Los CAEs se consolidan como impulsores de la transición energética y la descarbonización
Desde una perspectiva sectorial, 2025 puede calificarse como un ejercicio claramente alcista, tanto en volumen operativo como en madurez del sistema. Se han sentado las bases regulatorias, técnicas y de mercado para que, a lo largo de 2026, el sistema de CAE entre en una fase de expansión sostenida. La combinación de un marco de obligaciones crecientes, una estructura de verificadores y sujetos delegados cada vez más robusta y un entorno de precios energéticos que sigue incentivando la eficiencia sitúa a los CAE como un vector estratégico de la política energética.
En términos de funcionamiento, estos certificados actúan como mecanismo de cumplimiento complementario a otras medidas de ahorro directo. La normativa vigente permite que las empresas obligadas cubran hasta en torno al 90% de su obligación de eficiencia energética mediante la adquisición de certificados, lo que convierte a este instrumento en la vía preferente para optimizar costes de cumplimiento. Esta importante equivalencia financiera hace que los proyectos de eficiencia energética que generan CAE compitan de forma muy favorable frente a otras opciones, ofreciendo retornos claros y una trazabilidad regulatoria reconocida.
El papel de las ESEs dentro de este esquema es especialmente relevante. Estas empresas se posicionan como integradores técnicos y financieros capaces de identificar oportunidades de ahorro, diseñar soluciones, ejecutar proyectos y estructurar la monetización de los ahorros mediante los CAE. El sistema, además, se ha ido consolidando gracias a la incorporación progresiva de delegados y verificadores, que aportan liquidez, confianza y estandarización a las transacciones. La existencia de estos agentes reduce barreras de entrada y facilita la agregación de proyectos.
Tres pilares para 2026
Se identifican tres pilares fundamentales de cara al nuevo año para respaldar el mercado de CAE. En primer lugar, el incremento de las obligaciones de ahorro derivadas de la transposición de la Directiva de Eficiencia Energética ampliará la demanda estructural de ahorros certificados. En segundo lugar, la consolidación de los procesos de verificación y registro, junto con la curva de aprendizaje de las ESEs, permitirá reducir costes transaccionales y acortar plazos de tramitación. En tercer lugar, la progresiva integración de los CAE en la planificación energética y en los modelos de negocio de las empresas obligadas terminará de normalizar este instrumento como parte del “core” de su estrategia de cumplimiento y sostenibilidad.
La evolución de la Directiva de Eficiencia Energética es otro elemento a tener en cuenta en este contexto. La obligación de realizar auditorías energéticas y de implantar sistemas de gestión de la energía (artículo 11) ampliará de forma significativa el pipeline de proyectos susceptibles de generar CAE. Las auditorías actúan como un inventario estructurado de potenciales medidas de mejora, mientras que los sistemas de gestión (por ejemplo, conforme a ISO 50001) garantizan un marco de mejora continua, seguimiento de indicadores y mantenimiento de los ahorros en el tiempo. En este escenario, las ESEs se convierten en socios tecnológicos naturales para las empresas obligadas, ofreciendo servicios integrales que cubren diagnóstico, diseño, implementación, operación y verificación de ahorros.
El impulso normativo a los servicios energéticos (artículo 29) refuerza adicionalmente el modelo ESE, fomentando contratos de rendimiento energético y esquemas de pago por ahorro. Este tipo de contratos traslada parte del riesgo técnico y de desempeño al proveedor de servicios, lo que exige una medición y verificación rigurosa, perfectamente alineada con la lógica de los CAE.
En el ámbito de los vectores energéticos, los gases renovables, y en particular el biometano, emergen como una línea estratégica complementaria a la eficiencia eléctrica y térmica tradicional. La producción e inyección de biometano en redes gasistas, así como su uso en aplicaciones industriales y de movilidad, contribuyen a la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero y a la sustitución de combustibles fósiles convencionales. Para las ESEs, este entorno configura un espacio adicional de actuación en el que se pueden diseñar proyectos integrales que combinen optimización de consumos, cambio de combustible y certificación de ahorros o reducciones de emisiones. En la práctica, esto supone una evolución desde un enfoque centrado en kWh ahorrados hacia un modelo más amplio de servicios de descarbonización, alineado con objetivos climáticos y planes de transición energética corporativa.
Anese como agente vertebrador del sector
A nivel institucional, 2025 fue un año clave para Anese. La asociación se ha posicionado como interlocutor de referencia en la transición energética, descarbonización y eficiencia, tanto ante la administración pública como ante la industria.
El III Congreso de Descarbonización y Sostenibilidad sirvió como plataforma de consolidación de este rol, al reunir a varios centenares de profesionales, expertos y representantes institucionales para analizar, con una elevada densidad técnica, los retos del sistema de CAE, los nuevos modelos de financiación, la digitalización de la gestión energética y la integración de renovables.
La estrategia de visibilidad de Anese se ha reforzado también a través de su participación activa en las principales ferias sectoriales, con espacios agrupados para empresas asociadas y organizando programas intensivos de ponencias y mesas técnicas. Esta presencia ha permitido difundir buenas prácticas, casos de éxito y soluciones tecnológicas avanzadas en ámbitos como la descarbonización industrial, la gestión eficiente de la energía en edificios y la integración de energías renovables.
En el plano documental y de apoyo al mercado, la elaboración de la ‘Guía Sistema CAEs: Transmisión y monetización del ahorro energético en el sector público‘, elaborada de manera conjunta por la Subdirección General de Eficiencia y Acceso a la Energía del MITERD y Anese, supone un hito técnico y regulatorio. Este documento proporciona a las administraciones un marco claro para entender el funcionamiento del sistema, los procesos de tramitación y las distintas figuras de colaboración con ESEs, reduciendo la incertidumbre y facilitando la estructuración de proyectos de eficiencia en infraestructuras y edificios públicos. Paralelamente, la quinta edición de la ‘Guía de Tecnologías para el Ahorro y la Eficiencia Energética’ consolida un repositorio de soluciones tecnológicas y casos de éxito que actúa como referencia para proyectistas, gestores energéticos y decisores.
El ‘Observatorio de Eficiencia Energética. El mercado de las Empresas de Servicios Energéticos 2025’ aporta, además, una base cuantitativa sólida sobre la evolución económica del sector. Los datos muestran un crecimiento muy significativo de la facturación de las ESEs en el último cuatrienio, lo que confirma que el modelo de servicios energéticos se está consolidando como una opción competitiva y alineada con las políticas de descarbonización. Este crecimiento se apoya tanto en la expansión del parque de proyectos de eficiencia como en la incorporación de nuevas líneas de negocio asociadas a CAE, flexibilidad, renovables y servicios avanzados de gestión energética.
Finalmente, la formalización de alianzas con entidades de referencia como EVO, UNE y APD refuerza el ecosistema desde diferentes ángulos: rigor en la medición y verificación de ahorros, normalización técnica y posicionamiento de la eficiencia y la descarbonización en la agenda de la alta dirección. A ello se suma la participación activa en proyectos nacionales y europeos orientados a la innovación, la economía del dato y la rehabilitación energética inclusiva. Todo este conjunto de actuaciones permite anticipar que, en 2026, el sistema de CAE, las ESEs y Anese seguirán desempeñando un papel central en la configuración de un modelo energético más eficiente, competitivo y bajo en carbono.






































