexto actual del sector caprino, ¿qué papel juega el bienestar animal como elemento estratégico y no solo como requisito normativo?
Durante décadas, el bienestar animal ha sido percibido en el sector como una obligación que cumplir para evitar sanciones. Hoy, ese enfoque ha quedado obsoleto. El bienestar animal se ha convertido en una palanca de competitividad: los mercados europeos, los distribuidores y los propios consumidores ya no preguntan solo si se cumple la ley, sino cómo se produce y en qué condiciones viven los animales. Hay además una lectura de fondo que conviene no perder de vista: el sector industrial lleva años mejorando gracias a estándares de calidad como BRC (British Retail Consortium) o IFS (International Featured Standards), herramientas que han obligado a las empresas transformadoras a documentar, medir y mejorar de forma continua sus procesos. Esa cultura de la calidad, tan arraigada ya en la industria, llegó tarde a la producción primaria. El bienestar animal certificado —y en particular el modelo B+— es precisamente el instrumento que trae esa misma mentalidad a la granja. No como una auditoría puntual, sino como un sistema de mejora continua, integrado en el día a día de la explotación. Un ejemplo sencillo: dos queserías artesanas venden queso de cabra al mismo precio. Una puede acreditar, mediante certificación independiente, que sus cabras están bien alimentadas, libres de estrés y en instalaciones adecuadas. La otra no puede demostrarlo. En un lineal de supermercado o en una tienda especializada, la primera tiene una ventaja real. El bienestar animal deja de ser el suelo mínimo para convertirse en el techo diferenciador.
Durante su intervención hablará del modelo B+. ¿En qué consiste exactamente este enfoque y qué lo diferencia de los estándares actuales de bienestar en pequeños rumiantes?
El modelo B+ es el nivel más exigente dentro del esquema de certificación BAIE (Bienestar Animal Interovic España). No se trata simplemente de cumplir más requisitos; representa un enfoque holístico que integra cinco grandes dimensiones interrelacionadas: comportamiento de los animales, sanidad, instalaciones, alimentación y gestión de la explotación. Lo que lo diferencia fundamentalmente de los estándares actuales de bienestar en pequeños rumiantes es doble. Por un lado, la verificación acreditada e independiente: BAIE es el único sistema de certificación acreditable de la Unión Europea para pequeños rumiantes, reconocido bajo la norma UNE-EN ISO/IEC 17065:2012 y supervisado por ENAC. Por otro lado, y esto es igualmente relevante, B+ introduce en la ganadería algo que la industria alimentaria ya conoce bien: la lógica de la calidad total y la mejora continua. Al igual que BRC o IFS han obligado a las plantas de procesado a establecer sistemas de autocontrol, registros, indicadores y revisiones periódicas, B+ exige a la explotación ganadera que trabaje con criterios objetivos y medibles, que documente, que forme a su personal y que demuestre año tras año que mejora. El nivel de puntuación obtenido en cada auditoría no es solo un resultado: es evidencia de progreso. Para entenderlo con un ejemplo: la normativa general te exige que las cabras tengan espacio suficiente. El modelo B+ no solo evalúa los metros cuadrados, sino si las cabras muestran comportamientos naturales, si el agua es suficiente y de calidad, si la alimentación previene problemas sanitarios, y si el personal está formado y comprometido. Es pasar de medir el recipiente a medir lo que hay dentro. Y es hacerlo con la misma rigorosidad con que una fábrica de queso gestiona sus puntos críticos de control.
¿Está preparado el sector caprino español para dar el salto hacia este modelo, tanto desde el punto de vista técnico como económico?
Por supuesto, hay un camino recorrido, pero queda trecho. Económicamente, el modelo no requiere grandes inversiones iniciales, sino principalmente un cambio de mentalidad y de gestión. España cuenta ya con explotaciones de caprino de leche con alto nivel técnico, especialmente en Andalucía, Castilla-La Mancha y Murcia, donde la producción intensiva está bien desarrollada. Estas explotaciones tienen la base para certificarse con un esfuerzo razonable. Las más pequeñas o extensivas necesitarán acompañamiento. El mayor reto no es la infraestructura: es la cultura. Adoptar B+ significa empezar a gestionar la explotación con herramientas propias de la calidad —registros, indicadores, protocolos, formación del personal—, algo que muchos ganaderos no han hecho sistemáticamente. Pero esa es exactamente la misma barrera que superó la industria cárnica y láctea cuando empezó a implementar BRC o IFS, y que hoy nadie discute que haya merecido la pena. La granja puede y debe dar ese mismo salto. Un ejemplo ilustrativo: una explotación que ya lleva registros sanitarios rigurosos, gestiona correctamente la alimentación y tiene instalaciones en buen estado puede estar a pocos pasos de la certificación B+. Lo que falta, en muchos casos, no es infraestructura sino documentación, formación del personal y una auditoría externa que objetive lo que ya se hace bien.
“El bienestar animal certificado no es un reto más. Es la siguiente frontera de la calidad.”
¿Qué beneficios concretos puede aportar la implantación del modelo B+ a las explotaciones de caprino de leche en términos de rentabilidad y posicionamiento en el mercado?
La implantación del modelo B+ aporta beneficios que van mucho más allá de obtener un sello. Lo que realmente ocurre es que la explotación empieza a funcionar con una lógica de mejora continua —similar a la que BRC o IFS han instalado en la industria transformadora— y eso tiene consecuencias muy tangibles:
- Mejora sanitaria. Al establecer criterios objetivos de control y sistemas de autocontrol, se reducen las incidencias sanitarias y, con ello, los gastos veterinarios y las pérdidas productivas. El personal está más implicado, se cuidan mejor los sistemas de alimentación y se mejora la supervisión del agua.
- Mayor productividad y calidad de leche. Animales con mejor bienestar producen más y con mayor regularidad. Una cabra sin estrés crónico, bien alimentada e hidratada, rinde más. Y esa mejora de la materia prima se traslada directamente a la calidad del queso u otros derivados.
- Optimización de recursos. La implantación del modelo obliga a revisar procesos que muchas veces funcionan por inercia. Se detectan ineficiencias en la gestión del pienso, del agua, del espacio. Eso reduce costes.
- Diferenciación en el mercado. La marca de garantía BAIE actúa como elemento diferenciador verificable en el punto de venta. Para las queserías y transformadores que quieran acceder a mercados premium o a la exportación, contar con leche certificada es un argumento comercial sólido y creíble, porque está respaldado por ENAC, no por una autodeclaración.
- Evidencia de mejora continua. El sistema de puntuación de la certificación permite a la explotación demostrar, año a año, que avanza. Es el mismo mecanismo que usan las empresas con BRC para mostrar a sus clientes que no se quedan quietas.
Un ejemplo concreto: una quesería que elabora queso de cabra para exportación a Alemania o Francia puede encontrar en el sello BAIE el argumento que le faltaba para negociar con distribuidores exigentes en materia de sostenibilidad y trazabilidad. Y si ese distribuidor ya exige IFS o BRC a la quesería, es coherente y consistente que también exija un estándar equivalente al origen de la leche. B+ llena precisamente ese hueco.
El consumidor es cada vez más exigente en materia de bienestar animal. ¿Cree que este tipo de iniciativas pueden traducirse en un mayor valor añadido para los productos de cabra?
El consumidor europeo ha cambiado. Ya no compra solo un producto; compra un relato de producción. Y en ese relato, el bienestar animal ocupa un lugar cada vez más prominente. Los productos con certificación de bienestar animal obtienen mejores precios, generan más fidelidad y tienen mayor acceso a canales especializados. En el caso del caprino, hay una oportunidad especialmente interesante: la cabra tiene una imagen natural y tradicional que el consumidor ya asocia positivamente con el campo y el cuidado del animal. Certificar ese bienestar es, en cierta medida, confirmar con rigor algo que el consumidor ya intuye. Y ese rigor —el mismo que la industria transmite con sus sellos de calidad— es lo que convierte la percepción en confianza real. Un ejemplo claro: un queso de cabra con el sello BAIE en una tienda gourmet o en una plataforma de venta online puede justificar un precio superior y generar confianza sin necesidad de grandes campañas publicitarias. El sello hace el trabajo, igual que lo hace el sello de una certificación de calidad en el envase de un producto transformado.
¿Qué papel deben jugar las organizaciones interprofesionales como Interovic en la implantación y difusión de estos nuevos modelos?
Interovic, como organización interprofesional que agrupa a productores e industria del ovino y el caprino, tiene un papel que va más allá de la promoción genérica. En el caso de BAIE, Interovic actúa como propietaria del esquema de certificación: define los requisitos con base científica, los mantiene actualizados y garantiza que el sistema sea robusto y creíble. Esto es clave porque una certificación solo tiene valor si el mercado confía en ella. Al igual que los grandes estándares de calidad de la industria —BRC, IFS— son reconocidos precisamente porque detrás hay estructuras independientes que los respaldan y los actualizan, BAIE tiene en Interovic y en ENAC esa misma garantía institucional. Su papel concreto es, por tanto, triple: diseñar y mantener el estándar técnico con el apoyo del comité científico; facilitar el acceso de los operadores al proceso de certificación; y comunicar el valor del sello al mercado y a la sociedad, para que la certificación se traduzca en demanda real y en mejores condiciones de negociación para los ganaderos.
De cara a los asistentes a la jornada Mercados del Caprino 2026, ¿qué mensaje trasladaría a los ganaderos que ven el bienestar animal como un reto más que como una oportunidad?
El mensaje sería directo: lo que ya hacéis bien, podéis demostrarlo. Y demostrar que mejorais cada año tiene un precio en el mercado. La mayoría de los ganaderos de caprino cuidan de sus animales porque entienden que un animal sano y tranquilo produce más y mejor. El problema es que nadie lo sabe fuera de la explotación, y que ese cuidado no está organizado de forma que pueda medirse ni compararse. Pensad en lo que ha pasado con la industria alimentaria. Hace veinte años, muchas empresas decían que hacían las cosas bien. Luego llegaron BRC e IFS, y tuvieron que demostrarlo con sistemas de autocontrol, auditorías y mejora continua. Costó esfuerzo, pero quien lo hizo accedió a mejores clientes, a mejores mercados y a mejores precios. El ganadero que adopte B+ está haciendo exactamente lo mismo: está instalando en su explotación la misma cultura de calidad que la industria lleva años exigiendo aguas arriba, y que tarde o temprano llegará como requisito desde los compradores. Quien se certifique hoy no estará respondiendo a una exigencia: estará adelantándose a ella y posicionándose antes que la competencia. El bienestar animal certificado no es un reto más. Es la siguiente frontera de la calidad, y en esa frontera hay oportunidad para quien llega primero.
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Organización Interprofesional Agroalimentaria del Ovino y Caprino - INTEROVIC