La inteligencia artificial irrumpe en el viento: del dato al cerebro de los aerogeneradores
Este fue el punto de partida del programa Ondas del Viento, impulsado por la Asociación Empresarial Eólica (AEE) y conducido por Sandra Torrecillas, que reunió a varios expertos para analizar cómo la IA está transformando la operación de los parques eólicos, la relación con los mercados eléctricos, la formación de los profesionales y los retos asociados, desde la ciberseguridad hasta la calidad del dato.
De la mecánica al dato: un cambio de paradigma
“El sector eólico ha pasado de la mecánica pura a la gestión masiva de datos”, apuntó Sandra Torrecillas en la introducción del programa. La cuestión ya no es solo instalar software, sino integrar sensores, sistemas de captación de información y herramientas capaces de interpretar millones de datos para tomar decisiones operativas.
Álvaro Romero, director técnico del Instituto de Ingeniería del Conocimiento (IIC), recordó que el sector lleva años aplicando técnicas que hoy se engloban bajo el paraguas de la IA. “Se ha ido denominando de diferentes maneras: ingeniería del conocimiento, Big Data… dependiendo un poco de las modas de marketing. En cualquier caso, la extracción de valor de los datos siempre ha estado ahí”, explicó.
En sus primeras etapas, estas herramientas se utilizaron sobre todo como apoyo a la operación y a la predicción. “Emitíamos previsiones horarias para acudir a los mercados eléctricos. Hoy hemos pasado a datos cuartohorarios y, sobre todo, a gestionar la incertidumbre y la variabilidad, que cada vez es mayor en el sistema eléctrico”, señaló Romero. En este contexto, la IA se convierte en un aliado no solo para prever cuánta energía se va a generar, sino para posicionarse de forma óptima en mercados cada vez más complejos.
Copilotos digitales para la toma de decisiones
La evolución no se detiene en la previsión. Según Romero, el sector ya habla de “copilotos” que ayudan directamente a la toma de decisiones. “Puedes preguntar en lenguaje natural a una herramienta de IA sobre textos, datos o sistemas que tengas conectados. Al final es una ayuda directa al operador”, afirmó, subrayando cómo estas tecnologías reducen la distancia entre el dato y la acción.
Esta visión conecta con la experiencia de Green Eagle Solutions, empresa especializada en automatización de la operación de activos renovables. Su consejero delegado, Alejandro Cabrera, explicó que la compañía nació en 2012 con una idea clara: para acelerar la transición energética no basta con construir parques rápidamente, también es imprescindible operarlos de forma eficaz y rentable.
“Desde entonces hemos creado herramientas para automatizar la operativa de parques eólicos y otras fuentes renovables”, señaló. Para Cabrera, la automatización se divide en dos grandes vertientes: procesos deterministas, ligados al control en tiempo real, y procesos que requieren interpretación avanzada de datos. “Hemos puesto mucho foco en la parte determinista, porque es donde se consigue impacto de forma más eficaz”, explicó.
Hoy, las soluciones de Green Eagle están conectadas a unos 60 GW en más de 15 países y ayudan a grandes utilities y productores independientes a maximizar el valor de sus activos mediante la automatización de la operación.
La inteligencia artificial y el desarrollo de los parques
Más allá de la operación diaria, la IA también juega un papel relevante en el desarrollo y la planificación de los parques eólicos. Juan de Dios López, director técnico de la Asociación Empresarial Eólica, quiso matizar el concepto: “Cuando hablamos de inteligencia artificial hablamos de muchas cosas distintas, no de una única IA. Cada forma permite manejar información, aprender y evolucionar”.
Desde su punto de vista, la clave está en cómo se entrenan estas herramientas y cómo se adaptan a los objetivos concretos de cada proyecto. “La IA puede ayudar en la predicción y en el desarrollo, pero hay que enseñarle qué resultados buscamos y cómo queremos operar”, señaló.
El gran reto previo: captar y ordenar los datos
Antes de aplicar algoritmos avanzados, existe un desafío básico: recopilar los datos. “Aunque hablamos mucho de cómo explotarlos, sigue siendo un reto el mero hecho de captarlos”, reconoció Cabrera. Conectar todos los sistemas instalados en planta no es trivial y constituye el primer paso de la digitalización.
En un parque eólico confluyen datos de múltiples fuentes: sensores eléctricos, sensores meteorológicos, información de subestaciones, analizadores de red y otros muchos dispositivos. A ello se suman los datos de mercado que afectan a la planta y que, en muchos casos, tampoco están integrados. “Cada uno aporta una información diferente de la misma planta”, explicó el directivo.
Romero coincidió plenamente: “¿Cómo vamos a hacer una buena previsión meteorológica si no captamos bien los datos? ¿O una buena gestión de la energía si no llegan a tiempo o con calidad los datos de generación y de mercado?”. Recordó además un principio básico del machine learning: garbage in, garbage out. “Si metemos basura en los modelos, lo que obtenemos es más basura”, advirtió, subrayando la importancia crítica de la calidad del dato.
La Inteligencia Artificial como acelerador de la transición energética
El debate enlazó con una de las grandes preguntas planteadas en Davos: ¿está la inteligencia artificial acelerando realmente la transición energética? Para Juan de Dios López, la respuesta es clara. “La IA permite procesar grandes volúmenes de datos, convertirlos en información y operar de forma consistente. La transición energética implica una adopción masiva de renovables y un sistema eléctrico mucho más complejo”, afirmó.
Las plantas eólicas, que a simple vista pueden parecer sencillas, esconden una enorme cantidad de variables. “Estamos hablando de sistemas dentro de sistemas dentro de sistemas. Cada nivel multiplica la información y la interacción”, explicó. En ese entorno, los algoritmos y la capacidad de proceso resultan esenciales para operar de forma eficiente y estable.
Alejandro Cabrera se mostró totalmente de acuerdo. Desde su experiencia, la IA permite identificar problemas en tiempo real y actuar automáticamente. Además, facilita un acceso mucho más ágil a la información. “Ya no tienes que decidir cómo estructurar los datos ni depender de informes o dashboards cerrados”, explicó. El operador puede preguntar directamente qué impacto ha tenido la avifauna, los curtailments o la combinación de varios factores, adaptando el análisis a necesidades que cambian de un día para otro.
Romero añadió una visión más amplia, citando el informe sobre la Twin Transition elaborado junto a empresas como Repsol, Naturgy o Red Eléctrica. “La transformación energética no será posible sin la transformación digital, y la IA tendrá un papel muy relevante”, afirmó. Eso sí, advirtió: “La transformación digital por sí sola tampoco es una transformación energética. Europa debe apostar por ambas a la vez”.
Álvaro Romero: “La transformación digital por sí sola tampoco es una transformación energética. Europa debe apostar por ambas a la vez”
¿Reducción de costes o creación de valor?
Uno de los argumentos habituales a favor de la digitalización es la reducción de costes operativos. Se citan a menudo cifras de entre el 20% y el 25% de ahorro. Sin embargo, desde el sector se llama a la prudencia. “Cada parque es un mundo”, señaló Juan de Dios López. La eficiencia depende del momento del mercado, de los requisitos del operador del sistema y del propio cuidado de las máquinas.
Una operación más inteligente permite captar mejores oportunidades en el mercado, reducir el desgaste de los equipos y, con ello, los costes de mantenimiento. “El impacto es positivo, pero poner cifras concretas depende mucho de cada caso”, matizó.
Cabrera fue aún más crítico con este enfoque. “Soy bastante escéptico con este tipo de cifras. Durante muchos años hemos puesto demasiado foco en la reducción de OPEX y eso tiene un límite”, afirmó. En su opinión, la clave está en operar mejor para hacer las plantas más rentables: producir más, producir cuando tiene sentido y, en ocasiones, parar la planta si eso genera un beneficio en el mercado.
En este contexto, destacó la creciente participación de la eólica en los mercados de ajuste y balance. En España, unos 24 GW utilizan ya su software para la ejecución y participación en estos mercados. “A medida que crece la renovable, es más necesaria esta flexibilidad y la conexión entre el mundo técnico y el mercado”, subrayó.
Formación y nuevos perfiles profesionales
La irrupción de la IA plantea también un reto mayúsculo en términos de formación. Romero fue claro: “Incluso a los que estamos en la cresta de la ola nos cuesta seguir el ritmo de los cambios. Quien no esté preparado, la ola se lo va a llevar por delante”.
No se trata, según explicó, de que todos sean expertos, pero sí de contar con unas nociones básicas que permitan colaborar con especialistas. “Estas bases deberían estar en los planes de estudio”, defendió.
Desde la perspectiva empresarial, Cabrera reconoció que hay una carencia evidente de perfiles preparados. “Si quisiéramos contratar ahora expertos en determinadas herramientas, existen muy pocos”, afirmó. Sin embargo, también destacó el lado positivo: la democratización de la tecnología. “La curva de aprendizaje es ahora extremadamente baja”, explicó, poniendo como ejemplo a personas sin formación técnica previa que ya se están formando en automatización e IA.
Para el directivo, esta accesibilidad abre la puerta a nuevos perfiles profesionales. “Estoy convencido de que se van a generar nuevos perfiles en torno a la inteligencia artificial”, aseguró
Ciberseguridad: un reto crítico
Junto a las oportunidades que abre la inteligencia artificial, emergen también riesgos que el sector no puede ignorar. Uno de los más relevantes es la ciberseguridad de las instalaciones eólicas, cada vez más digitalizadas y conectadas. Juan de Dios López recordó que la generación renovable forma parte ya de la autonomía estratégica de los países y, por tanto, de la seguridad energética. “La propia OTAN reconoce la seguridad energética como parte de la seguridad nacional”, señaló.
Desde esta perspectiva, una instalación eólica no es solo un activo industrial, sino una infraestructura crítica. “Es importante que esté funcionando de forma continua, estable, robusta y predecible, en línea con lo que necesita el sistema”, explicó López. La creciente digitalización implica que se transmiten cada vez más datos y que de ellos se puede extraer una cantidad creciente de información sensible, lo que incrementa la superficie de exposición a posibles ataques.
En este contexto, la protección de los datos y de los sistemas de control adquiere una relevancia creciente. López subrayó que la regulación europea avanza en esta dirección, aunque reconoció que el ritmo de implantación puede resultar insuficiente frente a la velocidad a la que evolucionan las tecnologías digitales. “Es cada vez más importante que esos datos estén seguros y, a ese nivel, la regulación va avanzando”, afirmó.
Alejandro Cabrera coincidió en que la ciberseguridad es uno de los grandes retos del sector, pero puso el acento especialmente en la protección de los sistemas de control. “Para mí la ciberseguridad es clave, sobre todo no tanto en la seguridad de los datos, que también, sino en la seguridad del control”, destacó.
Más allá del cumplimiento normativo, Cabrera lanzó una reflexión sobre el futuro de la operación de los parques eólicos. A su juicio, en un horizonte de cinco años —o incluso menos— las herramientas de monitorización actuales quedarán obsoletas. “El acceso a los datos y la forma de acceder a ellos va a ser totalmente diferente. No va a depender ni de dashboards ni de informes”, aseguró. En ese escenario, cualquier centro de control que no incorpore un alto grado de automatización se verá claramente penalizado. “Va a ser como conducir sin GPS: es posible, pero nadie va a querer hacerlo”, concluyó.











































