¿Dejaremos atrás el peor lustro para la competitividad industrial?
Pedro González, director general de AEGE
13/01/2026
Abandonamos un lustro con los precios más elevados que se han observado en las últimas décadas en los mercados eléctricos, y esto se ha traducido en una reducción en el consumo eléctrico industrial. La exposición a los altos precios eléctricos, muy acentuada en Europa como consecuencia de la guerra de Ucrania, tuvo fuertes implicaciones en la actividad industrial que, en media, se va recuperando lentamente, aunque todavía muy alejada de la actividad de la década pasada. Esperemos que el proceso de recuperación no se vea truncado y que los sectores más expuestos se unan a la recuperación.
En nuestro país, el 2025 fue un año con precios más caros en los mercados eléctricos. A la ligera subida en el mercado mayorista se unió el notable incremento en los costes de los servicios de ajuste, más pronunciados tras el apagón del mes de abril. El resultado ha sido un aumento generalizado en los precios de adquisición de la energía. Por su parte, la parte regulada de la factura eléctrica también se vio incrementada ante la imposibilidad de aplicar, durante todo el año, el descuento del 80% en los peajes del que se venían beneficiando los electrointensivos desde 2022. Es decir, hablamos de un año en el que la factura eléctrica se encareció para los consumidores.
Quizás lo más llamativo es que pese a la entrada masiva de renovables, en unos 7 GW de nueva capacidad, la producción renovable ha caído, impidiendo a los consumidores beneficiarse de su impacto a la baja en la formación del precio del mercado y limitando el acceso a estas tecnologías. Esto explica la subida en el precio, junto con la alta volatilidad observada en los mercados del gas natural y de los derechos de emisiones, que continúan teniendo una influencia significativa en los precios del mercado a pesar de que 3 de cada 4 megavatios generados están libres de emisiones.
La "operación reforzada" encarece los sobrecostes por los servicios de ajuste que alcanzan ya los 17 €/MWh en media anual
Sin duda alguna, la "operación reforzada" que se aplica tras el apagón de abril influye en ello. Se está cambiando producción renovable por producción térmica para asegurar el suministro lo que, unido a las congestiones de red, provoca este cambio inesperado. El resultado ha sido un encarecimiento de los sobrecostes por los servicios de ajuste que alcanzan ya los 17 €/MWh en media anual, un 26% más con respecto al precio de mercado que hace que el coste de adquisición de la energía se sitúe por encima del observado en 2024.
No obstante, cabe destacar que, a pesar de este comportamiento al alza en los precios, la situación para los electrointensivos que están expuestos a la fuga de carbono ha mejorado con respecto al 2024. Esto es debido al aumento de las compensaciones por CO2 indirecto al que tienen derecho estas industrias, amparado en la normativa europea, y que pretende mitigar el impacto negativo que tienen los costes de los derechos de emisión en el precio eléctrico frente a otras industrias que no están localizadas en la UE. La dotación presupuestaria se dobló hasta los 600 millones permitiendo que, aunque las cantidades que podrían haberse compensado rondaban los 900 millones, la factura final mejorase con respecto a la del año anterior. Supone, por tanto, una medida de gran calado para la industria.
En definitiva, el 2025 propició una rebaja en la factura eléctrica para muchas industrias electrointensivas, no todas, aunque los diferenciales con los países más industrializados de nuestro entorno permanecen en niveles similares a los de los últimos años. Países como Francia o Alemania reducen la fiscalidad al mínimo posible a sus industrias y aplican las compensaciones permitidas con la máxima intensidad posible. Esto hace que, a pesar de que por ejemplo Alemania cuenta con precios más altos de mercado, la factura final que pagan los electrointensivos sea más competitiva que la de las industrias españolas.
Este tipo de políticas se observa cada vez más en numerosos países. El informe Draghi puso de manifiesto la debilidad de la industria europea, en gran parte por sus costes energéticos, provocando un desplazamiento de la actividad industrial en favor de otras regiones menos expuestas a estos altos costes, lo que está propiciando un giro tanto en la política europea como en la de algunos países interesados en preservar la actividad industrial por el importante efecto socioeconómico que conlleva y por la autonomía estratégica que confiere la industria.
Compensaciones por el impacto del precio del CO2, medida clave para la recuperación industrial
Por todo ello, encaramos 2026 con nuevas incertidumbres, pero con varias expectativas positivas. Como incertidumbres, en nuestro caso, todavía desconocemos cual será la intensidad de las compensaciones por el impacto del precio del CO2 en el mercado eléctrico. Esta medida puede hacer que la factura final nos acerque o nos aleje a las industrias de otros países en términos de competitividad por su importante impacto. Si se quiere consolidar la recuperación industrial esta medida es clave, no sólo mejora la capacidad de respuesta de nuestra industria, sino que además incentiva la electrificación de los procesos industriales, permitiendo así avanzar hacia la descarbonización.
La segunda gran incertidumbre es saber qué va a pasar con los sobrecostes de los servicios de ajuste del sistema. La "operación reforzada" supone un aumento en el coste, pero se desconoce hasta cuándo va a seguir aplicándose. Por ello, consideramos esencial que la parte relativa a las restricciones técnicas pase a los peajes. Esto daría previsibilidad a este coste, hasta ahora difícilmente gestionable, y alinearía nuestra metodología tarifaria con la del resto de países europeos. No tiene mucho sentido penalizar a la industria, que aporta estabilidad y previsibilidad al consumo.
A pesar del comportamiento al alza en los precios, la situación para los electrointensivos que están expuestos a la fuga de carbono ha mejorado con respecto al 2024, debido al aumento de las compensaciones por CO2 indirecto al que tienen derecho estas industrias.
En el lado de las cosas positivas, es destacable la esperada reducción en el precio del mercado, que se anuncia en un 15% siguiendo las señales de los precios futuros. A este importante impacto le siguen dos de especial interés para los electrointensivos. Por un lado, la apuesta por el Servicio de Respuesta Activa de la Demanda, que pone en valor la contribución de la industria a la gestión del sistema con un producto específico que otorga a la demanda un papel más activo. Y, por otro, la propuesta de considerar las contribuciones al Fondo Nacional de Eficiencia Energética como coste subvencionable dentro del Estatuto del Consumidor Electrointensivo, un elemento de coste que generalmente las industrias electrointensivas europeas no pagan, lo que nos permitiría reducir nuestra brecha.
Por tanto, estamos hablando de un año que puede impulsar a la industria en su apuesta por la recuperación perdida de la actividad a partir de una factura eléctrica más competitiva o, por el contrario, puede hacer que esta competitividad empeore con respecto a nuestro entorno.
España no puede quedarse atrás en este impulso que se pretende dar a la industria. Europa parece despertar y apostar por la recuperación industrial como fuente estratégica para la economía y el empleo, pero esto debe traducirse en medidas que aporten estabilidad y muestren una senda clara de mejora en la competitividad. Si lo hacemos, estaremos en el camino correcto para dejar atrás el peor lustro registrado para la actividad industrial.
"Abandonamos un lustro con los precios más elevados que se han observado en las últimas décadas en los mercados eléctricos, y esto se ha traducido en una reducción en el consumo eléctrico industrial"




























