Autoconsumo: ¿en qué punto se encuentra realmente y cuál es su techo?
Antes de entrar a analizar las causas y hacer valoraciones, es conveniente abordar la paradoja que rodea a este mercado, el cual, encontrándose en un sector hiperregulado como es el eléctrico, no dispone aún de datos oficiales fiables. Así pues, no existe un registro nacional consolidado de instalaciones, lo que puede generar cierta incertidumbre sobre la verdadera penetración del autoconsumo. En esta línea, aunque las estimaciones de asociaciones y empresas del sector son valiosas, siguen siendo ejercicios estadísticos con márgenes de error.
Así pues, conviene tener en cuenta ciertos matices. Por un lado, el número de usuarios de autoconsumo podría ser mayor que el de instalaciones registradas como consecuencia del auge del autoconsumo compartido. Por otro, en el sector comercial e industrial (C&I) algunas plantas conectadas a red se contabilizan erróneamente como autoconsumo, lo que puede llevar a sobreestimar la potencia instalada.
En cualquier caso, el segmento C&I presenta dinámicas distintas al residencial: es menos volátil y, además, de mayor tamaño. Sin embargo, la penetración en número de instalaciones sigue siendo relativamente baja en comparación con mercados más maduros, lo que apunta a un importante potencial de crecimiento. En contraste, en términos de potencia instalada la penetración en C&I es ya muy elevada, concentrándose gran parte de los MW en grandes consumidores industriales.
Llegados a este punto, conviene tener en cuenta la disponibilidad de un indicador del que se habla poco y es el de la penetración del autoconsumo entre los consumidores. por ejemplo, en países como Australia o algunos estados de EE. UU., más del 10% de los consumidores cuentan con autoconsumo, mientras que en España el nivel de penetración sigue estando por debajo de esta cifra.
Ahora bien, en términos de potencia instalada, la situación es diferente: el autoconsumo ha crecido principalmente en grandes consumidores, lo que eleva la penetración en términos de potencia instalada respecto al número de instalaciones.
A pesar de la reciente ralentización, existen motivos sólidos para confiar en el futuro del autoconsumo en España, empezando por la propia estrategia energética del país. En la actualización de sus objetivos presentada en 2024, el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) fija la meta de alcanzar 19 GW de autoconsumo en 2030, lo que implica añadir alrededor de 10 GW adicionales en los próximos años.
Sin embargo, las proyecciones del sector apuntan a que, en términos acumulados, la potencia instalada apenas se situaría por encima de los 15 GW en 2030. De confirmarse este escenario, la cifra seguiría siendo insuficiente para cumplir plenamente con los objetivos del PNIEC, lo que pone de manifiesto tanto la magnitud del reto como el amplio recorrido que aún tiene el mercado.
Por eso, aunque es un reto ambicioso, el sector debe ser capaz de demostrar que tiene el músculo necesario para crecer a este ritmo. Hay motivos de sobra para mirar al futuro con optimismo, más teniendo en cuenta que los principales argumentos para apostar por el autoconsumo van a seguir ahí, llámense ahorro, estabilidad y visibilidad de costes en el largo plazo, independencia o sostenibilidad. A fin de cuentas, la fotovoltaica es la fuente de energía más barata disponible y el autoconsumo permite evitar costes adicionales como peajes, cargos, pérdidas en la red e impuestos.
Además, tras la reciente aprobación del RDL 7/2026, entre otras medidas, se amplían y mejoran las opciones del autoconsumo compartido. Se amplía la distancia a 5 km y se incluye cualquier planta fotovoltaica o eólica de menos de 5 MW de potencia instalada, independientemente del tipo de ubicación (aplicando igualmente para aquellas situadas en suelo rústico). Esto, que el sector viene demandando desde hace años y que nuestros países vecinos ya tienen en su normativa, será sin duda un importante catalizador del autoconsumo y la generación distribuida.
Por todas estas razones, no es desacertado prever que el mercado de autoconsumo en España aún tiene mucho camino por recorrer. El desafío será superar los obstáculos regulatorios y estructurales, optimizar el aprovechamiento de la red y seguir impulsando soluciones innovadoras como el almacenamiento energético.
Todo lo cual conduce a una conclusión clara: el autoconsumo no ha tocado techo, sino que está en plena transformación. Y si algo ha demostrado este sector en los últimos años, es su capacidad de adaptación y crecimiento.






















































